estadio
"Estadio Meiji Jingu", Tokio, Japón. 2008
Olympus Pen D. Film Kodak UC 400
cerezos

"Cerezos", Tokio, Japón. 2008
Canon T-90. Film Ilford PanF plus 50. Objetivo 50mm
pluma
"Pluma", Tokio, Japón. 2005
Canon AE-1 Program. Film Kodak T-Max 400 forzado 800. Objetivo 50 mm
sandalias
"Sandalias", Playa de Onjuku, Chiba, Japón. 2007
Olympus Pen D. Film Konica Centuria 200
colmenas
"Edificios de viviendas", Shanghai, China. 2007
Canon AE-1 Program. Film Kodak T-Max 400. Objetivo 35-70mm
parking

"Parking", Tokio, Japón. 2005
Canon AE-1 Program. Film Kodak T-Max 400 forzado 800. Objetivo 50 mm
yangtze
"Riberas del Yangtze", Shanghai, China. 2007
Olympus Pen D. Film Agfa Vista 400
taquillas

"Taquillas de un baño público abandonado", Tokio, Japón. 2005
Canon AE-1 Program. Film Kodak T-Max 400 forzado 800. Objetivo 50 mm
macizo
"Macizo en el parque Hamarikyu", Tokio, Japón. 2007
Canon AE-1 Program. Film Kodachrome 64 Professional. Objetivo 35-70mm
hokkaido
Sobre el viaje a Hokkaido ya he hablado extensamente en otros lugares, por lo que la presente colección de fotos es un recorrido desordenado e improvisado por lugares de Tohoku y Hokkaido. El lugar es irrelevante. Importa el momento y el transmitir la atmósfera del road-trip. Un viaje en carretera, sin destino, y una serie de fotografías en donde no se ven lugares reconocibles. Simplemente lugares de paso, paradas fortuitas en donde un mágico resorte vencía a la pereza habitual de sacar la cámara.
"Carretera al mar del norte" es la síntesis de ese viaje sin destino -dirección norte.
ropa
"Ropa al sol", El Escorial, España. 2005
Canon AE-1 Program. Film Kodak T-Max 400. Objetivo 35-70mm
faros
"Faro del cabo de Inubo", Chiba, Japón. 2007
Olympus Pen D. Film Kodak UC 400 subexpuesto 200
columpio
"Columpio", Tokio, Japón. 2006
Canon AE-1 Program. Film Kodachrome 64 Professional. Objetivo 35mm
malecón
"Malecón", Shizuoka, Japón. 2007
Olympus Pen D. Film Kodak T-Max 400 subexpuesto 200
1901

"Fábrica 1901", Fukuoka, Japón. 2005
Canon T-90. Film Kodachrome 64 Professional. Objetivo 80-200mm
shonan
"Playa de Shonan", Kanagawa, Japón. 2007
Olympus Pen D. Film Kodak T-Max 400 subexpuesto 200
verde

"Semáforo", Tokio, Japón. 2006
Canon AE-1 Program. Film Kodachrome 64 Professional. Objetivo 50mm
hormigón
"Hormigón", Tokio, Japón. 2006
Tosei Frank Six. Film Neopan 400
playa
"Playa", Shonan, Japón. 2007
Canon AE-1 Program. Film Kodachrome 64 Professional. Objetivo 35-70mm
flores
"Flores", Tokio, Japón. 2006
Tosei Frank Six (6x4.5). Film Fujicolor Pro 160NS
scalextric

"Scalextric en Shinagawa", Tokio, Japón. 2005
Canon AE-1 Program. Film Kodak T-Max 400 forzado 800. Objetivo 50 mm
budas

"Budas", Shikoku, Japón. 2007
Canon EOS-5. Film Fujichrome Fortia SP. Objetivo 28-70mm
aves

"Aves", Nikko, Japón. 2006
Canon AE-1 Program. Film Fujicolor Pro400. Objetivo 35-70mm
paseo

"Paseo frente al río Arakawa", Tokio, Japón. 2005
Canon AE-1 Program. Film Kodak 125 PX. Objetivo 50mm
bloque 22
"Bloque B-22", Saitama, Japón. 2007
Olympus Pen D. Film Kodak Portra 400VC
rainy days
"Contrary to the general belief about photography, you don't need bright sunlights: the best, moodiest pictures are taken in the dim light of almost-dusk, or of rainy days, like it was now in Delaware, late afternoon with rain impeding in the sky and lights coming on the road"
Conversaciones de Robert Frank y Jack Kerouac

