corbusier
A poco para que clausure la exhibición homenaje a Le Corbusier en el Mori Art Museum, es tiempo de hacer balance ahora que la fiebre por este arquitecto empieza a remitir de las revistas japonesas. Formalmente, la presencia de Le Corbusier en Japón se reduce a un solo edificio: el Museo Nacional de Arte Occidental situado en el parque de Ueno. Sin embargo, el que varios arquitectos japoneses se formaran en el estudio parisino de Le Corbusier (entre ellos Kunio Maekawa) contribuyó a magnificar su influencia en lo que podríamos llamar modernismo japonés.

Villa Savoye de Le Corbusier - Fotografía de Sugimoto Hiroshi
En la magnífica exposición, además de muchas de las pinturas y diseños no arquitectónicos de Le Corbusier, es posible pasear por maquetas escala 1:1 de alguna de sus construcciones. Una de estas maquetas es la reproducción de un apartamento de su edificio de viviendas Unite d´habitation Marsella. Construido en 1952, el edificio sintetiza los esfuerzos del arquitecto de implantar su idea de espacios residenciales combinados con servicios: además de las viviendas, contiene una galería comercial, salas multiusos, y una azotea de uso común con lavadero y guardería. En Japón, en donde la falta de espacio es evidente, este tipo de comunidades de servicios compartidos deberían de haber sido una evidente solución, que sin embargo no llegó a cuajar. Antes de Le Corbusier, los edificios Doujunkai contenían el germen de esta solución de alternancia de espacio público y privado ofreciendo desde un baño público (sento) a parques infantiles, lavaderos, o habitaciones multiusos; además de aportar algunas ideas novedosas en el uso del espacio (modulabilidad) gracias a la interconvertibilidad de la habitación de tatami de algunas de las viviendas.
La guardería situada en la azotea de la Unite d´habitation es hoy en día una escuela de arte para niños. Iniciativa cultural y socializadora que poco tiene que ver con el mutismo hedonista de los spa que hoy en día se construyen en las altas torres de apartamentos de Tokio. El concepto de comunidad o asociacionismo vecinal desaparece en nuestros días, y la comunicación con gente con la que compartimos muros de carga se obvia, prefiriéndose la comunicación con lejanos vecinos separados por paredes de plasma. Ishihara Shintaro, gobernador de Tokio, propone la conversión de las azoteas en espacios verdes comunes. Recuperemos el cielo y convivamos.
| Comentarios (1) | TrackBacks (0) |ciutat / valencia
Al pasear por ese gran mausoleo autohomenaje a Santiago Calatrava, se tiene la sensación de estar ante una enorme maqueta de cartón piedra que representa la zona futurística de un enorme parque de atracciones, o el vestigio de una enorme Exposición Universal que nunca llegó a celebrarse. De seguro que Calatrava se perdió la clase de urbanismo en la que explicaron eso de que la arquitectura tiene que mimetizarse con el paisaje circundante. O si no, es poseedor de un ego monumental que de momento le ha cerrado las puertas al premio Pritzker.
Con todo, esa enorme falla que es la ciudad de las artes y las ciencias, posee la fotogenia propia de los grandes edificios monumentales, reclamo de turistas ávidos de excentricidades financiadas con dinero público. Un sin duda bello parque temático en el que no se entiende que no se cobre entrada...
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Ciutat de les Arts i de les Ciències, Valencia, España. 2006
Canon AE-1 Program. Film Kodak Tmax 100. Objetivo 35-70mm





Sendai Mediatheque
La Mediatheque de Sendai, del arquitecto Ito Toyo es uno de esos edificios singulares construidos para dar identidad a ciudades con necesidad de algún atractivo monumental. Sin emabrgo, es este un edificio cuya singularidad no reside en unas formas caprichosas destnadas a llamar la atención, sino en su perfecta inclusión con el medio que le rodea. Enclavada en un espacioso bulevar de altos árboles, se podría pasar junto a su lado sin percatarse de su singularidad, que por otro lado sólo es percibible una vez que se entra. Desde fuera, las grandes vértebras que atraviesan a la vez que sustentan las diáfanas plantas del edificio, se confunden entre el cristal con estructuras arbóreas cuyos troncos parecen sujetar ramas de acero y hormigón. En perspectiva, el espacio translúcido del edifico contribuye a crear una sensación de profundidad que combinada con los árboles del bulevar, crea el efecto de un bosque en donde el límite entre la parte órganica e inórganica se hace difícil de precisar.
Una vez dentro de este edificio multiuso dedicado a la cultura, sorprende la amplitud de espacios y una luminosidad natural que fluye como si no hubiera cristales ni paredes que la detuvieran. Las vértebras se utilzan como espacios distribuidores entre las plantas que albergan ascensores o escaleras y que comunican con el exterior del edificio, dando la sensación de que es por estos espacios helicoidales por donde la luz se filtra.
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Sendai Mediatheque, Japón. 2006
Canon AE-1 Program. Film Fuji Neopan 1600. Objetivo 35-70mm







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tower house
Paseando por Aoyama me topé con una pequeña y compacta torre de hormigón, que pese a su tamaño sobresalía del resto de modernos edificios gracias a su marcado carácter de monumento atemporal. Encuadrado el edificio en mi cámara, fue cuando percibí que ese edificio ya lo había visto antes. Un impreciso recuerdo que no volvió hasta que no revelé el carrete, y de nuevo ante la familiaridad del edificio, me decidí a buscar entre mis libros y revistas. La búsqueda no duró demasiado y confirmó que efectivamente ya lo había visto: Era el edificio #85 de la lista de 100 edificios modernistas realizada por DOCOMOMO y publicada por "Casa Brutus".

