americanos
«That crazy feeling in America when the sun is hot on the streets and music comes out of the jukebox or from a nearby funeral, that's what Robert Frank has captured in the tremendous photographs taken as he traveled on the road around practically forty-eig ht states in an old used car (on Guggenhiem Fellowship) and with the agility, mystery, genuis, sadness, and strange secrecy of a shadow photographed scenes that have never been seen before on film.»
Jack Kerouac, prólogo para "The Americans"
Tarde, pero por fin la edición en español del clásico libro de fotografías de Robert Frank, "The Americans". Fotogramas de una road-movie en blanco y negro, de la trastienda de los felices cincuenta americanos. Una fotografía dura, de contrastes y sin censura, pese a ser un trabajo comisionado. En definitiva, un trabajo adelantado a su tiempo, de uno de los más grandes fotógrafos del siglo XX.

Libro imprescindible, con un único pero: Cuesta el doble que la edición original americana. Incluso en Japón cuesta la mitad comprar la edición original de importación.
| Comentarios (0) | TrackBacks (0) |magnum
Es de alabar la autocrítica de los fotógrafos de Magnum, y su demostrada objetividad que va más allá de la cámara. En el documental sobre esta famosa agencia, se desvelan algunas de sus interioridades, formas de trabajo de algunos de sus fotógrafos más representativos, y la sensación de encontrarse ante un narco a la deriva, y que sin embargo se mantiene, como reflexionan algunos de sus miembros más antiguos.

La agencia Magnum sigue siendo una agencia atípica. El sueño de muchos fotógrafos, y sin embargo, como dice uno de sus más jóvenes miembros, una vez dentro todos quieren salir: síndrome Magnum. Y visto el documental se obtiene la misma certeza. Magnum es un dinosaurio, una agencia que vive del pasado, de la reedición de libros y exposiciones de sus fotógrafos más representativos -Capa y Cartier-Bresson principalmente-, y que pese a la libertad de sus fotográfos, es incapaz de ofrecer la rapidez con la que otras agencias fotográficas cubren acontecimientos, ni esa otra mirada alternativa que debería de presuponerseles. Se habla en el documental de lo digital, de renovación, sin ser conscientes que precisamente su valor más importante es el de ser un selecto club de artesanos de la fotografía, con el valor suficiente de seguir utilizando viejas Leicas u otras cámaras de medio formato ya olvidadas en otra agencia. Si algún día olvidan esa libertad y ese gusto por lo antiguo, sus fotos perderán fuerza y originalidad, siendo como las que cada año se repiten en el World Press Photo.
| Comentarios (0) | TrackBacks (0) |ruinas
Últimamente hay cierta fascinación en Japón por las fábricas (工場萌え), conglomerados industriales, edificios abandonados y ruinas industriales en general. Aunque en círculos más reducidos, la fascinación siempre ha estado presente alimentada por los numerosos libros de fotografías dedicados a la isla de Gunkajima, una pequeña isla que llegó a tener el récord mundial de densidad de población hasta que la crisis del petróleo obligó a cerrar el yacimiento de carbón y a desalojar a todos sus habitantes. La isla permane abandonada como un barco a la deriva, y sólo las numerosas fotografías nos muestran una isla de edificios abandonados súbitamente, en donde todavía es posible trazar rastros de vida de una época pasada.
Confieso que comparto la fascinación por edificios abandonados y fábricas, razón por la que el trabajo de Naoya Hatakeyama me llamó la atención en un primer momento, o por la que tanto he hablado de los apartamentos Dojunkai. Disfruto perdiéndome entre las ruinas de edificios con la cámara al hombro, y desde hace tiempo sigo los pasos de otros buscadores de ruinas como 廃墟ディスカバリー o 廃墟デフレスパイラル. Y desde hace unos meses una revista por fin se hace eco de lo que hasta ahora era una afición marginal: ワンダーJAPAN (Maravilloso Japón).

La revista no es una revista de fotografía al uso, lo que se nota en la pobre calidad de muchas de sus imágenes. Los editores parecen haber querido reflejar el estilo de sus potenciales lectores / exploradores, que compartían en foros y páginas de internet fotografías de nuevos edificios descubiertos, como una forma de documentar sin ánimo artístico los nuevos emplazamientos. El aspecto por tanto un poco cutre de las fotografías hace que esos lugares abandonados pierdan mucho de su encanto, aunque por otro lado crea cierto estilo kitsch cuando se trata de reflejar monumentos absurdos de dimensiones colosales, o casas horteras de extravagantes artistas.

Pero la revista es sobretodo una particular guía de viajes con información de nuevas ruinas, y testigo del paso del tiempo en cuyas páginas edificios históricos con fecha de demolición, reciben un homenaje de aquellos que con paso lento recorren sus entrañas con el respeto de hayarse en un lugar sacrosanto cargado de historia y recuerdos.
En la isla de Shikoku, prefectura de Kochi, en lo alto del cabo Muroto descubrí y visité una de estas ruinas. Lo que otrora fuera un hotel de moderna arquitectura, hoy día es un armazón de hormigón en donde se acumulan objetos abandonados y muebles agonizantes. Una torre con unas imponentes vistas olvidada por el tiempo...
Canon AE-1 Program. Film Fuji Fortia. Objetivo 35-70mm| Comentarios (0) | TrackBacks (0) |
PhotoGraphica
Si "Commercial Photo" es la biblia para todos aquellos fotógrafos japoneses dedicados al lado más comercial e industrial de esta disciplina artística, la revista PhotoGraphica recoge la faceta más artística de unos fotógrafos dedicados a aquello que se ha dado por llamar "fine art". En las páginas de esta excelente revista tienen cabida desde galerías de clásicos de la fotografia revisitados una vez más, a fotógrafos que empiezan a dar sus primeros pasos. La revista se complementa con interesantes tutoriales de todo tipo, datos sobre lentes y cámaras, e interesantes comparaciones entre los diferentes puntos de vista y de trabajo de varios fotógrafos sobre un tema en concreto.