"Callejón en Sugamo", Tokio, Japón. 2006
Canon AE-1 Program. Film Ilford 3200 subexpuesto 800. Objetivo 35mm
lago

"Lago", Lago Toyako, Hokkaido, Japón. 2006
Canon AE-1 Program. Film Kodak T-Max 100 forzado 200. Objetivo 35-70mm
escalera
"Escalera", Parque de Sankei, Yokohama, Japón. 2007
Canon T-90. Film Kodak Portra 400VC. Objetivo 80-200mm
pedal

"Pedales", Parque Inogashira. Tokio, Japón. 2006
Canon AE-1 Program. Film Ilford Delta 3200 subexpuesto 800. Objetivo 50 mm
haneda
"Aeropuerto de Haneda", Tokio, Japón. 2005
Pentax 6x7. Film Fuji RVP Velvia 100. Objetivo 150mm
tetrápodos

"Tetrápodos", Isla de Oshima, Tokio, Japón. 2005
Canon AE-1 Program. Film Kodak T-Max 100. Objetivo 50 mm
columnata
"Parc Güell", Barcelona, España. 2006
Tosei Frank Six. Film Fujicolor Reala Ace 100
café

"Café", Kobe, Japón. 2006
Canon EOS-5. Film Ilford PanF plus 50. Objetivo 28-70mm
rainbow bridge

"Rainbow Bridge", Tokio, Japón. 2006
Canon AE-1 Program. Film Kodachrome 64 Professional. Objetivo 28mm
metropolitain
Son muchas las vagas generalidades que se escriben sobre París, y en cierta forma todas y a la vez ninguna son ciertas. En las calles de París, más allá de los puestos de postales ni percibí la luz ni el romanticismo del que tanto se habla. Sin embargo, al igual que todas las ciudades, París se presenta de forma diferente según los ojos de cada persona que la mire. En esta serie, mi mirada de París se construye a base de retales y fragmentos fruto de un atracón turístico por sus calles. Una mirada conscientemente superficial, y que sin duda sólo captó el barniz turístico de una ciudad que por otro lado no me dió argumentos para hacerla un día mi hogar.

fotos_
Canon AE-1 Program. Film Kodak Tmax 400. Objetivo 35-70mm
Una ciudad que sin embargo ha sido fuente de inspiración de multitud de artistas, y que ha sido a lo largo del tiempo retratada de forma más excelente, como se puede ver estos días en L'Institut franco-japonais de Tokyo, en una exposición titulada simplemente "Paris", y que a través de varios fotógrafos franceses nacidos a principios de siglo, nos muestra la evolución de esta tan amada a la vez que odiada capital.
| Comentarios (0) | TrackBacks (0) |pisos
"Pisos", Tokio, Japón. 2007
Olympus Pen D. Film Kodak Portra 400VC
grúas

"Grúas", Kobe, Japón. 2006
Canon EOS-5. Film Ilford PanF plus 50. Objetivo 28-70mm
roca
"Roca", Bamboo Island, Tailandia. 2007
Olympus Pen D. Film Fujicolor Reala Ace 100
chimenea
"Chimenea", Tokio, Japón. 2005
Pentax 6x7. Film Fuji RVP Velvia 100. Objetivo 150mm
sagrada familia
"Sagrada Familia", Barcelona, España. 2006
Tosei Frank Six. Film Fujicolor Reala Ace 100
reflejo

"Reflejo", Tokio, Japón. 2005
Canon AE-1 Program. Film Kodak T-Max 400 forzado 800. Objetivo 50 mm
charco

"Charco", Tokio, Japón. 2006
Canon AE-1 Program. Film Kodachrome 64 Professional. Objetivo 35mm
templos

"Templos", Bangkok, Tailandia. 2006
Canon AE-1 Program. Film Kodak T-Max 100 forzado 200. Objetivo 35-70mm
norias

"Norias", Fukuoka, Japón. 2005
Canon T-90. Film Kodachrome 64 Professional. Objetivo 80-200mm
transeúnte