El edificio fue diseñado por Azuma Takamitsu como su vivienda personal en 1966, y aún hoy es un ejemplo de aprovechamiento del espacio y lugar de visita obligada para estudiantes de arquitectura. Con motivo de los Juegos Olímpicos, el gobierno metropolitano llevó a cabo un ambicioso plan de reformas urbanas que incluía el ensanchamiento de algunas de las principales vías urbanas. La expropiación de terreno y la pavimentación de nuevas vías con aceras dejó muchas propiedades reducidas a la mitad, y sin casi ningún aprovechamiento posible. La parcela comprada por un jóven Azuma de 32 años contaba con apenas 20 m², que gracias a su aprovechamiento vertical supo convertir en unos muy funcionales 65 m² habitables.

Por aquel entonces Azuma estaba embarcado en la farónica construcción de la parte oeste de la estación de Shinjuku, lo que se ha visto como un indicador de como la racionalización de un espacio unifamiliar podía extrapolarse a la gestión de grandes espacios, sin perder funcionalidad en el trasvase. Cuando las dos obras terminaron, Azuma dejó su trabajo en Sakakura Associates Architecs and Engineers para establecerse por cuenta propia en el sótano de su recién construida casa. Más adelante mudó su floreciente estudio a los famosos y cercanos Harajuku Central Aparment, lugar que por aquel entonces acogía lo más puntero del diseño japonés como las oficinas de los fotógrafos Asai Shimpei y Kurigami Kazumi, o del ilustrador Uno Akira entre otro. Sin embargo, este singular edificio construido apenas ocho años antes que el de Azuma, fue demolido en 1996 para acoger ese mastodónico complejo comercial que hoy aloja a GAP, en la esquina Meiji - Omotesando Dori. Un destino que probablemente también verá la Tower House cuando un octagenario Azuma se vea incapaz de subir las escaleras, y tenga que dejar una casa ahora sólo habitada por él, y por una sonriente esposa que recibe paciente a los numerosos grupos que aún hoy visitan la casa.
| Comentarios (1) | TrackBacks (0) |do_co,mo.mo
Docomomo es el acrónimo de DOcument and COnservation of buildings, sites and neighbourghoods of the MOdern MOvement, una organización académica fundada en Holanda en 1988 por Hubert-Jan Henket, con el único propósito de conservar el legado arquitectónico modernista, o lo que es lo mismo, el de aquellos edificios contruidos entre 1920 y 1970. Japón se convirtió en el primer país asiático en pertencer a esta organización en 1998, y desde entonces sus miembros velan por la difícil preservación arquitectónica, en un país empeñado en demoler cualquier "ruina" que no cumpla con los debidos preceptos de seguridad por muy histórica que sea.
En el 2003, el comite japonés creó una lista con las cien construcciones modernistas más importantes de Japón, en la que además de clásicos como los apartamentos Dojunkai, empatan en el número de edificios (6) los arquitectos Kunio Maekawa y Kenzo Tange
Con ocasión del centenario de su muerte, la sala de exposiciones de la Estación de Tokio -pequeña pero muy "modernista"- alberga una retrospectiva de Kunio Maekawa, o lo que es lo mismo, un repaso a la evolución de la arquitectura japonesa del siglo XX. Discípulo de Le Corbusier e indirectamente de Frank Lloyd Wright a través de Antonin Raymond, Maekawa es considerado el padre del modernismo en Japón, y su legado abarca todo un siglo de cambios históricos que de alguna forma dejaron su impronta en un hormigón, cuyas trazas han seguido varias generaciones de arquitectos.

The international house of Japan de Maekawa. Fotografía de Koichiro Kanematsu
A Maekawa se le podría considerar el arquitecto oficial del gobierno y de lo políticamente correcto, siempre a cargo de las grandes obras estatales e intentando mantenerse lejos de los vaivenes políticos que podrían dejarle sin trabajo. Durante la II Guerra Mundial, los proyectos de Maekawa para el régimen poco tenían que envidiar a las megalómanas construcciones de Albert Speer. Enormes centros de "intercambio cultural" en Tailandia, edificios gubermamentales en Manchuria, plantas industriales en Japón, ampliación del palacio Imperial o edificios corporativos japoneses en Shanghai fueron algunos de sus proyectos que aunque muchos no pasaron del papel, no cayeron en saco roto. Tras la guerra, las adjudicaciones a Maekawa siguieron fluyendo y su círculo de influencias continuó ampliándose, lo que le valió por ejemplo la construcción de la central del banco Sogo, así como muchas de sus filiales por todo Japón.

