Watanabe Katsumi
Desde que el barrio de Kabukicho se convirtiera en el nuevo Yoshiwara a principios de los sesenta, este pozo de perversión de estrechas calles controladas por la mafia ha sido un imán para multitud de fotógrafos, deslumbrados no por el glamour ni el brillo de un Japón en pleno crecimiento, sino por los desechos de esa maquinaria perfecta de hacer dinero. Kabukicho, una manzana del barrio de Shinjuku, representa la otra cara de Japón. Una cara de perversión, drogas, prostitución y desheredados. Un barrio que conocía a la perfección Watanabe Katsumi, un cronista a la sombra de los sin nombre. Un espectador que durante más de cuarenta años hizo de este barrio su hogar, y su particular circo de los horrores.

Nacido en la prefectura de Iwate en 1941, su carrera como fotógrafo comenzó en la oficinas regionales del periódico Mainichi en Morioka. Pronto se cansa de la vida rural, y en 1962 comienza a trabajar en el prestioso estudio fotográfico Tojo Kaikan de Tokio, cercano al palacio imperial. En Tokio descubre la intensa vida nocturna, y el efervescente bullicio de prostitutas, travestis y mafiosos que cada noche se citaban en Shinjuku. En 1965 deja el estudio fotográfico y se establece en Shinjuku como freelance. Noche tras noche recorre el barrio de Kabukicho, en busca de clientes a los que retratar: 200 yenes por tres fotografía en blanco y negro a entregar al día siguiente. Comienza así su impresionante colección de retratos de los más variados personajes, representantes todos de una fauna nocturna que iba cambiando con cada generación. Las fotografías de Watanabe no son especialmente artísticas. Son retratos nocturnos hechos con flash, sin ningún tipo de artificio técnico ni artístico. Pura fotografía documental de personajes anónimos condenados a vivir en las sombras, para no perturbar la imagen de modernidad y perfecta clase media que quería ofrecer Japón.
Watanabe murió en el 2005 sin haber visto reconocido su trabajo. Su legado consistía en algunas exposiciones, algunos libros y un par de apariciones en la televisión tratando de rescatar la historia de algunos de los personajes más marginales que había retratado. Un año después de su muerte, la galería Andrew Roth de Manhattan le dedicó una exposición y un libro que por fin sacaría a la luz el talento de este fotógrafo callejero: “Gangs of Kabukicho”. Bendecido por Nueva York, los japoneses han reconocido el talento de su compatriota y el Museo Watarium le ha dedicado una exposición retrospectiva que se puede ver estos días.

Elegir las mejores fotografías de entre las más de mil que conforman el archivo de Watanabe es una tarea titánica, por lo que se optó por mostrar el mayor número de fotografías posible, dividiéndolas en tres periodos: 1965-1977, 1978-1989 y 1990-2005. Para el primer periodo el mueso recrea la primera exposición de Watabane (en 1974) con fotografías cubriendo las paredes y el suelo sin ningún orden ni criterio. Se ofrecen también las historias de algunos de los personajes más singulares, y fotografías de paisajes en donde poder apreciar como ha ido cambiando Shinjuku. Particularmente sorprendente es la fotografía en donde el hotel Keio Plaza, primer rascacielos de Shinjuku, se alza solitario en un lugar hoy día plagado de edificios. O la de un recién construido edificio metropolitano, que desde su inauguración y hasta nuestros días continua en sus bajos okupado por vagabundos en silenciosa reinvidicación. Entre los retratos, aparecen personajes famosos fotografiados in fraganti, cadáveres, y compañeros de profesión como Araki, otro fotógrafo criado profesionalmente en Kabukicho. La muestra sirve también para mostrar algunas de sus fotografías a color, de paisaje y tomadas con cámara de gran formato, así como el material que utilizaba. Desde su inseparable chaleco, a sus cámaras, entre las que se incluye una muy baqueteada Yashica TL electro-x con motor de rebobinado, una Leica M3, una casi nueva Yashica T4 así como un par de cámaras de gran formato. Sólo se echa de menos la Fuji 6x9 con la que sale en los pequeños documentales para la televisión.
Y por supuesto, con motivo de la exposición un libro que esperemos sirva para recuperar a título póstumo a este gran fotógrafo documental.
| Comentarios (0) | TrackBacks (0) |Jonathan Torgovnik
Por fin le va llegando el reconocimiento a este fotógrafo israelí, reciente Premio al Retrato Fotográfico de la National Portrait Gallery de Londres, y finalista al premio UNICEF por la mejor imagen del año. Un fotoperiodista al que llevo siguiendo desde hace tiempo, y que desde que empecé este blog ha estado enlazado como uno de mis fotógrafos favoritos.
Joseline Ingabire con su hija Leah Batamuliza. Víctimas del genocidio ruandés.Ninagawa Mika
En los últimos años, muchos han sido los fotógrafos que se han pasado a la dirección de películas, y aunque por lo general consiguen filmes visualmente muy atractivos, las historias no consiguen mantener el interés por carecer de estructuras narrativas bien argumentadas. Son en el fondo versiones en movimiento de extremadamente largas photo novels, en donde las escenas flotan en la nebulosa creativa de un fotógrafo que se ve incapaz de darlas una correlación lógica a ojos del espectador.