Sin embargo, lo que hace al último número un imprescindible, no es el que sea un monográfico sobre la difícil disciplina del retrato, sino el que incluye una pequeña guía con los 55 nuevos fotógrafos japoneses más prometedores del momento. Aparte de unos breves datos biográficos de cada uno, se incluyen algunas de sus fotografías más representativas, aunque el dato que más se agradece es el referente a su técnica habitual de trabajo. Y afortunadamente, todavía son pocos los que se han pasado al digital, y muchos los que han hecho del 6x7 su formato favorito.
| Comentarios (0) | TrackBacks (0) |memoria
"El cine es el género de nuestros sueños, y la fotografía el registro de nuestra memoria"
Sometidos al esfuerzo de la memoria, las imágenes de nuestra vida se nos presentan como fotografías borrosas, inconexas unas de otras, en donde sólo aquellas que más nos impresionaron aparecen más nítidas que otras. Si nos adentramos en la frágil memoria de nuestra niñez, descubriremos que nuestras imágenes-recuerdos aparecen mezcladas con las de fotografías que vimos algún día a propósito de nuestra infancia. Las fotografías se convierten por tanto en instrumentos de nuestra memoria, parte imprescindible de nuestro pasado que de vez en cuando conviene revisar. Al igual que nos sometemos al pinchazo del recordatorio de las vacunas, ver los viejos libros de fotos familiares nos permite refrescar nuestro pasado y contemplarlo de nuevo claramente a través de la borrosa nebulosa del olvido.
La fotografía se convierte por tanto en un instante robado a nuestro pasado. Un inequívoco recuerdo que incluso datará nuestra inmortalidad a las futuras generaciones, pero que por encima de todo, nos permitirá recordar... Incluso los momentos más felices, su recuerdo será un ejercicio doloroso conforme pase el tiempo, acrecentado por la cegadora nitidez de una fotografía que revelará el inevitable envejecimiento, y que nos mostrará una realidad que sin el filtro tamizador de nuestra memoria aparecera áspera, dura, irreal...
De nosotros depende guardar el archivo fotográfico de nuestros recuerdos, o desmemoriados, asistir a las desvirtuadas proyecciones de nuestros recuerdos en forma de sueños. Cortometrajes anticipadores de ese largo que veremos en el momento de nuestra muerte...
| Comentarios (1) | TrackBacks (0) |miniatur wunderland
La locura por las lentes TS (Tilt Shift) se ha desatado recientemente. Gracias a este tipo de lentes, se puede conseguir ese curioso efecto de conseguir fotografías panorámicas que parecen pequeñas postales de una ciudad de juguete. El efecto no es en absoluto nuevo, y con una cámara de gran formato se puede obtener fácilmente y sin necesidad de ningún accesorio extra.
La primera vez que ví ese curioso efecto fue en unas fotografías en blanco y negro de David Burnett seleccionadas para el World Press Photo del año pasado. Aunque Burnett logró el efecto con una cámara de gran formato, la existencia de unos objetivos especiales para 35mm puso al alcance la técnica para la mayoría de fotógrafos. Canon fue la primera compañía en intuir el potencial de este tipo de lentes, y lanzó el primer objetivo de estas caracterísiticas para su sistema de lentes FD en 1973. Enfocado principalmente a fotógrafos de arquitectura, parece que han tenido que pasar 30 años para descubrir nuevos potenciales propios de una toy-camera, ponerse de moda, y que sus precios en el mercado de segunda mano suban más si cabe. Desde las fotos de Burnett, numerosos fotógrafos se han apuntado a la tendencia, y han sido muchas las revistas en mostrar esas "originales" fotografías que no dejan de ser copias reiterativas de una misma idea.
Para aquellos amateurs de los digital, descubro que el efecto ya se puede conseguir en Photoshop. Lo vi primero en un artículo de pingmag con fotos de Tokio, y acabé en un tutorial que explica paso a paso como conseguir este curioso efecto.

Ni Photoshop ni lentes TS. Fotografía de "Miniatur wunderland", una enorme maqueta a escale de una ciudad en Hamburgo. Sam Javanrouh.
写真山脈
Es imposible estar al tanto de todos los free paper que se publican en Tokio. Un paseo por alguna zona de galerias de arte, como Harajuku o Nakameguro, siginifica volver a casa cargado de multitud de pequeñas revistas por lo general no más grandes que una cuartilla. El tema de estas pequeñas publicaciones autogestionadas varía desde la temática naif, a recorridos urbanos o muestras de graffitis. En su mayoría, estas gratuitas y pequeñas revistas no pasarán de su primer número, aunque otras con más suerte y más recursos, conseguirán tener una tirada más o menos estable, que durará lo que tarde alguno de los promotores en encontrar un trabajo estable.
Resulta interesante cuanto menos ver los trabajos de esos jóvenes fotógrafos japoneses que luchan por mostrar sus trabajos a pesar de perder dinero, en una sociedad tan mercantilizada como la japonesa. El último free paper que llamó mi atención (por el tamaño, sin duda) lo encontré en el Tsutaya-Starbucks de Roppongi Hills. Bajo el el nombre de Shashin Sanmyaku, el volumen 1 de este colectivo trató sobre el siempre seguro y popular tema de Akihabara. Siete fotógrafos rondando los 25 años ofrecen su particular versión y mirada sobre tan popular barrio. Aunque los temas giran en torno a los tópicos de siempre y los estilos no son originales, es loable el esfuerzo de editar una revista de fotografía gratuita tamaño A4, de unas 50 páginas de papel de calidad y sin publicidad. Un esfuerzo económico, que aunque quizás no pueda volverse a repetir, sería interesante que tuviese continuidad y que en cada número hiciesen un reportaje fotográfico de otros barrios de Tokio.
Galería