Interior del Tokyo Bunka Kaikan de Maekawa. Acuarela de Jean-Philippe Delhomme para Casa Brutus, Septiembre 2004
Habitual arquitecto de los pabellones de Japón en diferentes Exposiciones Internacionales, y con gran presencia en la Expo de Osaka, sus obras en hormigón desnudo, de líneas sobrias y sobredimensionadas, creaban un efecto intimidador perfecto para dar presencia a los edificios gubernamentales. Muchas de las sedes de los gobiernos prefecturales, así como auditorios o centros culturales, llevan la marca de esta arquitectura funcional y sin estridencias siempre con el beneplácito de la administración central.
Tras el hormigón llegó el ladrillo, y con el cambio el estilo de Maekawa terminó en mi opinión por volverse gris, pese al colorido almagre del barro cocido. Obras como el edificio Tokyo Marine, el museo metropolitano de Tokio o el museo de arte oriental en Colonia, Alemania, son algunos ejemplos que no pasarán a la historia, de un arquitecto convertido en la sombra de lo que fue y que buscaba reinventarse a si mismo. Por ejemplo, el ladrillo desnudo de colores brillantes del Museo Metropolitano, crea una sensación de agobio visual que desde luego no invita a la contemplación estética. Un museo debiera de caracterizarse por sus paredes lisas de colores apagados, que diluyan y refresquen la mente tras cada contemplación pictórica, vaciándola y relajándola para el siguiente cuadro.

Interior de la residencia Maekawa
Pese a ser el padre del modernismo y catalizador de las influencias europeas, pienso que su obra más conseguida fue su propia casa. Un ejemplo de conjunción de estilo japonés y funcionalidad modernista, que recrea a la perfección lo que debería de ser la máxima de toda arquitectura: adaptación cultural y con el entorno. Terminada en 1942, su casa guarda el embrión de los módulos habitables prefabricados que establecidos por todo Japón, darían cobijo a muchas de las familias deshauciadas durante la posguerra. Módulos en madera diseñados por un Maekawa en plenitud, que marcarían el patrón de lo que debería de ser una reinterpretación moderna del espacio familiar tradicional.
Los edificios de Kunio Maekawa recogidos en el top 100 de Docomomo Japan:
- Kimura Sangyo Laboratory, 1932. Aomori.
- Nippon Sogo Bank, 1952. Tokyo.
- Kanagawa Prefectural Library and Music Hall, 1954. Yokohama.
- The International House of Japan, 1955. Tokyo.
- Kyoto Kaikan, 1960. Kyoto.
- Tokyo Bunka Kaikan, 1961. Tokyo.
kawa
Todavía recuerdo con nostalgia las riberas verdes del Arakawa, y esos paseos en donde tus pensamientos se enredaban con el horizonte, arrastrados por el mismo viento que susurruba a los campos de arroz.
La huida del tedio dominical, me lleva a veces a coger ese tranvía que arrastra una melodía de campanillas (chin-chin densha) y dejarme caer por alguna pequeña estación de algún perdido barrio de Tokio. Mi úlimo viaje, marcado quizás por la obsesión de un bálsamo de agua fluyendo, acabó frente a un río. El nombre de la estación -Arakawayuenchi-, aunque hacía pensar en el paso del río de igual nombre, encerraba además una sorpresa: parque de atracciones.

Nada más bajarme de la estación, y a medida que me iba acercando a mi destino, la algarabía de niños y padres iba en aumento. El camino hasta el parque de atracciones está flanqueado por antiguas jugeterías, tiendas de caramelos, y pequeños restaurantes con menú para niños, dispuestos como una red para atrapar las emociones de unos niños que quizás hayan estado esperando toda la semana para tamaña excursión. Precisamente sorprende ver niños, muchos más de los que se ven en un Disneyworld tomado por adultos, y por las filias de unas mujeres con un grave complejo de Peter Pan.
El encanto de los pequeños y antiguos parques de atracciones es algo con lo que nunca podrán competir los enormes e impersonales parques temáticos. En Madrid, el viejo parque de atracciones parece haber ganado la batalla al enorme Warner, aunque si hablamos de parques con encanto, me quedo con el frío olor a moho del parque de atracciones del Monte Igueldo, y sus viejas atracciones que aún hoy, despiertan la imaginación de los más pequeños. Arakawayuen es uno de esos antiguos parques de atracciones, cuyo encanto no reside en estratosféricas montañas rusas, ni en referentes televisivos, sino en la sorpresa de las pequeñas cosas magnificadas por la enorme capacidad de sorpresa de unos niños, descubriendo por vez primera las reacciones de unos animales de granja, o la altanería de unos patos y cisnes ajenos al pan que satura el pequeño lago. Un espacio a la medida de los más pequeños, en donde ensayar tradicionales juegos de verbena al son del dulzón olor a anko (pasta de judías dulces), y sitio en donde compartir esos juegos de tradición oral con desconocidos compañeros, ajenos todavía a la soledad de los videojuegos.

Tras el pequeño parque, por fin la vista del río que tanto andaba buscando, aunque no era mi buscado Arakawa, sino el Sumida. Antiguamente, Sumida era el nombre dado al río Arakawa a su paso por la capital, aunque hoy en día tanto el Arakawa como el Sumida pasan por Tokio... La explicación es de índole histórica. En agosto de 1910, las fuertes lluvias acontecidas en la región de Chichibu (Saitama) provocaron el desbordamiento del Arakawa (entonces algo desgraciadamente habitual), la consiguiente inundación en Tokio que provocó la evacuación de más de un millón de habitantes y pérdidas millonarias para la época. Bajo la dirección de Aoyama Akira, ingeniero japonés que había participado en la construcción del Canal de Panamá, se llevó a cabo el dragado del río, y la construcción de un segundo afluente que canalizase el enorme caudal. Cuando en 1922 el Arakawayuen fue construido, el río era todavía el Arakawa, aunque cuando por fin terminaron las obras de canalización en 1930, Tokio contaba con dos ríos comunicados: el Sumida y el Arakawa, cuyo curso en ocasiones va paralelo.
Tokio anegado en el año 43 del periodo Meiji (1910)El atardecer se escapaba reflejado en las montañas de apartamentos que flanqueaban un río, sólo transitado por el último vapor que comunica este parque de atracciones con Asakusa. Con el parque ya cerrado, los últimos niños apuraban sus correteos frente al río, bajo la sombra de la inmóvil noria que ya había perdido sus luces de colores. Era entonces cuando el rumor del agua se hacía evidente, y su murmullo acompañaba a los ancianos viandantes del paseo fluvial de este pérdido y tranquilo barrio de Tokio, conocido todavía como Arakawa.