"Transeúnte", Shibuya, Japón. 2005
Canon T-90. Film Kodak Ektachrome P1600 Professional. Objetivo 50mm
oden

"Oden", Nakasu, Fukuoka, Japón. 2006
Canon EOS-5. Film Fuji Neopan 1600. Objetivo 28-70mm
reparto

"Reparto", Yanaka, Tokio, Japón. 2005
Canon AE-1 Program. Film Kodak T-Max 400 forzado 800. Objetivo 50 mm
descascarillado

Puerta en Kitano-cho, Kobe, Japón. 2006
Canon EOS-5. Film Ilford PanF plus 50. Objetivo 28-70mm
playa
Una nueva galería de fotos en el portafolio, resultado de aquel safari fotográfico que resultó no ser para tanto. Sólo usé tres carretes, y en su mayoría para fotografías de corte turístico totalmente prescindibles.
Las playas de Okinawa en los contrastes entre el cristalino mar azul y sus arenas brillantes lavadas por la erosión, encierran un aviso de muerte contrapuesto a la exuberancia vegetal de los alrededores. La detenida observación de la arena revelará un cementerio descompuesto de infinidad de moluscos, reducidos muchos a pequeñas partículas de un blanco cenizo. Un microscópico espectáculo de muerte reposando bajo la helada belleza del paisaje.
Sostenido por los cadáveres calcificados, me vinieron a la memoria fragmentos de esa excelente película de Terrence Malick, "La delgada línea roja": Una reflexión sobre la tragedia de la Guerra del Pacífico, que tiñó de rojo idílicos paisajes que bien podrían ser los mismos en donde me encontraba. Una sensación que sin embargo no experimenté en las reconstruidas playas turísticas de Guam, lo que dice mucho del misticismo que todavía puede respirarse en unas playas, donde no es difícil encontrar símbolos y amuletos sintoistas dispuestos para aplacar a los espíritus errantes.
okinawa

Danza en el castillo de Shurijo, Okinawa, Japón. 2006
Canon EOS-5. Film Fujicolor Pro400. Objetivo 70-300mm
de safari
Me voy de escapada a Okinawa, el archipiélago de islas más meridionales de Japón. En los apenas dos días que estaré, espero darme mi primer baño en el mar, disfrutar de sus famosas playas de aguas cristalinas, y alternar en algún pequeño bar en donde la bella música de Okinawa junto a los efluvios del awamori me evada del estrés de Tokio.
Aprovecharé para hacer algunas fotografías en plan safari. Por eso, me llevaré la EOS 5 para no tener que pensar demasiado a la hora de hacer una fotografía, y un cargamento de película más que suficiente para dos días en los que la consigna es relajarse.

Equipaje: Canon EOS 5, Objetivos Tamron 28-80mm, 70-300mm, Film Fujicolor Pro400
poste
Poste, Tokio. 2006
Canon EOS-5. Film Fujicolor 100 caducado (forzado ISO400). Objetivo 70-300mm
白鳥
Cisne en Hibiya, Tokio. 2006
Tosei Frank Six. Film Kodak professional 400T-MAX
un banco en el parque
Preguntado el gran director de cine Aki Kaurismaki sobre sus preferencias a la hora de filmar, contestó:
"Bueno, a mi me basta con una pareja hablando delante de un muro. También me conformo con una sola persona delante del muro. Y con ninguna, ya que, ahora que lo pienso, a mí lo que de verdad me interesa es el muro"
Y yo que no dudo de que la gente que se sienta en los bancos es interesantísima...
Canon T-90. Film Kodak professional ektachrome 200 (forzado ISO800). Objetivo 50mm
ntt
Torre NTT vista desde Harajuku, Tokio. 2005
Canon T-90. Film Kodak professional ektachrome 200 (forzado ISO800). Objetivo 80-200mm
御手洗 mitarashi
Mitarashi del santuario Meiji, Tokio. 2005
Canon A-1. Film Kodak High Definition 400 (caducado). Objetivo 80-200mm
nieve
Puerto de Navacerrada, Madrid. 2006
Canon T-90. Film Kodachrome 64 Professional. Objetivo 35mm
tokyo no yoru // monochrome
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| Comentarios (2) |madriz
De vuelta de la vorágine inmobiliaria en que se ha convertido Madrid, y con la convicción una vez más de que en cada vuelta otro recuerdo ha dejado de pertenecerme, reflexiono sobre esta ciudad canalla que peligrosamente va cerrándose sobre si misma. La proliferación de barrios dormitorios de calles solitarias faltas de comercios, zonas verdes o plazas vertebradoras; en donde sólo la imponente presencia de un enorme e impersonal centro comercial parece dar algo de color, amenaza con aislar aún más el carácter de unas gentes que siempre han tenido fama de abiertas. Los nuevos barrios, lejos de ser modernas construcciones fruto de algún estudioso urbanista, no son más que calcos de los masificados barrios franquistas de obreros, en donde casas de pisos baratos construidas con el mismo molde, ocupaban cuadras enteras en donde era difícil encontrar un comercio o un taller en alguna de sus calles. Con el tiempo los comercios se abrieron paso desde los oscuros sótanos a golpe de pico, aunque su paso ha sido fugaz ante el empuje de unas grandes superficies que han puesto en jaque a unos comercios que más allá de ser proveedores, ejercían la función junto a los bares de ágora del pueblo. Hoy los bares se convierten en franquicias, y desde los sótanos de las nuevas construcciones no salen más que coches.