El último en dar el salto al largo, tras una breve carrera en la producción de videos musicales y un cortometraje, ha sido la fotógrafa japonesa Ninagawa Mika. Poseedora de un inconfundible estilo fuertemente cromático y dado a los excesos visuales, podría ser considerada una versión japonesa de David LaChapelle, aunque imbuida de ese estilo naîf tan típico japonés, herencia de la siempre onmipresente cultura del manga.

Y como no podría ser de otra manera, la película de Ninagawa es la adaptación de un manga: "Sakuran", una historia de prostitutas en el japón de la época Edo. Por lo que se atisba en el trailer y en los dosieres de prensa, la película es una prolongación evidente de lo que se ha dado en llamar "color Ninagawa", en donde aparecen algunos de los motivos reiterativos de sus trabajos, ya marca de la casa, como son estambróticos peces y flores. Intuyo que la película seguirá la línea psicodélica iniciada tiempo atrás por el gran Suzuki Seijun, que recientemente ha sido reinterpretado en la exitosa "Memories of Matsuko".
| Comentarios (3) | TrackBacks (1) |André Friedmann aka Robert Capa
«No basta con tener talento. También tienes que ser húngaro»
Robert Capa
Ha sido sin duda uno de los grandes fotógrafos de guerra, y pionero en eso que más tarde se llamaría fotoperiodismo, y que para él no fue otra cosa que mostrar el horror de la guerra a través de sus principales vícitmas, el de la población inocente que parapetada tras un frente resiste como puede la tragedia de la guerra. Sus fotografías nos hablan de una tragedia vivida en primera persona, que en un tiempo donde no existían los teleobjetivos, suponían poner en juego su vida para acercarse suficientemente a la acción. Sólo así, experimentando el mismo miedo que paraliza a los soldados en el momento de entrar en combate, podía Capa transmitirnoslo a través de sus fotografías.

Niño con el uniforme del Batallón de acero, perteneciente a las milicias anarquistas, Agosto 1936.
Él era un desterrado de un país que había sucumbido al fascismo, y es en esa distancia donde encuentra la inspiración y la energía para jugarse la vida en países ajenos, en conflictos donde la libertad está en entredicho. Como si en cada batalla, Capa exorenara a los miles de caídos en su país.
Jo Miki / 徐 美姫
Cuando te encuentras en una librería un libro de fotografía de gran tamaño en cuya portada pone "Sex", en lo primero que piensas cuando lo abres es en que quizás alguna foto de una bella modelo desnuda te alegre el día. Por tanto, cuando descubres que sólo hay extrañas fotografías de paisajes acuáticos desenfocados en un desgastado blanco y negro, la decepción se hace mayúscula.

Y más, cuando observados por segunda vez ahora con el convencimiento de buscar algo de belleza en estas fotografías, empiezas a preguntarte como consiguió engañar a los editores para publicar un libro de estas características. Que para algunos esto sea arte entra en mi opinión en un desconocimiento no ya de la fotografía, sino incluso de la técnica fotográfica. De Miki Jo, una fotógrafa que ha trabajado para varias conocidas revistas japonesas, desconozco su trabajo anterior, aunque me consta que en este tiempo ha sabido hacerse con una jugosa cartera de contactos que le han abierto muchas puertas. Para la preparación de este su primer libro de fotografías, su objetivo era hacer fotografías de Fukui (lugar en donde nació), inspiradas por el estilo de Robert Frank. Lo del sexo, lejos de ser un reclamo comercial, es para ella la sensación de fluidez que se obtiene viendo sus paisajes acuátcios, comparable a esa otra fluidez de dos personas haciendo el amor.
Desgraciadamente esa fluidez no aparece por ningún lado, y sus fotografías dejan el gusto amargo de haber sido tomadas con precipitación, y reveladas por alguién que parece que es la primera vez que se enfrenta al blanco y negro.
Un libro totalmente prescindible.
| Comentarios (0) | TrackBacks (1) |Michael Kenna
Hace tiempo que hablé sobre Michael Kenna a propósito de leer una entrevista suya en el +81, y por fin he podido ver su obra en persona y por duplicado, por una feliz coincidencia que ha hecho que coincidan en Tokio dos exposiciones suyas paralelas, una en el Tokyo Metropolitan Museum of Photography que reúne todas sus fotografías realizadas en Japón bajo el epígrafe "Conversaciones con la tierra", y una heterogénea retrospectiva de 35 fotografías en la galería Zeit-Foto Salon.