Aono Chihiro

Dodo Arata

Hirose Tatsuo

Matsui Satomi

Oguri Hiroki

Oka Yusuke

Ooki Kenichi
darkroom
«Humedad y oscuridad son elementos muy importantes de la fotografía, que debemos preservarlos para que lo digital no acaben con ellos»
Araki Nobuyoshi
Vivimos en una sociedad acostumbrada a la inmediatez. De las comunicaciones, de las relaciones, de los intercambios. .. lo queremos todo YA, e incluso la paciencia de leer se reduce a la velocidad con la que bajamos el scroll de nuestro navegador. Ahora que es posible tomar una fotografía desde un teléfono móvil y recibirla en segundos en la otra punta del planeta, hablar sobre el tiempo que lleva la preparación de una fotografía es algo impensable para mucha gente. Los programas de procesamiento de imágenes tipo Aperture o el futuro lightroom, además de quitar ese misticismo de alquemista al tradicional revelado químico, quitan esa imprevisibilidad capaz de sorprendernos y tan necesaria en la composición final de la fotografía, por cuanto somos incapaces de decidir cuales son los colores "reales" a traves de tanto filtrado tecnológico.
Cuando revelamos en nuestro cuarto oscuro, en unos minutos obtenemos la copia final en todo su esplendor, lo que nos permitirá de manera inmediata corregir tiempos de exposición o elegir el toner que mejor va a nuestra composición. Sin embargo, la inmediatez de la fotografía digital a la hora de obtener una copia final en papel es engañosa. Pese a hacer caso a los fabricantes invirtiendo horas en el calibrado del monitor, la experiencia en la visualización de la fotografía varía de forma infinita. Cada usuario usa una calibración diferente, por lo que la misma fotografía nunca se verá igual en dos ordenadores, haciendo casi inservible el tiempo empleado por el fotográfo digital en la cuidadosa preparación de la imagen. Otro tanto sucede con la impresión. Pese a usar la última tecnología en impresión y papel de impresión, la copia final en papel diferirá de la fotografía que tenemos en pantalla, lo que nos llevará de nuevo a un tedioso método de ensayo y error, que en el caso de la fotografía en blanco y negro incluso terminará por encarecer el proceso.
En el número de Febrero de la revista "Black & White Photography", Mike Crawford propone un interesante ejercicio. Revelar en papel un negativo de la forma tradicional según sus preferencias y gustos estéticos, para después escanearlo e intentar reproducir los mismos gustos a través del famoso programa de edición de imágenes Photoshop. En al artículo, Crawford describe punto por punto todos los pasos del revelado y de la edición digital, para al final ofrecernos una comparación de resultados para tres fotografías diferentes. Pese a obtener buenos resultados en todos ellos, las fotografías obtenidas por el revelado tradicional tienen una riqueza de texturas y unas gradaciones de grises, imposibles de observar en las planas composiciones obtenidas por el ordenador. Y es que es en esa explosividad violenta que acontece en las reacciones químicas de nuestro cuarto oscuro, en donde el color se manifiesta como algo doloroso que ha sido "grabado" a fuego durante la fracción de exposición del negativo. Un momento que en ese otro cuarto oscuro diferente al de la cámara, intentaremos reproducir o reinterpretar con la paciencia del forense que examina las causas de la muerte de la reacción química del negativo.
Siguiendo el ejemplo del artículo de Crawford, pero sin entrar en su nivel de complejidad técnica, decidí hacer la misma prueba con uno de mis negativos. Dos versiones para una misma foto, en la que hay diferencias observables...
FOTO: Shinjuku go-chome, Tokio. 2006. Canon T-90. Film Kodak Professional T-MAX 100. Objetivo 28mm. Revelado con Microfine.

Adobe Photoshop CS
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fotografía social
«Para mí, la fotografía es la percepción simultánea, en una fracción de segundo, de la significancia de un hecho y de la precisa organización de las formas que confieren a ese hecho su propia expresión»
Henri Cartier-Bresson - "El momento decisivo"
Hace tiempo existía la creencia generalizada de que el fotógrafo que publicaba en revistas y periódicos actuaba de testigo ocular para alertar a la sociedad de los problemas graves. A pesar de la negación o indiferencia gubernamental, en países con una relativa libertad de prensa las pruebas de la cámara (se cree que instintivamente conflictivas) podían convertirse en una llamada de atención para provocar la reacción de un lector activista: Hay que hacer algo.
Y algo (aunque no mucho) se hacía a menudo. Se estaba a favor y en contra de guerras, se recogía dinero para ayudar a construir hospitales y orfanatos, la gente se manifestaba en pos de los derechos de los demás y de los suyos propios, los gobiernos actuaban o fallaban, y a veces se aprobaban nuevas leyes. Había rectángulos bidimensionales que se grababan como recordatorio para contribuir a proporcionar el impulso crítico hacia el cambio. El documento fotográfico, aunque no siempre irrefutable, es difícil de negar.Estoy seguro de haber acertado al elegir esta profesión, escribió el fotógrafo documental Lewis Hine hace casi un siglo, en 1910. Mis fotos de niños trabajando han hecho que las autoridades se pongan manos a la obra para ver 'si esto está sucediendo realmente'. La revelación de Hine estimuló a las legislaturas para aprobar leyes contra el trabajo infantil. Las fotografías de W. Eugene Smith que aparecieron en 1951 en la revista Life mostrando a Maude Callen, una entregada enfermera y comadrona afroamericana sirviendo a una comunidad rural pobre, llevó a los lectores a donar tanto dinero que se construyó un hospital del que dijo: a mí me parece el edificio del Empire State. Multitud de fotografías denunciando la guerra de Vietnam rebatieron de forma eficaz las afirmaciones del gobierno norteamericano sobre la naturaleza y el desarrollo de la guerra. Y, en los últimos años, los fotógrafos, de común acuerdo con las ONGs, han proporcionado imágenes cruciales de personas sufriendo hambre y enfermedades que han contribuido al desarrollo de los propósitos humanitarios de estos grupos tanto a nivel moral como financiero.

Lewis W. Hine - "Child labor in America 1908-1912"
Cuando estas y otras fotografías aparecieron y se convirtieron en los símbolos que modelarían el panorama moral de los individuos, al mismo tiempo que definirían las prioridades de la sociedad, la fotografía se volvió un medio extraordinariamente atractivo para aquellos interesados en los problemas sociales. Cada vez más jóvenes decidieron dedicarse a la fotografía, esperando aportar el testimonio visual que podría contribuir a mejorar la sociedad. Paradójicamente, mientras sus fotografías empezaron gradualmente a perder peso político en sociedades que sufrían un exceso de imágenes y una creciente confusión en cuanto a las prioridades sociales, muchos de estos fotógrafos fueron entonces arrancados de los pies de foto para convertirse en héroes.
Aunque el estilo y la intensidad de las fotografías se quedaron igual en su mayor parte, la reacción de los individuos ante las imágenes cambió. Algunos, como el autor William Shawcross, llamaron a esta disminución de respuesta fatiga de la compasión, es decir, la insensibilidad que resulta de ver demasiadas fotografías perturbadoras publicadas sin ningún tipo de criba. Al empezar a aparecer una cacofonía de imágenes singulares y conmovedoras, se ahogaron las fotografías menos sensacionalistas que intentaban explorar, explicar, aportar un contexto. En la creciente competencia para lograr lectores, las imágenes dignas del trofeo resultaron ser aquellas que embellecían lo exótico y maquillaban lo intolerable, volviendo el dolor gráfico e impenetrable. En cambio, aquellas que instigaban nuevos pensamientos que podrían ayudar en la búsqueda de una solución parcial fueron a menudo dejadas de lado.
Las mismas publicaciones fueron remodeladas para dar respuesta no a lo que el lector, según la opinión de los editores, debería saber, sino a lo que los editores creían que los lectores querían saber. La posible influencia política del lector/ciudadano se diluyó y fue casi ignorada para así concentrarse en instigar y satisfacer las obsesiones personales, el interés propio percibido, del examinador/consumidor. Sin duda, esto es lo que los publicistas, y a veces también los lectores, prefieren. Los políticos fueron degradados a otra mera necesidad de los consumidores, compitiendo tanto a nivel de apariencia como de funcionalidad casi del mismo modo en que sucede con cualquier otro bien de consumo, desde coches hasta tostadoras.