El colorido social de un pueblo siempre habituado a vivir en la calle parece haberse perdido, siendo sustituido por la algarabía de unos inmigrantes que por suerte dan algo de calor humano a las vacías zonas comúnes de esta ciudad que se desmembra, ante la complaciente mirada desde la distancia de unos ciudadanos atrincherados en sus hipotecas con seguridad 24h y pista de paddle.
| Comentarios (7) |azotea
"Desde tiempos inmemoriales el hombre ha querido subir a los tejados"
Ocurre a veces que en ese deambular dominical por librerías de descuento, encuentras libros que te impresionan profundamente, pero que dejas abandonados con un "ya lo compraré luego", hasta que te das cuenta que ha sido demasiado tarde y que el libro en cuestión volvió a su oscura estantería sin posibilidad de retorno. Entre otros, me pasó con un libro de fotografías de Madrid.
La particularidad del libro es que eran fotografías de los tejados y azoteas de Madrid. Recuerdo que de golpe, el libro me abrió una nueva perspectiva en la forma de ver la ciudad. Sin saberlo entonces, Madrid escondía en las alturas parques de estatuas que llevan contemplando décadas el paso de indiferentes transeúntes. Con sólo alzar la vista, pueden contemplarse las figuras desdibujadas por el contraluz de fantásticos animales o de hombres de corte neoclásico que se asoman por tejados que parecen inalcanzables. Madrid visto desde arriba, es un inmenso campo sembrado de prados de tejas, bosques de chimeneas de adobe desafiantes, y figuras de un bronce oscuro suavizadas por la erosión.
Me consta que no fui el único al que ese libro le descubrió nuevos espacios. O no es demasiada casualidad que películas como "La comunidad" o "El corazón del guerrero" por poner dos conocidos ejemplos, basen su acción en algunos de estos maravillosos tejados madrileños.
En Tokio los tejados están ocupados por azoteas, que sin formar el mosaico de tejas multicolor de Madrid, conforman unos espacios en su mayoría accesibles que son una perfecta vía de escape para alzarse sobre el estrés de la ciudad. En las alturas, la ciudad se presenta como una amalgama de edificios de diferentes alturas, coronados en su mayoría por arcaicos depósitos de agua que dan sombra a las antenas de televisión y parabólicas omnipresentes. A falta de zonas verdes, estas terrazas son un destino accesible para el solaz y para la contemplación de fenómenos enmascarados por una fina contaminación, como son los amaneceres, atardeceres, noches estrelladas e incluso la presencia del Fuji. Con suerte, en algún día de extraordinaria nitidez es posible observar alguno de estos cotidianos acontecimientos, aunque si bien antiguamente la ciudad presumía de tener lugares señalados para la visión del Fuji (generalmente en alguno de sus innumerables promotorios), hoy en día sólo queda uno de estos antiguos observatorios en Nishi-nippori, aunque un moderno edificio tapa la mitad de la imponente silueta que sólo se manifiesta ocasionalmente. Quedan los tejados como observatorios de la vida de una ciudad, no acostumbrada a mirar a las alturas más allá de los anuncios de neón. La palidez de un atarceder en Tokio no puede competir con el espectáculo de vivídos colores de las pantallas de televisión y de los anuncios estáticos.
Los tejados de antiguos edifcios como los del Doujunkai, son auténticas joyas en donde persistentes matorrales o valerosas plantas de interior, han colonizado las grietas del viejo hormigón, creando esteparios jardínes muy del gusto zen. En otros tejados con más suerte, los vecinos han creado a conciencia un pequeño jardín a base de macetas, en donde poder atisbar algo de ese verde que no cabe en las pequeñas terrazas-tendederos-one-room. Cada azotea de cada edificio tiene un encanto particular, que esperas descubir cuando subes los peldaños de la escalera, con ese goze de peligrosidad a sabiendas de que estas entrando en una propiedad privada. Una vez arriba, el tiempo se detiene y recorres lentamente las esquinas, buscando los mejores reflejos de una ciudad que desde las alturas ofrece un espacio despejado de cables y mucho más respirable. Es el momento entonces de entregarse a la contemplación ociosa, o al disfrute un libro o una canción en este particular jardín en las alturas.