Leyendo un artículo de Mike Johnston en el último número de "Black & White Photography" titulado "In praise of captions", vi clara la diferencia a propósito de la comparación de Michael Kenna con Sugimoto Hiroshi. Los artículos de Johnston en esta seria revista británica, responden al estereotipo del norteaméricano heterodoxo y superficial, que produce opiniones polémicas a la búsqueda de una confrontación que siempre genera debate y reafirmación de tus propios ideales. Dice Johnston que de la serie de Sugimoto "Seascapes" (paisajes marítimos), "what makes them interesting -valid, one might even said- are the titles telling which of the world´s oceans is pictured and from where. Como si la gama cromática de grises reflejada por cada océano o la minimalista composición que invita a la meditación, no tuvieran ningún significado. Convertida para Johnston la fotografía en un mero registro documental, pone como ejemplo una banal fotografía de un árbol tomada por el mismo, para a posteriori cargarla de significado por medio de un oscuro acontecimiento histórico de la guerra civil norteamericana. De unas fotografías tan planas como las de Johnston no puede esperarse otra cosa que un pie de foto lo suficiente descriptivo que compense el tiempo gastado en ver esa foto. Pero en contraposición a las fotografías de Sugimoto Hiroshi -bellas obras cargadas de significado-, las fotografías de Kenna destilan simplemente una belleza basada en la simplicidad de solitarios paisajes, en donde la localización escrita en la etiqueta, es sólo un impreciso lugar situado en una tierra de sueños que nos es familiar. En la serie de Kenna "Tree Portrait Study", los árboles aparecen suspendidos en la neblina de un paisaje nevado, solitarios y aislados, ocupando un espacio en plena armonía con ese vacío necesario de las pinturas Zen. En la emoción de la contemplación, la geografía nos es indiferente, y sólo nuestros propios referentes son válidos para "entender" el inexistente significante de una obra de arte. En mi caso, las obras de Kenna encajan con esa melancolía del trazo zen de Hasegawa Tohaku; y en sus paisajes invernales, creo entrever esa tierra del fin del mundo descrita por Murakami Haruki en "Hard-bolied wonderland and the end of the world". Una belleza tan típicamente japonesa, que hasta resulta paradójico que haya tenido que ser la mirada de un extranjero la única capaz de descifrar la historia de estos milenarios paisajes en modernas visiones zen.

Michael Kenna - Tree Portrait, Study 5, Wakoto, Hokkaido, Japan, 2005
La exposición en el museo también ofreció la posibilidad de ver un video sobre la forma de trabajo de un Kenna con aspecto de paciente pescador, a la pesca (y valga la redundancia) de una buena fotografía. Entre sus aparejos, una pesada Hasselblad 500 acompañada de un no menos pesado trípode, y una pequeña silla plegable para hacer más llevadero el prolongado tiempo de exposición requerido para sus fotografías. Un tiempo que según explicaba él mismo, es necesario para meditar y establecer una relación con el entorno, a la búsqueda de esas fisuras de belleza encontradas en la naturaleza, que sólo se ofrecen cuando se está largo tiempo contemplando en solitario, un paisaje que a primera vista no ofrece ningún aliciente. Pero es en esa lenta "quemazón" del negativo, de velocidad más lenta a la del ojo humano, cuando se registrarán esos matices captados siglos atrás por la mente entrenada de unos monjes zen, que pensaban a una velocidad diferente a la del resto.
| Comentarios (2) | TrackBacks (1) |Wakagi Shingo
Wakagi Shingo empezó a la edad de trece años a tomar retratos de su abuelo. Ese primer inocente acto de tomar una foto a su abuelo en uno de sus paseos, se convirtió primero en un juego, y luego en la excusa perfecta por la que compartir horas y horas de charlas, en donde un joven Shingo aprehendería sin duda algo de la experiencia de su abuelo. Ese primer pasatiempo terminaría por marcar la carrera de Shingo, que como no podía ser de otra forma acabaría como fotógrafo. Tras abrirse camino en el difícil mundo de la fotografía comercial, Shingo dió un cambió a su orientación y decidió emepezar proyectos más artísticos. Fue un volver al principio, y un reencuentro de nuevo con su abuelo.