W. Eugene Smith - "Nurse Midwife Delivering Baby, 1951"
El fotógrafo profesional, en vez de poder producir trabajos complejos combinando imagen y texto para explorar campos desconocidos, fue reducido en gran parte a un secretario glorificado de documentación, pagado para describir adecuadamente los acontecimientos a los que famosos y poderosos fuesen invitados. Por el contrario, eran los amateurs los que a menudo realizaban las fotografías más importantes, en parte también porque nadie lo suficientemente listo como para estar al mando dejaría que profesionales vagaran sin protección (véanse las guerras del Golfo Pérsico I y II). La aparición de cámaras digitales y móviles con cámara a precios asequibles también ha permitido que los no profesionales realicen y distribuyan rápidamente las imágenes de cualquier caos que se cruce en sus caminos (véase las bombas de Londres, por ejemplo) o que creen de forma cruel incluso más caos (véase Abu Ghraib).
Dada la infinita sucesión de imágenes publicadas indiscriminadamente tanto por profesionales como por amateurs, los acontecimientos del mundo contemporáneo pierden su singularidad y se sumergen en el caos de la exageración. Existen las víctimas genéricas, los líderes genéricos, los famosos genéricos. El mundo se convierte en una parodia espantosa e incoherente, en un simulacro casi insignificante. De forma simultánea, la cámara se vuelve virtualmente omnipresente, por las calles, en los bancos, restaurantes y taxis, mientas nosotros, a quienes una vez pertenecieron las cámaras, nos convertimos en sus objetivos bajo una vigilancia continuada y agresiva en busca de criminales y terroristas.
Los gobiernos son cada vez más listos al disputar y crear un significado fotográfico, y los poderosos, desde políticos hasta estrellas de cine, son extraordinariamente hábiles a la hora de controlar su propia representación en acontecimientos organizados por los medios de comunicación. Incluso muchas ONGs y otras organizaciones humanitarias, al igual que importantes empresas, han diseñado hace poco estrategias para utilizar fotografías para convertir sus identidades en marcas. Como consecuencia, el fotógrafo documental se encuentra inmediatamente bajo la sospecha de ser un posible colaborador, un manipulador de la imagen, acusado de marcar la pobreza para hacerla más amena ante el lector del mismo modo en que una empresa marcará estratégicamente su cerveza light como un afrodisíaco destinado a los jóvenes para aumentar las ventas.
Es en este momento, sin embargo, cuando vale la pena recordar la frase pronunciada por Marshall McLuhan en los sesenta, el medio es el mensaje. El mensaje de la fotografía ha evolucionado hasta convertirse en un mensaje adquisicional, consumista: si se puede fotografiar, se puede tener. El prerrequisito de la fotografía es hacer que las cosas sean visibles, exactamente el mismo prerrequisito de la mayor parte del consumo. Si se tuviera que elegir entre la imagen y el objeto en sí, es la imagen la que vende y es la imagen la que uno cree (¿espera?) adquirir. No es el coche, sino su aura, su velocidad, vitalidad y sexualización lo que construye la imagen del coche.
De ese modo, la imagen de personas muriendo de hambre en Níger pasa a formar parte del modelo consumista, como si fuera un coche. El lector es consciente no de Níger sino de la imagen de Níger, y es esta la imagen que se adquiere y que, dado el torbellino moral que encierra la realidad, se prefiere. El Live 8 permitió que el participante fuera acribillado de imágenes de tragedias, contextualizadas (para poder vender) con música, glamour y famosos. La tragedia en sí es menos destacable: exige o bien que alguien haga algo e intente ayudar o bien que no lo haga.
Pero las realidades, según hemos aprendido todos a través de la imagen, deben ser representadas de forma que sean al menos comestibles y preferiblemente atractivas. Pero, ¿desde cuándo ha sido la tragedia comestible? Si se muestra directamente, existe el temor de que el lector rechace esta realidad. Los temas que trata no se tendrán en cuenta, y aún menos se hará algo al respecto. Los publicistas abandonarán el barco.
¿Necesita la fotografía una nueva forma de producción con la que se intente captar la realidad de la existencia, más por motivos utilitarios que transformadores? Uno piensa en la identidad que las fotografías construyeron de estudiantes de instituto o soldados o pacientes hospitalizados en las que la intención era catalogar y no elogiar. Todos los individuos pierden cierta parte de individualidad en el proceso, pero el lector también se siente menos engañado. Los fotógrafos son funcionales, no una forma de publicidad de una causa u otra. (En cierta manera, esta estrategia es como la publicidad, pero algo más arcaica. A los lectores se les muestra una fotografía del objeto real, en vez de una imagen simulada, sexualizada, que pretenda conseguir el impacto de un objeto sobre el prestigio, la vitalidad o la vida amorosa de alguien -es decir, no la botella de Pepsi sino la Generación Pepsi en la que un posible consumidor se introducirá por arte de magia.) ¿O es que cada fotografía debería, en la medida de lo posible, mostrarse a las personas que supuestamente representa? De este modo, se podrían incluir sus comentarios (de forma oral o escrita) para que el lector sepa hasta qué punto la fotografía ha sido un fracaso o todo un éxito. (En esa foto lloraba sólo porque tenía arena en el ojo, no porque no hubiera comido en todo el día.) El fotógrafo equipado con una cámara digital podría en ciertos casos mostrar la imagen inmediatamente, o una selección de imágenes, y los individuos podrían ayudar a seleccionar la más representativa.
Quizás la moda de dar cámaras a personas de círculos marginales, hecho que ha producido muchas de las fotografías más alegres y menos victimistas de personas que viven en la pobreza, se debería ampliar a dar a esas mismas personas cámaras para fotografiar a los sectores más acaudalados de sus propias sociedades o de otras. En un intenso debate sobre el número de septiembre del National Geographic en África (África: Viaje al corazón de un continente), se le sugirió al editor de la revista que, en vez de que África fuera fotografiada por extranjeros, quizás debería salir un número del National con fotografías de los EEUU realizadas exclusivamente por ciudadanos africanos. Esta podría ser una manera de que los norteamericanos aprendieran sobre ellos mismos, como especie exótica, grotesca y humana. Sería mucho más productivo además si los africanos pudieran controlar la mayor parte de la edición y presentación de sus fotografías.
Se deben considerar las nuevas tecnologías de visualización de la fotografía documental (teléfonos móviles, iPods, la Web) para ser utilizadas de forma que permitan que el lector se sienta menos manipulado y más parte del proceso de exploración. Las posibles soluciones a los problemas descritos por las fotografías se deberían debatir junto con el trabajo documental, consiguiendo la ayuda tanto de expertos como de lectores. Los componentes interactivos de estas tecnologías permiten un integrante pragmático, político, incluyendo organizaciones de referencia ya comprometidas a trabajar en los problemas planteados de formas variadas.
La fotografía se encuentra en crisis. Pero la realidad más importante es que el mundo se encuentra en crisis. Nuestro dilema no sólo consiste en el dolor de los demás, como dijo Susan Sontag hace poco, sino también en nuestro dolor al ser cómplices. Todos los que trabajan en el sector documental sienten que deben preguntar seriamente cómo puede la fotografía volverse más útil. Porque la triste verdad es que incluso las fotografías más bellas nunca podrán sustituir a un planeta que se está degradando a una velocidad vertiginosa.
No podemos vivir en la imagen; sólo nos han inducido a pensar que podemos. Este es uno de los motivos por los que los que trabajamos en la fotografía documental tenemos la culpa. En pocas palabras, no nos podemos permitir seguir adornando un mundo de imágenes; debemos cambiar el mundo.
Fred Ritchin
Nueva York, 30 de diciembre de 2005
Copyright © 2005 Fred Ritchin
Fred Ritchin es el director de PixelPress, un magazine de fotografía online, a la vez que profesor asociado en el departamento de fotografía y comunicación de la New York University's Tisch School of the Arts. También fue editor de fotografía para el The New York Times Magazine (1978-82), director ejecutivo para el Camera Arts magazine (1982-83), además de fundador y director del programa de fotoperiodismo y fotografía documental del International Center of Photography (1983-86).
Es autor y coautor de varios libros, todavía no traducidos al español:
- "In Our Own Image: The Coming Revolution in Photography". Aperture, 1990
- "In Our Time: The World As Seen By Magnum Photographers". W. W. Norton, 1989
- "An Uncertain Grace: The Photographs of Sebastiao Salgado". Aperture, 1990
- "Mexico Through Foreign Eyes: Photographs, 1850-1990". W. W. Norton, 1993
fotokritik
Aunque ya llevaba tiempo escribiendo sobre fotografía, la inaguración de este nuevo espacio ocurre a mitad de camino. Atrás quedaron muchos post nacidos en TokyoNikki, y transplantados a este nuevo espacio en donde espero que arraigan y crezcan con fuerza. Son ya casi dos años desde que la fotografía dejó de ser una afición, para convertirse en una actividad que en cada incursión profesional que se me presenta, me quita horas de sueño y alguna menos de trabajo. Afortunadamente, el no vivir de la fotografía me deja en una situación privilegiada desde donde poder elegir los trabajos y las colaboraciones -bodas y moda una y no más-, y sobretodo con la capacidad de administrar mi tiempo para llevar a cabo mis pequeños proyectos. Con lentitud, pero con paso firme.
Además de seleccionar mucha morralla relacionada con la fotografía y la arquitectura, que aunque no sirva para nada, forma un curioso mosaico al repetirse en miles de blogs encadenados y repetidos por un mismo tema; hablaré sobre fotos, fotógrafos y literatura relacionada, con la esperanza de justificar la paradoja de explicar con palabras lo que debiera de poder explicarse sólo con imágenes.
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Desde que salió allá por septiembre del 2004 la revista "Tokyo Graffiti", no ha habido mes que no haya faltado a la cita quiosquera de esta interesante a la vez que inclasificable revista. Bajo el epígrafe "New Generation Magazine", la revista pulsa por medio de fotografías aspectos sociales y generacionales de Japón. Aparte de los típicos snapshots en Harajuku mostrando las últimas tendencias masculinas y femeninas, hace también un recorrido por diferentes barrios intentando captar las diferencias generacionales en cuanto a la forma de vestir. Así por ejemplo, en el barrio de Sugamo retrata a la tercera edad, en el de Futagotamagawa a los jóvenes matrimonios con hijos, en Akihabara a los otaku y demás especímenes, en Aoyama niños pequeños a la última paseados por unos orgullosos padres que nunca salen en la foto, y en cada número un barrio invitado para que descubramos su estilo y tendencias. Impagable es también la muestra de apartamentos -fiel reflejo de la personalidad de su inquilino-, las comparaciones fotográficas mismo lugar/misma pose de gente en plan 25 años después, o las fotos de pareja en donde se ve que menos la hermosura, todo se pega y especialmente la forma de vestir.