Arakawayuen es el segundo parque de atracciones en funcionamiento más antiguo de Tokio, tras el de Hanayashiki en Asakusa, fundado en 1853.
| Comentarios (0) |b&w arquitectura
El número de agosto de la revista inglesa "Black&White photography" aborda un tema tratado por "Casa Brutus" el mes pasado: Arquitectura y fotografía. Pero aún siendo el mismo tema, el enfoque es totalmente diferente por venir de una revista especializada en fotografía, a diferencia de "Casa Brutus" especializada en arquitectura.

El que todavía haya revistas monográficas sobre fotografía en blanco y negro es sintomático de que a este disciplina todavía le queda un prometedor futuro, y que es pronto para enterrarla viva como quieren algunos. A día de hoy, y pese a los avances tecnológicos, la conversión a blanco y negro de Photoshop es bastante deficiente a la hora de captar toda la gama de grises, y más importante aún: Pese a los esfuerzos de Epson, la gama y calidad de los papeles fotográficos está a años luz del papel usado para impresión a tinta.
Sin la pedantería de su homóloga norteamericana, "B&W magazine" ofrece información para el fotógrafo profesional, y consejos para el fotógrafo amateur, verdadero sostén comercial de esta industria. La sección "Monochrome Workshop", en donde un fotógrafo profesional acompaña a tres amateurs para fotografiar una misma localización, y posteriormente comentar las fotografías es impagable, y te das cuenta de la separación en cuanto a técnica y composición de algunos profesionales. Pero hay más. En la sección "Darkroom Technique" se confronta un negativo revelado por un fotógrafo profesional, con el mismo negativo pero revelado por un experto técnico de laboratorio, que muestra que todo el mundo siempre tiene algo que aprender y mejorar; y que la fotografía, como muchas disciplinas de base técnica, requiere de un proceso de formación continua.
Pero volviendo al tema central de la arquitectura, tras el correspondiente artículo-homenaje de rigor al matrimonio Becher, hay una interesante conversación con Hélène Binet, fotógrafa habitual de arquitectos como Daniel Libeskind, Peter Zumthor o Zaha Hadid entre otros. Binet en su aproximación al edificio, descarta la idea de presentarlo en su totalidad, ya que la experiencia de contemplación volumétrica y su impacto en el paisaje, es para ella sólo abarcable de forma presencial. Por tanto, lo que intenta es el más difícil todavía: captar la esencia del edificio por medio de los detalles o los juegos de contraoscuros hallados en los rincones, como si de una abstracta composición espacial se tratase. Pero sobretodo, fotografiar un edificio es una experiencia lenta. Al igual que un ciego al leer braille va captando las perforaciones y pequeños volúmenes de un papel, el fotógrafo tiene que ir palpando las formas del edificio y la luz que las moldea. Un proceso donde inusualmente el fotógrafo puede invertir tiempo en la composición de la imágen. De ahí que Binet siempre trabaje con una pesada cámara de gran formato, y por supuesto con blanco y negro, en un proceso que dura unos cuatro días y en donde tras la imprescindible charla con el arquitecto, afronta un periodo de actividad dividido entre el tiempo dedicado a la fotografía y al revelado.
El revelado es una parte esencial del proceso fotográfico. Si consideramos que en un fotgrafía el 50% corresponde a la imagen en si (composición, momento, fuerza de la imagen, etc) el otro 50% se reparte entre el revelado del negativo y el revelado en papel, aspecto bien considerado por esta revista, que siempre incluye en cada fotografía información sobre el proceso. Pero la otra cuestión es ¿por qué una cámara de gran formato? Descartando aspectos sentimentales y de definición, la respuesta tiene que ver con un aspecto técnico conocido como "converger verticales". Con una cámara normal, converger verticales y capturar al edificio entero es una ardua tarea, básicamente porque cuando tienes las verticales te das cuenta de que no cubres toda la área del edificio, por lo que tienes que mover la cámara hasta una posición más alejada perdiendo las verticales. Una cámara de gran formato no tiene ese problema, ya que puedes mover la lente y converger verticales, sin necesidad de mover la cámara. Pero hay una solución para los que prefieran el formato de 35mm: lentes TS. Estas lentes tienen dos diferencias principales respecto a las normales: cubren un area mayor que el negativo, y se puede mover el plano de la lente, por lo que los problemas de convergencia de verticales quedan resueltos, además de permitir efectos bastante interesantes. El problema es el prohibitivo precio de alguna de estas lentes, que en ocasiones incluso sale más barato comprar una vieja cámara de gran formato.