La colección de retratos de su abuelo, cargados de un respeto y una impronta de clásicos fotógrafos japoneses, fue editada por él mismo a través de una editorial creada para tal fin: Yountree press. Un árbol joven (若木 / Wakagi / Youngtree) que afortunadamente siguió creciendo, editando nuevos libros, e incluso una pequeña revista de fotografía documental de calidad un tanto desigual.
La última rama de este ya no tan jóven árbol saldrá el próximo año, bajo la división de Yountree Films. Bajo el nombre de 星影のワルツ ("Un Waltz a la luz de las estrellas"), se anuncia lo que será una película de un fotógrafo para fotógrafos, en torno, otra vez, a el ya famoso abuelo Takuji. Un hermoso homenaje que espero ver con impaciencia.
| Comentarios (1) | TrackBacks (0) |Nomura Sakiko
Fotógrafo asistente de Araki durante varios años, sin duda Nomura Sakiko es su alumna más aventajada, y la única que ha sabido captar parte de la esencia de sus retratos para fundirlos con su propio estilo. El estilo de Nomura se percibe que arranca de los primeros retratos de Araki en torno a su mujer Yoko. Fotografías sin carga erótica perceptible, envueltas en una melancolía que parecían anticipar la tragedia. En los desnudos mayoritariamente masculinos de Nomura, los hombres muestran su lado más frágil, ofreciendo una mirada de desnudez sin ninguna pose forzada, sincerándose ante la cámara de una forma poco habitual, y lejos de todos los estándares de masculinidad. Quizás el hecho de que Nomura se valga sólo de amigos para sus sesiones de fotos, tenga mucho que ver con esa desnudez interior que emana de unos retratos en blanco y negro, donde la luz parece destilarse poco a poco, mientras se refleja en la desnudez de unas pieles que exudan humanidad.

La mirada intimista de esta fotógrafa no se detiene en los retratos, y abarca también unos paisajes en color en donde el escenario aparece turbio, borroso. Como si en contraposición a un cristalino blanco y negro, el color y sus matices parece escaparsenos, como si fuesemos incapaces de fijarlo en nuestras retinas. Una curiosa paradoja en la que los seres vivos aparecen estáticos, como estatuas tullidas de un marmol trágico, y los inertes paisajes vivos como si fuesen observados a través de la ventanilla de un tren que se mueve a toda velocidad entre una ciudad en penumbra.

Wing Shya
La apuesta del Mori Arts Center de Tokio por consolidar internacionalmente fotógrafos es bastante clara. Si hace unos meses se clausuraba con gran éxito de público la primera retrospectiva internacional sobre Sugimoto Hiroshi, ahora le he llegado el turno a Wing Shya.

Este fotógrafo de Hong Kong le debe mucho a su colaboración con el director de cine Wong Kar Wai, como él mismo reconoce abiertamente. Colaborador habitual de sus películas, Shya pasó de ser un fotógrafo más en el mundo de la fotografía comercial, ha labrarse una carrera artística en paralelo a las atmósferas creadas por Wong Kar Wai. Sus fotografías poseen ese glamour de erotismo contenido propio de películas como "In the Mood for love", así como unos colores que evocan épocas pasadas en donde aterciopelados tangos rasgaban viejos transistores.
La exhibición es una recopilación de más de trescientas fotografías, que van desde sus colaboraciones en películas, magazines y videos musicales, a inéditos fotoreportajes, o incluso una sesión de moda preparada especialemente para la ocasión, en la que una irreconocible Matsura Aya se deja de niñerías ante el objetivo de Shya, para aparecer como una bella mujer atormentada por una llamada de teléfono que nunca llega.

Como viene siendo habitual en las exposiciones monográficas de fotógrafos, un video recoge el making-off de la forma de trabajo de este fotógrafo maestro del color y del erotismo contenido. Viendole trabajar, se observa su cuidadosa preparación de la iluminación de los set -siempre ayudado por un numeroso equipo técnico-, y su tendencia a no usar nunca trípode. Siempre cámara en mano, sus preferencias altenan entre una baqueteada Canon EOS-1v y una Hasselblad H2.
La única pega de esta recomendable exposición es la impresión de las fotografías. Patrocinada por Epson, sorprende la baja calidad de las copias. Hasta el punto de observarse más que significativas diferencias en el color de la misma fotografía impresa en tamaños diferentes. Una lástima que para este exposición haya primado la cantidad frente a la calidad de las fotografías.
| Comentarios (2) | TrackBacks (0) |creators on the line
+81: Is the city you see through your finder different to how you see it with your own eyes?
Moriyama Daido: Physically, and visually theres a change. When you look at something through the lens there is a window like space through which your field of vision is limited to, and that decides the composition of what you are taking, so naturally it is different. However, if you spend too much time gazing through your lens, you end up thinking about composition too much, are drawn away from the impulse to just take the photo, and you end up "creating" the photo, which I dont like. So, I usually look at the broad view of things, and take photos with a moments glance through the finder. Things I have taken like that I can look at later.
El número de primavera de la revista +81 (edición bilingüe inglés/japonés) es un monográfico (el tercero ya) sobre fotógrafos. La revista incluye una entrevista y un repaso a seis fotógrafos de muy diferente signo. Aparte de incluir dos valores seguros que garanticen lectores como son Araki Nobuyoshi y Moriyama Daido, la revista incluye una desigual selección en la que la única sorpresa es conocer la obra de Michael Kenna.