Aparte, a través de pequeñas fotos tamaño carné en las que una persona sujeta una pizarra escrita con su opinión, se muestra el parecer de diversos colectivos sobre algún tema en concreto. La muestra es bastante heterogénea, y los grupos van desde estudiantes de instituto, sacerdotes de diversas religiones, salaryman, camareros, transportistas, hostess, extranjeros, jubilados, universitarios, etc. En el último número, y ante la pregunta de cual fue la noticia que más te había impactado, el grupo de extranjeros coincidió en los ataques terroristas. Muchos en el de las torres gemelas, y curiosamente tres españoles incluidos en la muestra coincidieron en el atentado de Madrid del 11M. Pero particularmente me llamó la atención la respuesta de un estadounidense que afirmaba que la noticia que más le traumatizó fue la explosión del Challenger, vivida y compartida en su jardín de infancia.
Fue entonces cuando recordé mi primer y único diario, de tapas verdes y cerradura con cadenita dorada. Un diario que debí de recibir como regalo cuando aprendí a escribir, y en el que probablemente no llegué a llenar más de diez páginas, antes de descubrir que el papel semejante a cartulina del diario, era perfecto para dibujar o hacer aviones. Tras la primera anotación de rigor en plan "querido diario que feliz estoy por tenerte voy a compartir contigo todos mis secretos", y las siguientes monótonas y aburridas descripciones de "hoy he ido al colegio, he comido macarrones, he visto Barrio Sésamo mientras merendaba, etc", el diario se convirtió en lo más parecido a la sección de necrológicas de un diario cualquiera. Muertes y desgracias. De entre ellas, todavía recuerdo la anotación que hice sobre el fatídico accidente del Challenger, del que recientemente se han cumplido veinte anos. Con la letra semejante a un garabato propia de un crío de 6 años, todavía sin domesticar por la disciplina de los cuadernos Rubio, escribí con mi mejor letra y con el mayor tono solemne del que era capaz: "hoy ha estallado el Challenger". Para hacer más efectiva la noticia, incluí un esquemático dibujo de lo que debería de ser el trasbordador en el momento del despegue, y unas líneas que semejaban la trayectoria zigzagueante de su colapso. Una noticia que me debió de impresionar, y que en ese juego infantil de buenos y malos que nos vendían con eso de la guerra fría, en mi caso terminó por crear una imagen bastante chapucera de los norteamericanos. Impresión alimentada por las excelencias técnicas soviéticas que ya había visto en la película "Firefox", que ni el mísmisimo John Rambo luchando contra los malos malísimos soviéticos en Afganistán consiguió hacerme cambiar. De ahí que en todos mis dibujos infantiles de guerras, los españoles siempre ganábamos a los yanquis.
Bonita infancia.
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Japón y China están condenados a encontrarse. Y aunque en el tema político-económico las diferencias todavían parecen irreconciliables, el flujo cultural entre los dos países es cada vez mayor. Algo que sin duda limará esas pequeñas diferencias sociales, ayudando a la larga a un mejor entendimiento.
"Hands" de Kin-Wai ChauHasta hace bien poco, Japón ha ocupado una situación de hegemonía cultural en toda Asia. La influencia se hacía palpable en todas las artes, que veían en la copia japonesa una sofisticación de la que carecía el arte autóctono. Tras la asimilación y aprovechando la "bonanza" económica que vive la región, por fin el flujo cultural se ha vuelto bidireccional, y lo que se cuece en ciudades como Shanghai y Hong Kong es seguido con atención por los medios locales japoneses. Han sido muchos los especiales sobre Shanghai aparecidos en revistas de muy distinto pelaje, aunque todas coincidieron en resaltar el dinamismo de una ciudad rebosante de juventud y buenas ideas, ajena de momento a los vaivenes de un mercado que cada vez asfixia y uniformiza más el mundo del arte en Japón. Una situación, la japonesa, que también se da en Hong Kong. La antigua colonia británica, excepción cultural dentro de la china maoísta, representa una posición enquilosada dentro del panorama del diseño actual, que se limita a seguir los pasos establecidos por Japón y Europa, en una posición muy conservadora resultado de su larga experiencia como economía de mercado. Se quejan los diseñadores y artistas de Hong Kong de esta uniformidad en donde la originalidad brilla por su ausencia, y todo se supedita a los estudios de mercado bajo la sombra de lo políticamente correcto.
El especial de +81 sobre esta ciudad, titulado "Asian creatives: Hong Kong Now", y publicado en plena resaca tras la bienal, es un intento por ofrecer lo más alternativo de una ciudad que lucha por encontrar su identidad en algún remoto punto entre Oriente y Occidente. A tenor de lo visto, globalmente aportan poco a la escena artísitca internacional, y sólo algunas individualidades (muchas no nativas) consiguen aportar algo nuevo a la escena artística de una ciudad condenada a ser la eterna ciudad de los negocios, en donde no tiene cabida el arte.