Pero la técnica no debe condicionar la experiencia sensible de tomar una fotografía. Y es que como dice Binet, no hay que racionalizar la fotografía pensando en la composición, sino que hay que dejar a la experiencia que se encargue de ese aspecto, experiencia por otro lado pulida por las limitaciones de la fotografía tradicional. Y es que al igual que ella, yo también soy de los que piensa que de poco vale producir y producir sin pensar ni planear como pasa con la fotografía digital, aspecto que ella resume con la siguiente frase:
"Tener una limitación estimula mucho más que tener infinitas posibilidades"
FOTO 1: Bicicleta en Shibuya, 2005 - Jorge Larrañaga. Kodak 100TMX revelado con microfine e impreso en Ilford Multigrade IV RC perla.
FOTO 2: Untitled, 1996 (interior II). [Peter Zumthor, Saint Benedict’s Chapel, Sumvitg, Switzerland] - Hélène Binet. Silver gelatin print.
Il messaggio dalla camera oscura
"Casa Brutus" nació con vocación de ser una revista de arquitectura con carácter divulgativo abierta a todos los públicos, aunque con el tiempo va pareciéndose más a la versión japonesa de "Wallpaper", donde los temas arquitectónico se pierden en una oleada de sugerencias fashion, viajes exóticos y gadgets imprescindibles para el urbanita más cool.
Sin embargo, de vez en cuando algún reportaje trasciende la frivolidad de las tendencias, como es el caso del número de julio de "Casa Brutus" que explora la íntima relación entre arte y arquitectura. Un tema que por otra parte me fascina. Y es que a fin de cuentas, ante la imposibilidad de viajar por todo el mundo visitando edificios singulares, son las fotografías la primera tarjeta de presentación de unos arquitectos que cada vez más se ven en la necesidad de mimar la presentación de sus proyectos. De esta necesidad comercial ha surgido la figura del fotógrafo especializado en arquitectura. Alguien que debe interpretar las líneas maestras del edificio, para captar la impronta que el arquitecto dejó en algún ángulo imposible de acero y hormigón.

Arquitectura y fotografía es una especialdiad eminentemente eslava. Bernd y Hilla Becher fueron los pioneros en rescatar un tipo de fotografía que fue la crónica de las inmensas fábricas de principios del siglo XX. Desde su docencia en Düsseldorf, formaron a otros fotógrafos de igual gusto estético aunque diferente técnica: Thomas Ruff y Candida Höfer. Todos ellos perfectamente reseñados en este número, además de un repaso al famoso departamento de fotografía de lo que es hoy la "Die Kunstakademie Düsseldorf", de la mano de un estudiante japonés del centro.
En otra sección de la revista, fotógrafos especializados en arquitectura hablan sobre como fotografiar edificios. Obviando los discursos metáfisico-espirituales que se establencen entre almas y cementos por muchos de estos fotógrafos, me quedo con la parte más técnica. Todos los fotógrafos optan por el medio formato como la mejor opción, aunque me sorprende que tres de ellos utilicen una Mamiya 6, una cámara de visor que no ayuda mucho a captar con precisión los recovecos de muchos edificios. Sorprende también la forma de trabajo de Nakami Jun, fotógrafo japonés que utiliza desde cámaras de gran formato hasta la cámara del móvil. Un profesional siempre al servicio del cliente, que a través de las fotografías del móvil puede elegir en tiempo real el ángulo deseado. Pero de entre todos los fotógrafos entrevistados, Jean-Pierre Cousin con su vieja Canon F1 no duda en proclamar una verdad que hace tiempo yo también hice mía: los viejos objetivos canon FD son los mejores. Una manía como cualquier otra.
En el apartado bibliográfico, un repaso a los mejores libros de fotografía cuyo tema es la arquitectura, empezando por un libro de fotografías de 1927 de edificios de Le Corbusier -pionero en esto como en otras cosas-, llamado "L´architecture vivante" de la mano de P. Jeanneret. De entre los libros citados, me quedo con un viejo conocido, Naoya Hatakeyama, y con una notable ausencia: Ryuji Miyamoto, un fotógrafo recientemente galardonado con un premio de la Japan Arts Foundation, famoso por sus fotografías de decrépitos edificios en estado de demolición.
En definitiva, un número imprescindible.
El título del post corresponde a otro clásico. Un libro de fotografías de Carlo Mollino publicado en 1949.
| Comentarios (3) |Shibaura
tokio-ciudad-del-neón es un tópico que ilustra a la perfección el capitalismo salvaje que se esconde tras los miles de anuncios que empapelan esta ciudad. Es un capitalismo ruin que te asalta en los lugares más insospechados. Entras en el metro, y por si viajar como el ganado no fuese claustrofóbico, la marea visual de un caótico vagón multicolor oprime tus sentidos con los colores brillantes del papel cuché. Curioso que siempre los sueños te los vendan en vívidos colores.
La mejor manera de saber que les pasa por la cabeza a los despiadados creativos japoneses es echar un vistazo al "Kokoku Hihyo", una revista mensual que recoge lo mejor de la publicidad japonesa en todos los formatos, así como las campañas publicitarias más originales a nivel mundial. Asi te enteras por ejemplo que una "brillante" idea fue meter a una pobre chica en una enorme jaula de cristal en medio de una librería, con una pila de revistas para que pasase el rato. No fue un "experimento sociológico", ni una performance con mensaje. Simplemente una ocurrencia para vender el Tokyo Designers Block. "Qué estupendos y originales que somos", debieron pensar.
El último número me desveló una incógnita que me perseguía desde hace semanas por todo Tokio. Una incógnita color azul cielo que respondía al nombre de Shibaura ocupaba vallas publicitarias de muchos lugares de Tokio, y hasta la portada del último número del "Kokoku Hihyo".
Shibaura es un proyecto arquitectónico que podría considerarse un Odaiba a pequeña escala. Odaiba es una isla artificial construida en la bahía de Tokio hará algo más de diez años. Se concibió como un proyecto faraónico en plena burbuja económica, como solución a los problemas de espacio urbano que presentaba Tokio. Por aquella época de economía desbocada, se decía que si al emperador le diese por vender el terreno que ocupa su "humilde" morada en pleno centro político-financiero de Tokio, podría comprarse TODO el Estado de California. Una barbáridad financiero-inmobiliaria de la que ya sabemos su final. Con Odaiba se ganaba terreno al mar, y se construía de cero la utopía de todo urbanista con aires de visionario, o de sociólogo resentido, según se mire. A día de hoy, Odaiba es un gran descampado unido a Tokio por un puente colosal, que al menos sirve de tránsito entre Tokio y Chiba. Para aparentar, algunos edificios temáticos y grandes centros comerciales dan color y animación a los pocos afortunados inquilinos de una isla que cuenta con la única playa urbana de Tokio.