Las obra de Kenna podría ser englobada en la categoría de fotografía de paisaje, realizada siempre en un sobrio blanco y negro que recuerda al estilo de Sugimoto Hiroshi. Sin embargo, mientras que la fotográfia de Sugimoto se muestra siempre en grandes proporciones, las fotogafías de Kenna siempre se exhiben en un tamaño no mayor que una A3. Las razones responden a poder poseer de esta forma un mayor control sobre la copia final (por supuesto revelada por él mismo), y por una cuestión de intimidad: La establecida entre el espectador que tiene que acercarse a la fotografía para observar unos detalles, que se revelan de un sólo vistazo como si de un haiku se tratase.
Del resto de fotógrafos, las perspectivas aéreas en blanco y negro de Matsue Taiji dejan bastante indiferentes, al igual que los desnudos de un David Bailey demasiado obsesionado en convertirse en un nuevo Avedon. Y sobre moda también gira el trabajo de Ellen Von Unwerth, una ex-modelo reconvertida a fotógrafa, cuyo portafolio es la suma de profesionales trabajos como los que se ven en cualquier revista de moda de prestigio, en la que la mano del fotógrafo apenas queda visible y es reducida al mínimo por el equipo de estilistas, maquilladores, directores de arte y las mismas modelos que garantizan que todo luzca como es debido. A fin de cuentas y como desvela ella misma en la entrevista, la parte más importante de su trabajo fotográfico es saber escoger a las modelos adecuadas al estilo de cada sesión.
Diferencias:

Michael Kenna - Ferry Cisne, Lago Yamanaka, Honshu, Japón. 2001

Sugimoto Hiroshi - Seascapes, Mar Negro, Inebolu, Turquía, 1991
Yamamoto Kansuke
Fue quizás una casualidad el que paseando por el barrio de Chiado en Lisboa, descubriese una exposición de Man Ray en el Museu Nacional de Arte Contemporânea. Desde entonces y por alguna inexplicable razón, siento una atracción por las fotografías dadaístas. Quizás sea por esa banalización del objeto, o por esa deliberada artificialidad en busca del imposible poético. Mi último descubrimiento en esta línea ha sido el fotógrafo japonés Yamamoto Kansuke, por mucho tiempo olvidado y sólo recientemente recuperado como uno de los grandes fotógrafos a nivel mundial de este tipo de vanguardia.

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voyeur
En este fin de semana de santorales y homenajes varios, no voy a hacer un gastado homenaje a Cervantes, aunque sí recomendar el número de enero de "Studio Voice", que incluía una interesante lista de recomendaciones literarias para este año. Esta interesante y asequible revista de tendencias, autodefinida como multi-media mix magazine, cada mes gira en torno a algún tema monográfico tratado con indudable gusto y saber hacer. En esto de las listas y demás rankings, los medios japoneses se muestran muy democráticos, y pueden llegar a compartir lista -como pasa en este número-, un libro del Subcomandante Marcos con el libro subido de tono de alguna aidoru de moda.

Aunque creo que a la hora de comprar un libro, es mejor dejarse de listas y recomendaciones, y apostar por un valor seguro como son los clásicos, haré mi particular recomendación sobre dos libros de fotografías de temática parecida, pero tratada de forma diferente. Las mujeres de los fotógrafos aunque imaginadas como musas inspiradoras, quizás sean más el perfecto campo de pruebas para un fotógrafo, que sabe que en todo momento puede echar mano de una socorrida y voluntariosa modelo. Sin embargo, un repaso a alguna de estas colecciones de fotos, por lo general nunca publicadas por eso de la intimidad, es un recorrido por los vericuetos de relaciones a veces tormentosas, como la de Man Ray con Lee Miller. Pero sobretodo, es la constatación vouyearista de unas relaciones por medio de unas instantáneas, que no serán muy diferentes de esas que pasarán ante tus ojos en el momento de tú muerte.
Uno. Un libro de fotografías que es ya un clásico. Las fotografías que Araki tomó de su mujer hasta su muerte en 1990, en una colección titulada simplemente con el nombre de su mujer: "Yoko".