Lo mejor sin duda de esta ciudad es Wong Kar Wai. Nacido en Shanghai, se trasladó con su familia a Hong Kong cuando tenía cinco años, ciudad que le adoptó y a la que cautivó siendo un clásico de los Hong Kong Film Awards. De Wong Kar Wai poco queda por decir que no se sepa, un punto compartido por los editores de +81, que decidieron centrarse en el equipo que le rodea. Un grupo de creativos que llevan con Wong Kar Wai desde sus primeras películas, y que como él mismo reconoce, son esenciales en el proceso creativo de sus películas, y parte indisoluble de su éxito y de su tan personal estilo.
William Chang, mano derecha de Wong Kar wai, es un reputado director artístico que abarca desde el diseño de producción, al vestuario o incluso el montaje. Toda una institución en Hong Kong, y ejemplo a seguir por muchos jóvenes cineastas. Cristopher Doyle y Wing Shya se reparten las funciones como directores de fotografía de unas películas de particular textura, que deben de seguir las abstractas indicaciones de Wong Kar Wai. Cuentan por ejemplo que para "In the mood for love", Wong Kar Wai les dijo que quería una "atmósfera roja"... Tras probar diferentes tipos de película, finalmente eligieron el de una pequeña compañía de Nueva York, cuya película recordaba a las texturas de los años 60, con la mala fortuna de que ya no producían ese tipo de película y la compañía estaba al borde la quiebra. Afortunadamente consiguieron hacerse con los últimos 200 rollos de una compañía que desapareció finalmente.
Entrevistas aparte, resulta interesante también una pequeña guía de Hong Kong, para aquellos viajantes que buscan algo más que el nuevo Disneyworld.
Pequeño directorio de artistas/diseñadores/fotógrafos en Hong Kong
- Kan Tai-Keung & Freeman Lau
- Alan Chan
- Hon Bing-Wah
- Tommy Li
- Stanley Wong
- Hung Lam
- Kabo
- Kenneth To
- Lio Beardsley
- Benny Luk
- Victor Cheung
- Francis Lam
- Kin-Wai Chau
sento
Ya casi llegó el invierno. Las hojas se tiñen de sangre en un último suspiro, como si ese rojo fuego fuese capaz de calentar algo más que las retinas. La bajada de temperaturas se siente en la calle, y en como los veraniegos puestos de yakitori comienzan a ser sustituidos por los primeros puestos callejeros de oden. Es tiempo también de ver como muchos yatai (restaurantes en la calle) comienzan a cerrar sus cortinas, intentando crear un ambiente un poco más cálido para el cliente en busca de un ramen o un sake caliente para combatir el frío.
Hoy el frío me ha llevado a dar por inagurada mi particular temporada en el sento (baño público). A menos de cinco minutos de mi casa hay dos sento de nueva planta encajados en edificios de apartamentos que dejan bastante que desear. No es que sean sucios, caros o incómodos. Simplemente les falta el encanto de los viejos establecimientos, como la onmipresente figura del monte Fuji. En el primero que fui, las paredes estaban ocupadas por un psicodélia de motivos espaciales y el agua estaba en torno a los cincuenta grados. Demasiado caliente para mi gusto. Además, que hubiese también una sauna (por la que es famoso este establecimiento) no me encajaba en mi idea de baño público. En el segundo, surrealistas mujeres bastante horteras intentaban dar algo de originalidad a las paredes, aunque simplemente contribuían a acrecentar la sórdida imagen de un sento vigilado además por un circuito cerrado de cámaras de televisión.