Shibaura es un nuevo intento pero con un planteamiento ligeramente diferente. Aunque en cuanto a concepto comparte mucho con Odaiba, el proyecto se desligó del concepto de Odaiba cuando en 1998, en plena crisis económica, se apostó por la densificación urbana como solución a la escasez de suelo, y como medida de reactivación económica con la construcción de nuevos rascacielos con apoyo gubernamental. Así vieron la luz Roppongi Hills y los rascacielos de la zona de Shimbashi entre otros. Se decidió entonces exportar este modelo de crecimiento vertical a una comunidad residencial, siendo una pequeña isla esta vez perfectamente conectada a Tokio, la que albergara una urbanización privada sólo al alcance de los nuevos ricos, y sus mascotas por supuesto.
Los ricos lo compartirán todo, incluidos bicicletas y coches de uso exclusivo en la isla. Los niños de los ricos no se quedarán en casa, sino que se podrán mezclar en la guardería o en el parque con otros niños ricos. Si se ponen malos, a la clínica privada, aunque deporte es salud y más si es realizado en modernas instalaciones deportivas privadas. ¿Que se te olvidó comprar algo en el supermercado privado y ya está cerrado? Sin problemas. Compra el antojo de la parienta en el konbini privado. ¿Quieres dar envidia a tus amigos? Una fiesta en la sala de fiestas común "Lady Ana" les dejará anonadados.

Movido por la curiosidad, y antes de que lo privaticen todo y nos conviertan a los desgraciados no propietarios en personas non grata, me pasé a inspeccionar la isla. Iba con la ilusión de ver una de esas ciudades inmaculadas, nuevas, y casi del futuro, pero sólo encontré una gran zona en estado de obras que no tenían pinta de avanzar muy rápidamente. De hecho, hasta el 2007 no estará todo el complejo terminado, aunque la primera torre se inagurará la próxima primavera.
Es pronto para evaluar el impacto de este tipo de comunidad cerrada en la sociedad japonesa. Sobre el papel, Roppongi Hills compartía mucho de esta comunidad vertical sólo para ricos, a modo de una pequeña ciudad en miniatura que minimizaría tiempos de transporte. Pero Shibaura es ligeramente diferente en concepto, ya que sólo se pretende que sea un ghetto residencial aislado del resto de la ciudad. De momento, la fuerte campaña de publicidad va enfocada a los miles de trabajadores de las colindantes zonas de Shinagawa y Shimbashi. En especial, a los trabajadores de la empresa Dentsu, el gran gigante de la publicidad japonesa...
FOTO 1: Rainbow Bridge, el puente que conecta Tokio con Odaiba. Al fondo, dos solitarias torres de apartamentos.
FOTO 2: En construcción.
| Comentarios (2) |neko
A veces, son pequeños libros los que parecen encontrarte. De casi clandestinas editoriales, escondidos en recónditas librerías, aguardan inquietos a que alguien les saque de su anodina estantería para mostrarle sus secretos. Basta una hojeada para saber que ese libro se convertirá en el capricho del mes. No puedes resistirte.

"Neko no kenchikuka" ("El gato arquitecto"), es un pequeño libro de ilustraciones realizadas por Sakuma Makoto, y textos de Nori Hiroshi. A través de pequeños poemas bilingües (inglés-japonés), un gato reflexiona sobre la belleza, las construcciones humanas, y el tiempo y el espacio. El porque de un gato como conciencia humana es un recurso clásico de la literatura japonesa, desde aquel "Soy un gato" ("Wagahaiwa nekode aru") de Natsume Soseki. Estos animales urbanos siempre en pleno contacto con las miserias humanas, son la metáfora perfecta de nuestro Pepito Grillo. Observadores, huidizos e incluso con ese aire de inteligencia tan felina, los gatos se despachan a gusto sobre cuestiones filosóficas, mientras pasean por una ciudad fantasma, a medio camino entre una París art-decó y un Tokio de posguerra.