Una apropiada metáfora del papel de la fotografía la encontramos en la propia cámara de fotos. Un espacio negro, rasgado por la luz durante unas décimas de segundo. Las justas para formar una imagen en el negativo. En cierto sentido, las fotos de Araki son como un resplandor, una mirada que se abre en las oscuridades de los tabúes sociales, para formar una imagen en la conciencia social de un pueblo atado por convencionalismos de todo tipo. Hasta la publicación de este libro de fotos, el cáncer se sitúaba en el mismo nivel que el sexo, en la lista de temas tabúes del momento. Una muerte por cáncer o el padecerlo, era comparable al estigma de sufrir la sífilis hace algunas décadas, como retrataba Kurosawa Akira en su magnífica y poco conocida película "Shizukanaru ketto". En 1996, el libro de Araki en memoria de su mujer vio la luz, y con él la polémica. Por vez primera, el cáncer se reconocía abiertamente, e incluso se mostraba como una persona enferma y sin cura, podía vivir dignamente sin necesidad de esconderse. Como se ha dicho en algunos medios, Araki es el Andy Warhol de la sociedad japonesa, en su función de artista de calado social. Al igual que Warhol trató temas tabú del momento en la sociedad americana de los 70 como el uso de drogas y la homosexualidad, Araki ha destapado muchos de los tradicionalismos japoneses. Un año más tarde la publicación de "Yoko", una nueva aproximación al cáncer fue realizada por Kitano Takeshi en la excelente y premiada "Hana-bi". El tabú había sido asimilado.
Dos. En este voyeurismo sobre las vidas en pareja, se sitúa también un libro más reciente sobre el papel de estas musas venidas a menos. Meisa Fujishiro, un prometedor fotógrafo japonés casado con la modelo Tanabe Ayumi, publicó el año pasado un intimista relato fotográfico de su esposa, con fotos tomadas durante tres años de convivencia. El libro, titulado "Mô, ieni kaero" (venga, volvemos a casa), podría bien subtitularse como "La otra cara de una modelo". Fotografías de escenas cotidianas, donde vemos a una chica con cara de sueño, o un rostro que podría ser el de cualquier chica normal, con el que rápidamente nos identificamos en el devenir de una vida salpicada de pequeños viajes, quehaceres domésticos, o insulsas tardes de aburrimiento. Sin embargo, incluso entre la cotidianidad de una vida en pareja, distinguimos la mirada de amor con que fueron tomadas esas fotografías. Una mirada, que al igual que en el libro de Araki, es muy diferente de esas otras fotografías tomdas a ocasionales modelos en el curso de una carrera profesional.

Quizás es que cuando fotografías a tu pareja, es el corazón el que mira por el objetivo.
| Comentarios (3) |nadie lo sabe
Haciendo la compra nocturna por Ikebukuro, un descubrimiento. En la zona más comprometida de este barrio, entre sex-shop, clubes de mala muerte y demás locales relacionados con el sexo, justo encima de un pachinko se sitúa un pequeño y moderno cine de autor. Fue una casualidad que viese un viejo poster de "Los siete samurai" y me acercase a mirar. Cual fue mi sorpresa al descubrir que están programando un ciclo sobre Kurosawa Akira para todo este mes. Una oportunidad para revisar algún clásico, aunque desde aquel intensivo ciclo en la Filmoteca, poco de Kurosawa me queda por ver.

De vuelta a casa, por fin pude alquilar "Daremo shiranai" (Nobody knows), la famosa película por la que Yagira Yuya ganó el premio al mejor actor en el Festival de Cannes del 2004.

Impresionante película, o mejor dicho, experimento cinematográfico. Rodada en el curso de un año, es una película intimista que narra una gélida tragedia arropada por tiernos y cotidianos sentimientos, de una forma muy cercana a "La habitación del hijo" de Nanni Moretti. Sin embargo, Kore-eda Hirokazu, el director, apuesta por una deconstrucción del guión muy afortunada a la hora de trabajar con niños, como la empleada por Zhang Yimou en "El camino a casa". El director planteaba situaciones, como por ejemplo una cena familiar distendida e irformal, y los actores debían de crear el ambiente y los diálogos, resultando una naturalidad cercana al documental de una improvisación pasmosa. Rodada con una hermosa fotografía muy natural, es una película de sentimientos muy a la japonesa, donde los silencios rellenan los afectos, y las miradas y los gestos hablan por el corazón. Pero además, Kore-eda demuestra un sólido oficio, y sorprende la maestría con la que combina los fríos planos generales cargados de soledad contenida, con primerísimos planos de pequeños gestos u objetos.

Una gran película de la que me arrepiento no haber tenido tiempo en su momento de verla en pantalla grande.
FOTOS: Algunos fotos tomadas durante el rodaje, que captan muy bien la atmósfera del film
El excelente director de fotografía de esta película, y colaborador habitual de Kore-eda es Yutaka Yamasaki.
| Comentarios (2) |neo shunga
Una semana después de su estreno, y el documental sobre Araki sólo se proyecta en la sala más pequeña (y más bonita, por cierto) de los cines "de versión" Cinema Rise de Shibuya. Un domingo por la tarde, y mientras que sus compañeras de cartel mostraban el "aforo completo", para ver el "Arakimentari" apenas unas 25 personas (medio aforo) hacíamos cola para entrar a la sala. De nada sirve poner a Björk, Kitano y Moriyama en el cartel para hacer bulto. Araki sigue representando la doble cara de la moral japonesa. Un fotógrafo de lo "sucio", que a pesar de su fama internacional y sus 55 años, sigue haciendo fotos de desnudos para cutres revistas porno. Dice Kitano que el reconocimiento en Japón de la obra de Araki, es sintómatico de los nuevos aires de cambio de la sociedad. Sin embargo, Araki sigue ocupando un puesto un tanto marginal dentro del stART-system japonés, y a menudo se le contrapone a la seriedad y decoro de Moriyama Daido.