Fue en este último sento en donde un amable viejecillo me confeso medio susurrando que a él tampoco le gustaba este sento, pero que no le quedaba otro remedio porque es donde venían sus amigos. También a media voz me indicó donde estaba su sento favorito, y ya en la zona de baño me explicó que lo de enjabonarse antes de meterte en el agua caliente es un invento nuevo. Primero has de meterte hasta el cuello de una forma escalonada pero breve, después te enjabonas, para tras aclararte poder luego disfrutar todo el tiempo que quieras dentro del agua caliente.
Localizado dos nuevos sento a unos diez minutos de mi casa, hoy decidí probar la recomendación del simpático anciano: un sento de los de antes con su chimenea desafiante, bien conservado y regentado por una pareja de ancianas hermanas que cada dos por tres entraban a la zona de hombres a limpiar o quizás a vigilar... Aunque antiguo, esa pátina producida por el uso constante y cuidado, contribuye a dar solemnidad a un establecimiento presidido, esta vez sí, por una vista del Fuji "sostenido" por publicidad de los diferentes sento de la zona. El agua esta a unos soportables cuarenta y cinco grados, y el baño del día de lavanda me ha dejado un confortable olor en el cuerpo.

Después del baño mientras me relajaba tomando leche envasada en una botellita de cristal, frente a un enorme televisor de plasma totalmente fuera de lugar, pude comprobar como los cantantes de enka (canción tradicional japonesa) poco se diferencian de nuestras folclóricas. En un programa de variedades casposo muy al estilo de Jose Luis Moreno, los cantantes de enka embutidos en brillantes y horteras trajes con mucha purpurina, se emocionaban, envalentonaban, lloraban y hacían gallitos como una Rocío Jurado cualquiera, ante la emocionaba parroquia local que seguía con verdadero interés las canciones de tiempos pasados. Y es que, el que la entrada para mayores de sesenta años sea gratuita, contribuye sin duda a convertir este sento en un simpático "hogar del pensionista", en donde sólo se echa de menos una mesa de Mahjong, que de seguro daría mucho "juego"...
FOTO 1: Típica pared de sento con su Fuji pintado, y debajo los anuncios de establecimientos de la zona. Tomada del museo de arquitectura al aire libre
FOTO 2: Una foto tomada a hurtadillas del sento del que hablo. Se ve su banca de tatami, su báscula, su pulida y gastada madera, y desgraciadamente el Fuji esta tapado por las nubes de vapor...
reciclaje
"Aquellos que no quieren imitar, no producen"
La palabra copia se cierne sobre todos los aspectos culturales e industriales de Japón, como una sombra que pone en entredicho la excelencia del país. Para muchos, desde tiempos antiguos Japón ha sido un país que se ha limitado a copiar y asimilar las influencias que le iban llegando desde el continente, a través de filtros impuestos por China y Corea. Otros aceptando este hecho histórico, hablan de la copia y mejora realizada en Japón como el punto fuerte de un pueblo que ha sido capaz de mejorar desde la pintura en tinta china (suiboku) hasta un transistor. Aunque ambas son visiones parciales que no hacen justicia a una creatividad japonesa que ha producido una cultura singular con influencia internacional en todas las artes, reflejan un hecho que desde luego reside en los principios de la cultura japonesa.
La copia, que no el plagio, se resume en japonés con la palabra honka-dori. Y lejos de ser un adjetivo descalificativo, alude al homenaje y autorealización del alumno que intenta emular al maestro. El proceso de copia no es un acto creativo en si, pero si la forma por la que adquirir la técnica necesaria que permita una verdadera creación. En todas las artes japonesas, antiguas escuelas han sido depositarias de estilos diferentes que han preservado técnicas que de otro modo se hubieran perdido. En ellas, los artistas siguiendo un estilo fuertemente marcado, innovaban de acuerdo a los gustos de la época sin perder el respeto por la tradición. Algo muy diferente a las escuelas de pintura Europeas, en donde las fuertes individualidades terminaban aflorando y fragmentando la escuela cuando fallecía su fundador.
Yamaguchi Akira - Caricature of Shino-Japanese war & Russo-Japanese war serie, 2002Yamaguchi Akira, Aida Makoto y Tenmyouya Hisashi son pintores contemporáneos japoneses que se han servido del honka-dori para ofrecer una perturbadora mirada a las raíces del arte japonés. A primera vista, sus cuadros poco se diferencian de las clásicas pinturas contenidas en biombos (byobu) de los museos, con escenas que fácilmente podrían encontrarse en alguno de los más famosos ukiyo-e. Sin embargo, una cuidadosa observación revela que modernos elementos parecen haber hecho un viaje temporal. Así vemos modernos salary-man flirteando con cortesanas en kimono, samurai que han cambiado sus caballos por modernas motocicletas, o robots como personificación de antiguos demonios. No hay estridencias en estos cuerpos extraños, que encajan a la perfección en estos modificados cuadros que parecen revelaciones de un futuro posible pintados por algún pintor de época bajo los efectos de algún alucinógeno. La síntesis entre tradición y modernidad es alcanzada con precisión y respeto por los maestros, mostrando a la vez aspectos de la vida moderna que al contraponerlos con la vida antigua, demuestra que hay jerarquías demasiado arraigadas en la sociedad japonesa difíciles de limar por el paso de los siglos.
Tenmyouya Hisashi - Legendary warriors serie, 1996Curiosamente, este "trío de ases" está representado por Mizuma Art Gallery.
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+81: Films and biology- do they have anything in common?
Georges Bermann: There are similarities between the two fields with respect to producing. Delicate things need to be done delicately and you can never make mistakes. The way you approach things, in both fields, needs to be very precise.
La cita aparece en el último número de "Plus Eighty One", y la dice ni más ni menos que el responsable de Partizan, una agencia de publicidad mundialmente famosa por algunos de sus videos musicales y anuncios publicitarios. La meca sin duda para todos aquellos creadores bajo el rimbombante título de este último número de +81: "Movie and motion graphic inspiration".
Georges Bermann estudió biología para acabar siendo productor y mecenas de video artistas, en un claro ejemplo de la flexibilidad laboral que ofrece esta carrera. Y aunque la cita es una anécdota que se me ha quedado atravesada, no define la sustancia de un número que gira en torno a Chris Cunningham y el resto de acólitos. Sin duda Cunningham marcó un antes y un después en el mundo del videoclip, creando un escalofriante estilo propio que le ha valido un amplio reconocimiento internacional. Su fama crecía al tiempo que las presiones para que realizase su primer largometraje. Compañeros generacionales como Michael Gondry y Spike Jonze hace tiempo que se pasaron al celuloide, ambos con óperas primas escritas por Charlie Kaufman. La sombra de Kaufman es alargada, tanto que sus guiones terminan por condicionar hasta tal punto la forma de rodar, que es difícil distinguir quién es el director de cada película, lo que nos deja con dos directores capaces pero no brillantes. "Películas interesantes pero que no tienen ninguna atmósfera propia", dice Cunnigham de sus dos compañeros de colección de DVD, y termina añadiendo que su director favorito es Andrei Tarkovski (uno de mis directores favoritos), lo que me demuestra no estar equivocado sobre su valía profesional.