No es gratuito que opinen sobre la belleza, un concepto gastado por generaciones de pensadores, que contiene uno de los eternos anehelos de la humanidad. Y es un arquitecto reencarnado en gato por la cíclica del karma, el que mientras deambúla entre construcciones humanas, reflexiona en un estilo que recuerda a esa otra pequeña joya llamada "El Principito", sobre por ejemplo, una belleza de líneas rectas tan típicamente humana y tan repetida, que sin embargo no encuentra reflejo en ninguna forma orgánica.
El gato pensó:
todavía, no debemos ignorar nuestro ambiente.
Es sorprendente el saber que nuestro mundo esta inundado de idénticas figuras.
Líneas rectas y paralelas.
Círculo y rectángulo.
¿Que significado tienen?
El significado de belleza quizás este escondido en alguna de esas figuras.
| Comentarios (4) |Brutus
Ver una ciudad en dos semanas de vacaciones es imposible, independientemente de su tamaño. Las ciudades no se descubren visitando los monumentos señalados por las guías de viaje, sino perdiéndose por los lugares no descritos por las guías. Es entonces cuando se respira la ciudad, y se logra atisbar algo de la fuerza que impregna a sus habitantes, que son los que realmente representan a una ciudad, más que edificios y plazas.
Dirigida a norteamericanos "perdidos" en Tokio, que no saben que ver fuera del tour "Lost in translation", ha salido una pequeña guía que de momento sólo puede comprarse en Japón.

Editada por "Brutus", una conocida revista japonesa de tendencias tanto de moda como de decoración, la guía pretende ofrecer una imagen diferente del Tokyo presentado por las habituales guías de viaje. Como era de esperar en este tipo de publicaciones fashion, la maquetación y las fotografías están muy cuidadas con el objeto de presentar una guía que no siga los cánones habituales. Los recorridos propuestos harán las delicias de todos aquellos dispuestos a patearse la ciudad por su cuenta, y para los "habituales" de Tokyo, seguro que se descubren lugares nuevos que no se sabían.
Pero no existe guía ni mapa que enseñe a profundizar en el anhelo de perderse... pueden llegar a conocerse todos los rincones de una ciudad extranjera, y guardarlos en las cabeza como una colección de brillantes postales. Pero conocer las causas de esta inquietud que mueve a "perder países" puede ser un verdadero laberinto de callejos intrincados, que conducen hasta las profundidades del alma...
Tadao Ando da algunas pistas de esta urgencia por viajar en un especial de Brutus, accesible en inglés por internet.
| Comentarios (0) |Uno menos
Siguiendo con mi investigación sobre los edificios Dojunkai, aproveché el tiempo de la comida de hoy para comprobar si todavía permanecia en pie uno de estos edificios, situado a dos paradas de metro de mi universidad.
Se trataba del edificio llamado Otsukajoshi Apartment 同潤会大塚女子アパートメント, terminado en 1930 como pisos de protección oficial para mujeres trabajadoras, se caracterizaba por su forma en U que albergaba un patio interior.
Sin embargo, llegué tarde. Ya estaba demolido, y tras las vallas blancas una lona azul cubría las ruinas del edificio. Una pena. Me enteré luego que por lo visto un grupo de gente, resignado ante la inminente demolición y viendo que se había precintado, intentó que fuese abierto al público para poder visitarlo antes del derribo, para lo que reunió firmas y escribió cartas al Gobernador de Tokio, el famoso Shintaro Ishihara. Hicieron hasta una página web que navega a la deriva desde el año pasado.

Por lo que según mis cálculos, quedan sólo cuatro. Si, no me he equivocado respecto al post anterior. He descubierto uno nuevo. El llamado Toranomon Apartment 同潤会虎ノ門アパートメント que construido en 1929, tuvo una suerte diferente al resto de edificios de este grupo. Construido al igual que los demás como edificio de apartamentos, en 1950 se convirtió en las oficinas centrales de la Toyo Kohan Co. Ltd., empresa que lo remodeló en 1984. Poco queda del edificio original, ya que la fachada fue cubierta por planchas de acero. Sin embargo, el hall de entrada y una curiosa escalera central en espiral, además de muchos de los elementos de ornamentación interior, siguen siendo los originales. De hecho, creo que este será el edificio que sobreviva a los demás, ya que un reciente informe gubernamental apunta que gracias a la solidez del edificio, todavía le quedan un par de décadas.
Asi que además de este último, sólo me queda otro por visitar, el más grande de todos los edificios Dojunkai con 5729 metros cuadrados útiles, el llamado Kiyosunadori Apartment (同潤会清砂通アパートメント).
Ya veremos que me encuentro.
FOTO: "Zona cero" tras la demolición. Otro vacío en el espacio-tiempo de nuestra memoria histórica.
EPÍLOGO
Realmente, a ojos del europeo medio los edificios Dojunkai no son más que anodinos edificios encontrados por miles en el centro o en el extrarradio de cualquier ciudad. Y es cierto.
Sin embargo, estos edificios hay que apreciarlos en su contexto, que no es ni más ni menos que Tokio, una ciudad en continuo cambio donde la vida media de los edificios no suele sobrepasar los 20 años. Naoya Hatakeyama, fotógrafo del que ya he hablado aquí, hizo el experimento de fotografiar amplias perspectivas de Tokio en un intervalo de 12 años, para después mostrar la evolución. Y hay veces que cuesta reconocer la misma ciudad en la misma foto, una década después. Por lo tanto, los edificios Dojunkai son excepciones que han sobrevivido en el frenesí urbanístico de una ciudad que renació dos veces de sus cenizas: Tras el gran terremoto de Kanto, y tras los intensos bombardeos durante la II Guerra Mundial.
Pero los Dojunkai no son sólo monumentos del pasado, sino verdaderos ejemplos arquitectónicos cuyos diseños aún perduran. Un paseo por cualquier barrio de extrarradio de Japón, y en seguida localizaremos algún gran edifico de hormigón, con muchos de los detalles arquitéctonicos de los primigenios Dojunkai. Incluso muchos de los arquitectos japoneses, en su momento lucharon contra la uniformidad impuesta por este diseño a la hora de construir apartamentos. Sin embargo, los edificios Dojunkai no son moldes calcados, sino únicas piezas diseñadas para adaptarse a su entorno. Así, aunque diferentes unos de otros, todos guardan esa extraña y deseada cualidad, que no es otra que la de poder reconocer la mano del mismo diseñador.
No es por hacer ningún manifiesto, pero estos edificios son parte de nuestra memoria colectiva. Hablando de la mía, yo ya perdí un trocito cuando en su momento derribaron "La pagoda", el magnífico edificio de Miguel Fisac en Madrid, y cuando derribaron los apartamentos de Aoyama. Espero no quedarme desmemoriado.
+información
Para profundizar más, recomiendo un libro de fotos bilingue japonés-inglés sobre estos famosos edificios:
"Design of Doujunkai". Ed. United Design, Inc.