El documental es simplemente un vistazo a la forma de trabajar de Araki, que en ocasiones intenta trascender al individuo, o mejor dicho, canalizar a través de Araki cuanto de arte hay en la fotofrafía. Sin embargo, las preguntas planteadas acaban sin respuestas, y el documental se queda en un buen montaje sobre las siempre interesantes palabras de Araki y amigos, bien arropado por la música y los arreglos de DJ Krush. Música que por cierto a veces incluso roba protagonismo a la fuerza visual de algunas fotos, mientras que otras se solapa con los diálogos, restando resonancia a algunas palabras.
Pocos retazos de la vida de Araki. Nació en el distrito de Taito-ku (Tokio), concretamente en Minowa, barrio pegado al famoso "barrio rojo" de Yoshiwara. Cuenta Araki que el vivir al lado de burdeles, entre la miseria de los barrios pobres, no le impresionó especialmente. Aunque admite que hay una visión que se le quedó grabada: Los cementerio de las prostitutas, cementerios de anónimos panteones, donde los tablones de madera con los nombres de las fallecidas se alzaban solitarios sobre los pequeños mausoleos de piedra. Eran mujeres sin familia ocupando tumbas de paso, olvidadas y reemplazadas por la nueva carne muerta que escupía Yoshiwara. El placer y la muerte separados por una fina línea, difusa bajo la tenue luz roja de los farolilos de papel.
Pero las primeras fotografías de Araki no iban de mujeres, sino de pobres. Influenciado por el neorrealismo italiano como el mismo reconoce, Araki buscó su particular "Tokyo, cittá aperta" retratando la vida cotidiana de sus convecinos en el pequeño barrio de Minowa. Tras estas fotos de marcado corte social, Araki experimentará con nuevas texturas. En particular, una serie sobre los horrores de la guerra en blanco y negro, lograda a través de un revelado con agua hirviendo. El resultado, fotos desfiguradas, como si hubiesen sido quemadas por el calor incendiario producido durante los bombardeos sobre Tokio, verdadero tema e inspiración de esta serie. Pero una de las cosas fundamentales que diferencia a Araki de otros fotógrafos es su forma de trabajar. Suele utilizar hasta cinco tipos de cámaras diferentes, que van desde una polaroid, una cámara compacta de 35mm, un par de réflex, y una cámara de medio formato que es la que más utiliza, en concreto, una vieja y baqueteada Pentax 67. La razón como explica, es una cuestión de experimentación y aprovechamiento. Por un lado cumple con los encargos con las típicas fotos que se esperan de un fotógrafo profesional, pero por otro experimenta para crear sus propias fotos artísticas para sus exhibiciones y libros, de ahí que haya una enorme lista de espera de modelos que quieren desnudarse frente a Araki.

Una de las cosas que más llama la atención de Araki es su aspecto de viejo verde excéntrico hiperactivo. Que no nos engañen sus sempiternas camisas con su cara caricaturizada. Cada palabra de Araki esta cargada de conocimiento. Así, habla de los rigores de una censura que en ocasiones convirtió sus libros de desnudos en páginas en negro. O como para evadirla, acabó por autocensurarse el mismo, pintando y tapando las zonas púbicas de sus fotos con algo más de arte que el sufrido censor. O como terminó por reírse de la censura y sus rídiculas cortapistas a la expresión: Un pene o una vagina deben de ser censurados, mientras que el semen puede mostrarse libremente, por lo que Araki decidió hacer una serie de desnudos cubriendo con semen las zonas "prohibidas", para demostrar la inutilidad de la censura como filtro moralizante.

Uno de los comentarios que mejor describe la obra actual de Araki lo dice una de sus modelos: "Araki representa una reinvención del shunga, o mejor dicho, neo-shunga". Aparte de los famosos grabados japoneses (ukiyo-e) representando típicas vistas, geisha fatales y famosos actores de kabuki, durante el periodo Edo también se hicieron grabados de contenido pornográfico, de multitud de temas y sin censura. Se ha tardado tiempo en reconocer la calidad artísitca de unos grabados, que ilustran algunas de las fantasías sexuales de la época, como falos desproporcionados, sexo con animales, violaciones... Un vistazo a las fotografías de Araki es un vistazo a los deseos más oscuros y carnales de la sociedad japonesa, destilados gota a gota por Araki en los oscuros antros de Kabuki-cho.
FOTOS: Las comparaciones son odiosas. Foto de Araki de 1997 correspondiente a la serie "Tokyo Nostalgia", y grabado shunga de 1770 realizado por Koryusai.
| Comentarios (1) |niña de papá
Escapando del desagradable tifón que se ha instalado en Tokio desde ayer, acabé en una librería donde descubrí toda una "joya": Un libro de fotografías de Sofia Coppola, editado sólo en Japón.
Lo de decir libro es mucho. Es una libretilla que contiene unas 8 fotografías tamaño postal, tomadas entre Nueva York y Los Angeles durante el 2003. Si todavía hay algún incauto dispuesto a pagar los 1600 yenes (12 euros), que cuesta el susodicho folletín, le prevengo: Las fotografías son de una calidad pésima, y parece que han sido tomadas usando una cámara desechable con un mal gusto notable. Son retratos de amigos y familiares, tan malos que ni hechos aposta, incluso hay una foto con los típicos ojos rojos del flash. Vamos, que las fotos no tienen ningún tipo de encanto. Nada. Y sino fuera porque las suscribe quién las suscribe, esas fotos nunca hubiesen visto la luz, y serían las típicas foto guardadas en un cajón con el único propósito de reírte de tu pobre amigo, amenazándole con enseñarlas públicamente.