Actualmente, Cunnigham trabaja en su opera prima con un guión original escrito por él, lo que pone punto y final a los rumores sobre una posible adapatación suya de la novela de culto "Neuromancer" de William Gibson. Una lástima, aunque su inmersión en el proyeto del largo explica que su último trabajo "Rubber Johnny", promocionado como ningún otro hasta la fecha, sea un gastado reflejo de su propio estilo.
FOTO: Cunningham tal y como aparece en la entrevista de Suwa Tomoko
| Comentarios (1) |eureka
Un pequeño café en Aoyama, con el más que apropiado nombre "Immigrants cafe", fue el lugar donde me reencontré con esas mágicas noches de buenas conversaciones, buena música en directo, buena comida y en definitiva buenas vibraciones.
Un amigo fotógrafo me invitó al pequeño concierto de un grupo en sus comienzos. Ya llevan dos maquetas publicadas, tras curtirse como la mayoría de grupos japoneses en la calle, y en bizarras salas de conciertos. Bajo el nombre de "Eureka", dos guitarras acústicas (el batería no pudo venir o quizás no cabía en el escenario) y una mélodica voz femenina que canta en algo que podría sonar a inglés (como Sigur Ros), aunque de vez en cuando se arranca también en japonés. Su estilo tiene reminiscencias de Bjork, con melodías inglesas tipo Coldplay y Travis, aunque para el público japonés, la cantante tiene una voz y un físico clavados a UA, famosa cantante japonesa ajena a los vaivenes del J-pop.
El pequeño y escondido local era un hervidero de gente con inclinaciones artísticas. A quién preguntases, seguro que tenía algún anhelo de dedicarse al arte. Conocí a mucha gente: fotógrafos, cantantes, pintores, bailarinas, compositores... todos ellos amateur, pero que veían en estos hobbys artísticos su forma de escapar de la cotidianidad de la vida como furita, trabajadores a tiempo parcial.
Vamos, que entre tantos "potenciales" artistas me sentí como uno más del grupo, y me dejé embarcar en proyectos imposibles, mientras divagábamos sobre lo divino y lo terrenal del Arte, o nos deleitábamos mirando el calidoscopio formado por los posos de té.
| Comentarios (4) |leer+beber=280¥
Un nuevo descubrimiento. En pleno Roppongi Hills, rodeado de hoteles cinco estrellas y tiendas de lujo como Chanel, Versace y compañía, se encuentra un pequeño remanso de paz, de olor café y papel recién impreso.
Se trata de una acertada asociación entre los Starbucks y la gran cadena de tiendas multimedia japonesas "Tsutaya". El lema es, compra un café y mientras te lo bebes puedes leer cualquiera libro o revista de la librería, o usar gratuitamente internet wireless.
Un auténtico chollo. Por ejemplo, puedes tomarte tu capuchino comodamente sentado, mientras ojeas el último número de EIGHT, una revista de fotografía (perdón, photojournalism) de precio prohibitivo (2500yenes, unos 18 euros).

Son iniciativas como estas las que te hacen darte cuenta de la "cara amable" del capitalismo. No se cuanto durará este invento, aunque ojalá que prospere. Eso si, me temo que en España no funcionaría. Si los españolos utilizamos los Burger King como improvisadas oficinas, bibliotecas o salas de estudio, en una librería-café habría que hacer cola de dos horas por lo menos para poder sentarse.
Rebuscando en la librería, descubrí un improvisado homenaje a Ernesto Che Guevara. Que en una zona (Roppongi Hills) donde posiblemente se de el récord de mayor número de millonarios por metro cuadrado, haya una estantería enteramente dedicada a el Che, muestra hasta que punto un hombre y sus ideales han sido convertidos en un icono, del mismo valor simbólico que el logo de la Coca-cola.

Y es que la famosa foto de Alberto Díaz-Korda más todo el impacto mediático posterior, ha provocado que por ejemplo mis amigos japoneses sepan que el Che es ese personaje tan famoso de las fotos, pero no sepan ni de donde es, ni que hizo, ni nada de nada.
| Comentarios (5) |japanese aesthetics


