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fotografía arquitectónica japonesa
Resulta dificil establecer el momento en que la fotografía de edificios dejó de ser una tarea meramente documental, a ocupar una especialidad artística dentro de la fotografía junto a otras disciplinas como el retrato, el paisaje o la fotografía de moda. Pero sin duda fue una disciplina que nació al mismo momento que la cámara obscura. Las exposiciones exageradamente largas de las primeras fotografías y daguerrotipos convirtieron la tarea de fotografiar edificos en una tarea más placentera que pedir a las personas que posaran inmóviles durante una hora. Aunque para muchos, fueron las fotografías de Bernd y Hilla Becher a mediados del siglo XX las que realmente trascendieron la barrera documental. De una forma casual, las fotografías documentales sobre estructuras y edificos alemanes se convirtieron en iconos, en fotografías que emanaban en sus formas geométricas misterio y belleza.

La exposición en el Teien Art Museum indaga en las relaciones entre fotografía y arquitectura en Japón. Como no podía ser de otra forma, la fotografía de edificios nació en el mismo momento en que las primeras cámaras fueron introducidas en Japón, a través del asentamiento holandés de Nagasaki. La primera fotografía que se conserva de un edificio japonés corresponde al castillo de Kumamoto, y nace de una comisión documental creada por el clan Satsuma, para la preservación de monumentos. En una época en la que todos los castillos que se conservan en Japón han sido reconstruidos o construidos totalmente de nuevo, ver como eran originalmente sorprende por dos motivos: por su localización, rodeados de una maraña de casas que nada tiene que ver con los parques que les rodean actualmente; y por su forma, de grandes estructuras de madera combada, que sobre la rígida base de piedra parecen a punto de desplomarse. En parte también debido a una deficiente conservación fruto de un prolongado periodo de paz.
Aparte de las curiosidades documentales de edificios ya extintos o de edificios vistos hace cien años, como las sorprendentes fotografías de la Ciudad Prohibida de Pekin tomadas por un fotógrafo japonés a principios del siglo XX; la muestra sirve para marcar el verdadero comienzo de la fotografía artística arquitectónica japonesa en nuestros días, y de la mano de tres fotógrafos a los que se homenajea: Sugimoto Hiroshi, Hatakeyama Naoya y Aoki Jun. Tres fotógrafos que trascienden la inmovilidad de los edificios, para mostrarnos que en sus líneas y vértices se esconde una belleza que sólo se muestra a través de la lente.

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