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| Comentarios (80) |un atardecer
Tras pasar el día en la playas de agua verde esmeralda de Omijima, en la provincia de Yamaguchi, volvíamos por la pequeña carretera de la costa que bordea el bello mar de Japón. Nuestro destino era Kita-Kyushu, aunque antes habríamos de hacer parada para probar uno de los platos típicos de la región:kawara-soba. Hecha a base de soba con té verde y carne de cerdo, es cocinada sobre una teja de cerámica igual a las usadas en las casas tradicionales.
El sol comenzaba su perezoso camino hacia las profundidades del horizonte, y mirando el paisaje desde el coche, nos preguntábamos, sin hacerlo en voz alta, cual sería el mejor lugar para la contemplación de este casi olvidado espectáculo. En lo que parecía un repecho de la costa, un destartalado cartel anunciaba un hotel con terraza. Cruzando el pequeño paso a nivel del tren local y ocultada por un pequeño pinar, una explanda tomada por los arbustos se abría en lo que debería de haber sido el parking del hotel. Frente al mar y sobre un imponente acantilado, una estructura de madera carcomida y precintada, era el único vestigio de lo que debería de haber sido una hermosa terraza con vistas al atardecer, en donde rasgados farolillos todavían colgaban meciéndose al son de aprendidas melodías de antaño. A la derecha, el eterno hormigón daba cuenta del pequeño hotel con hermosas habitaciones al mar, donde los únicos huéspedes que quedaban eran enormes insectos que transitaban por las paredes con la confianza de sentirse en su casa.

Aunque un tanto tenebroso, era el lugar perfecto. Arrullado por el sonido del mar rompiendo en las rocas, y el característico aullar de las cigarras del pinar cercano, el hotel podría haber sido un aislado oasis de paz frente a la costa. El sitio idóneo para acabar un día de playa, sentado en su fresca terraza con la madera recién empapada por la manga, y con la mirada perdida en el horizonte. Disfrutando quizás de algunos pescados locales hechos en una pequeña parrilla, acompañados de algún sochu autóctono. Sin embargo, como si hubiese sido abandonado con urgencia, el hotel se consumía en el inexorable pasar del tiempo. A través de las desechas cristaleras, se atisbaban tatami carcomidos y un mobiliario astillado por la humedad y el salitre. Era desolador ver la nevera abierta del bar, y la cámara con un viejo logo de Coca-cola, donde las sodas para combatir el calor del verano reposaban hechas añicos. Algunas habitaciones todavía accesibles habían sido saqueadas a conciencia, despojadas de sus tatami y de sus embellecedores de madera. El hormigón pelado contribuía a la desnudez de unas habitaciones, en donde mugrientos futones y yukatas habían sido abandonados, junto a algunos muebles cuyas formas se habían tornado irreconocibles.
Era un paisaje irreal suspendido en la tenue claridad del crepúsculo. La atmósfera del lugar se hacía más inhóspita a medida que el sol titilaba en el horizonte y la intensidad de la luz disminuía, como si nos dijese que no eramos huéspedes bienvenidos al baile de fuegos fatuos que comenzarían con la negrura de la noche. En el momento en que nuestras sombras se fundieron con la oscuridad del lugar, decidimos abandonar el hotel. En todo ese tiempo, sólo algunos monosílabos y el ruido del film al pasar, habían interrumpido la contemplación de un atardecer en todo silencioso, sobrecogidos como estabamos por la solemnidad del lugar.
| Comentarios (4) |isole
En uno de los capítulos de "Caro Diario", Moretti emprende un viaje por las pequeñas islas en torno a Sicilia. Islas que tienen un carácter propio, y que se nos descubren como pequeñas y aisladas comunidades unidas por pesados y medio vacíos barcos.