Pero claro, es lo que tiene el ser hija de papá famoso y con influencias. Qué lo mismo te regala un "papelito" en "El Padrino", que te costea un año como periodista de moda en Tokio, o que te produce tu primera película. Personalmente, creo que Sofia Coppola ha sabido rodearse de un buen equipo técnico fruto de sus amistades en el mundo del cine, lo que le soluciona la papeleta en muchas ocasiones, ya que en definitiva no deja de ser una directora correcta, sin más. Y como guionista tampoco va más alla. Sus guiones aunque en planteamiento originales, les falta fuerza y desarrollo. Por ejemplo en "Lost in translation", el personaje magníficamente interpretado por Scarlett Johansson, es un claro ejemplo de vacua personalidad desapegada de la realidad, lo que provoca que este personaje sea del todo inverosímil, y ni siquiera clasificable dentro de esa "Generación X" de gentes sin rumbo.
Bob: What are you doing?
Charlotte: My husband's a photographer, so he's here working. I wasn't doing anything so I came along.
Bob: What do you do?
Charlotte: I'm not sure yet, actually.
Sin embargo, Sofía Coppola podría ser una magnífica Directora Artística (gusto tiene, eso no hay que negárselo), que además siempre acierta eligiendo los temas de sus bandas sonoras. Aunque eso si, el Oscar de "Lost in Translation" debería de haber sido para Lance Acord, excelente director de fotografía de entre otras "Being John Malkovich", "Adaptation", "Buffalo 66", y por supuesto amiguete de la Coppola desde "The Virgin Suicides".
Hablando de "Lost in translation", a mis amigos japoneses no les ha gustado, ya que se sienten un poco incómodos con tanto tópico, y no se ven identificados en los excéntricos japoneses que recorren la película. Aunque eso si, todos se han hecho eco de la "New York fashion" que destila la película y su directora, única razón que encuentro a que se haya podido publicar este folletín fotográfico en Japón. Triste pero cierto es, que todo lo que tenga que ver con NY arrasa.
| Comentarios (0) |Naoya Hatakeyama
Me encantan las fábricas. Son edificios puramente funcionales, que no entienden de diseño ni de criterios estéticos. Se construyeron para un fin concreto, y con eso basta. Son imponentes edificaciones de hierro y hormigón de formas extrañas, y a veces, incluso surcados por enormes tuberías a modo de arterias, que hacen más visibles unas entrañas que nadie se ocupo de cubrir. Edificios grises sólo adornados con una pátina de suciedad que les hace incluso más hermosos.
Y por supuesto, me encantan las fotos de fábricas. Quizás Charles Sheeler y Paul Strand, hayan sido los mejores fotógrafos de fábricas, allá a principios del siglo XX, en plena efervescencia industrial, supieron captar la belleza de unas construcciones que hasta entonces nadie se había molestado en fotografiar.
Mi última adquisición ha sido un libro del fotógrafo japonés Naoya Hatakeyama, que ha sabido fotografiar con gran belleza y a todo color, fábricas por todo Japón. Realmente, hasta que no ví las fotos de Hatakeyama, pensaba que sólo en blanco y negro podía mostrarse la belleza de estos edificios. Me equivoqué. Los suaves colores desteñidos por el tiempo contrastan a la perfección con los tonos ocres del metal oxidado.
Pero aparte de sus fotografías de fábricas y prospecciones mineras (serie Limeworks), o de sus inquietantes fotos nocturnas en blanco y negro de alguno de los edificios colmena de los suburbios japoneses (serie Maquettes/light), Hatakeyama es capaz de captar el aliento de una ciudad en continuo cambio como es Tokio (serie Untitled 1989-2001), iluminar las oscuras profundidades de los canales que se encuentran bajo el barrio de Shibuya (serie underground), o captar la disperisón de la luz producida por gotas condensadas en un cristal de un coche (serie Slow Glass).
畠山直哉 Naoya Hatakeyama