DOJUNKAI
El que derribasen mi edificio favorito de Tokio fue un trauma del que todavía no me he repuesto. Pero una vez que me recuperé del del shock inicial, me puse a investigar sobre el tema.
La verdad es que la investigación me da para todo un artículo, asi que aquí sólo lo contaré por encima.
Resulta que los arquitectos que diseñaron los apartamentos de Aoyama, formaban parte de un grupo conocido como Dojunkai, una división creada por el gobierno japonés en 1924, para que aplicase nuevas técnicas de construcción que pudiesen resistir los efectos producidos por el reciente gran terremoto de Kanto. El grupo estaba dirigido por el arquitecto Uchida Yoshikazu, rector de la Universidad de Tokio y diseñador del famoso edificio del reloj del campus de Hongo, y Sano Toshikata, sismólogo también perteneciente a la misma universidad. Entre los dos, diseñaron y construyeron por primera vez en Japón edificios de apartamentos resistentes a terremotos y a incendios, a parte de otra serie de innovaciones. Por ejemplo, por vez primera el espacio interior del edificio lo dividieron en viviendas familiares y estudios, además de crear un concepto de socialización añadiendo siempre zonas comunes como parques, baños públicos o sala de reuniones vecinal. Toda una revolución para la época, que además estuvo al alcance de la gente corriente, ya que sirvió para alojar a muchos de los más afectados por el terremoto de Kanto.

Las nuevas técnicas de construcción que desarrollaron se extendieron para construir edificios por todo Japón, y no sólo en las devastadas areas de Tokio y Yokohama. Se calcula que en total se construyeron unos 12.000 edificios en todo Japón siguiendo las directrices marcadas por este grupo, hasta que se disolvio en 1934. Y lo triste es que a día de hoy, apenas queda ni rastro de estos ya edificios históricos.
Según mis investigaciones previas y en base a la documentación que encontré, logré estimar que el número de edificios en la zona de Kanto que quizás todavía siguen en pie son cuatro, y todos en Tokio.
Hoy que no tenía muchos trabajo me fui a media mañana del laboratorio para ir a la búsqueda de dos de estos edificios. Todo un éxito. Logré visitar dos edificios bastante cercanos situados en el area de Ueno, y terminados casi simultáneamente, entre 1928-29:
同潤会上野下アパートメント (Dojunkai Uenoshita Apartments)
同潤会三ノ輪アパートメント (Dojunkai Minowa Apartments)
Fue un momento mágico, doblar una esquina y encontrarme con una réplica de los demolidos Aoyama Apartments. Y es que sobretodo los de Uenoshita, se conservan perfectamente y mantienen todavía una imponente presencia frente a los feos y modernos edificios de oficinas de su alrededor. Todavía vive gente en estos edificios, abueletes que se resisten a abandonar su hogar de siempre. Aunque cuando estos últimos inquilinos se muden no habrá nada que hacer, y también serán convertidos en ruinas y sustituidos por modernos edificios prefabricados. Es la política de efectividad japonesa. Descubrí que hace unos años un grupo de entusiastas okuparon uno de estos viejos edificios, y por un tiempo lograron darle una nueva vida montando exposiciones, conciertos, charlas, videoforum, etc. Aunque al final fueron desalojados y el edificio demolido.
Hoy hice un más que notable trabajo fotográfico, y tiré más de dos carretes a los dos edificios, con el único fin de preservar al menos su recuerdo. Ya veremos que tal sale este reportaje fotográfico, aunque espero poder poner pronto en el diario las fotos que hice con la cámara digital.
Y próximamente, iré a la caza de los otros dos edificios que me faltan por comprobar. Aunque mi "sentido Indiana Jones" me dice que la próxima vez no voy a tener tanta suerte.
Seguiremos informando.
FOTO 1: Uchida Yoshikazu, uno de los cerebros.
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