El peñon de FudejimaSin el tiempo disponible para emprender semejante viaje, aproveché dos días de puente para visitar la mayor de de las islas cercanas a Tokio: Oshima. Llamadas Islas de Tokio o islas de Izu, lo cierto es que este archipiélago de once islas volcánicas pertenecen al gobierno metropolitano de Tokio. Y así Oshima es considerada un barrio más dentro del distrito de Shinagawa, a algo más de cuatro horas en barco de la capital. Sin embargo, la influencia de la metrópoli acaba en la tipografía de las señales. El resto es una zona campestre, que bien podría estar situada en las profundidades del inaka (campo) japonés. Viejos caminos, abundante vegetación y descomunales bichos pueblan una isla donde los grandes complejos hoteleros brillan por su ausencia, y el hospedaje es monopolizado por trabajadores ancianos que alquilan desde habitaciones (minshuku) hasta "casas rurales". Una isla que vive de un turismo tratado con recelo, como lo demuestra la práctica ausencia de playas con arena, restaurantes y bares. Sin embargo, la isla esconde un maravilloso tesoro en sus costas: Un cristalino mar azul frecuentado por amantes del submarinismo y la pesca, donde incluso con unas pequeñas gafas de buceo y sin apenas alejarse de la costa, es posible admirar parte de la riqueza de sus aguas. O incluso degustarla en algunos de los supermercados provistos de fresquísimos peces y mariscos.
Una vacía tienda de souvenirs cerca del volcán MiharaLa isla está presidida por el pequeño y activo volcán Mihara. Y si en la isla de Estrómboli, el agrimensor le decía a Moretti que la presencia intimidadora del volcán volvía a la gente desconfiada, en Oshima el volcán quizás explique porqué la isla no se ha convertido en la válvula de escape para los estresados habitantes de Tokio, y sean las sucias playas de Enoshima y Chiba las elegidas para "dominguear" y combatir los calores del verano.
Un autobús abandonado comido por la vegetación y el óxido
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| Comentarios (3) |organic cafe
Fue en el verano del 2001. Gracias a una beca de intercambio disfruté de mi segunda estancia en Tokio, y de un minúsculo apartamento en Meguro. Muchas veces, el depender del último tren te quitaba de tomar la penúltima, algo especialmente doloroso si era una excepcional refrescante noche de verano, y no había ánimo como para alternar hasta primeras horas de la mañana. Se hacía necesario el buscar un sitio cercano donde poder apurar una última copa sin la urgencia de no poder volver a casa.
La respuesta vino gracias a la revista "Metropolis". Una reseña de un café en Nakameguro nos dió la clave a unos quince minutos andando de casa.

"Organic Cafe" es un local de moderna decrepitud al estilo de los cafés de Lavapiés. Con un toque afrancesado, quizás esta proximidad europea me haga sentirme como en casa en alguno de sus viejos sillones, o en sus psicodélicas sillas de plástico de otras épocas. Los grandes ventanales que dan al río Meguro no son un espectáculo suficiente como para pasar toda una tarde, ni siquiera los escasos transeúntes que pasan por enfrente del café. Sin embargo, algo te atrapa. Podría ser su expreso, alguna de las tartas, algún cocktail o incluso alguna de sus abundantes raciones de comida italo-francesa. O quizás una selección musical entre el chill-out y el jazz -según temporada-, siempre escogida con gran gusto. Aunque quizás no haya más explicación que la de ser uno de esos espacios que haces como tuyo. Lugares donde pasar deliciosas horas solo o en compañía, y que si no fuera por la lejanía, serías más que un ocasional visitante.












