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okinawa

Danza en el castillo de Shurijo, Okinawa, Japón. 2006
Canon EOS-5. Film Fujicolor Pro400. Objetivo 70-300mm
de safari
Me voy de escapada a Okinawa, el archipiélago de islas más meridionales de Japón. En los apenas dos días que estaré, espero darme mi primer baño en el mar, disfrutar de sus famosas playas de aguas cristalinas, y alternar en algún pequeño bar en donde la bella música de Okinawa junto a los efluvios del awamori me evada del estrés de Tokio.
Aprovecharé para hacer algunas fotografías en plan safari. Por eso, me llevaré la EOS 5 para no tener que pensar demasiado a la hora de hacer una fotografía, y un cargamento de película más que suficiente para dos días en los que la consigna es relajarse.

Equipaje: Canon EOS 5, Objetivos Tamron 28-80mm, 70-300mm, Film Fujicolor Pro400
poste
Poste, Tokio. 2006
Canon EOS-5. Film Fujicolor 100 caducado (forzado ISO400). Objetivo 70-300mm
memoria
"El cine es el género de nuestros sueños, y la fotografía el registro de nuestra memoria"
Sometidos al esfuerzo de la memoria, las imágenes de nuestra vida se nos presentan como fotografías borrosas, inconexas unas de otras, en donde sólo aquellas que más nos impresionaron aparecen más nítidas que otras. Si nos adentramos en la frágil memoria de nuestra niñez, descubriremos que nuestras imágenes-recuerdos aparecen mezcladas con las de fotografías que vimos algún día a propósito de nuestra infancia. Las fotografías se convierten por tanto en instrumentos de nuestra memoria, parte imprescindible de nuestro pasado que de vez en cuando conviene revisar. Al igual que nos sometemos al pinchazo del recordatorio de las vacunas, ver los viejos libros de fotos familiares nos permite refrescar nuestro pasado y contemplarlo de nuevo claramente a través de la borrosa nebulosa del olvido.
La fotografía se convierte por tanto en un instante robado a nuestro pasado. Un inequívoco recuerdo que incluso datará nuestra inmortalidad a las futuras generaciones, pero que por encima de todo, nos permitirá recordar... Incluso los momentos más felices, su recuerdo será un ejercicio doloroso conforme pase el tiempo, acrecentado por la cegadora nitidez de una fotografía que revelará el inevitable envejecimiento, y que nos mostrará una realidad que sin el filtro tamizador de nuestra memoria aparecera áspera, dura, irreal...
De nosotros depende guardar el archivo fotográfico de nuestros recuerdos, o desmemoriados, asistir a las desvirtuadas proyecciones de nuestros recuerdos en forma de sueños. Cortometrajes anticipadores de ese largo que veremos en el momento de nuestra muerte...
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Cisne en Hibiya, Tokio. 2006
Tosei Frank Six. Film Kodak professional 400T-MAX
Nomura Sakiko
Fotógrafo asistente de Araki durante varios años, sin duda Nomura Sakiko es su alumna más aventajada, y la única que ha sabido captar parte de la esencia de sus retratos para fundirlos con su propio estilo. El estilo de Nomura se percibe que arranca de los primeros retratos de Araki en torno a su mujer Yoko. Fotografías sin carga erótica perceptible, envueltas en una melancolía que parecían anticipar la tragedia. En los desnudos mayoritariamente masculinos de Nomura, los hombres muestran su lado más frágil, ofreciendo una mirada de desnudez sin ninguna pose forzada, sincerándose ante la cámara de una forma poco habitual, y lejos de todos los estándares de masculinidad. Quizás el hecho de que Nomura se valga sólo de amigos para sus sesiones de fotos, tenga mucho que ver con esa desnudez interior que emana de unos retratos en blanco y negro, donde la luz parece destilarse poco a poco, mientras se refleja en la desnudez de unas pieles que exudan humanidad.

La mirada intimista de esta fotógrafa no se detiene en los retratos, y abarca también unos paisajes en color en donde el escenario aparece turbio, borroso. Como si en contraposición a un cristalino blanco y negro, el color y sus matices parece escaparsenos, como si fuesemos incapaces de fijarlo en nuestras retinas. Una curiosa paradoja en la que los seres vivos aparecen estáticos, como estatuas tullidas de un marmol trágico, y los inertes paisajes vivos como si fuesen observados a través de la ventanilla de un tren que se mueve a toda velocidad entre una ciudad en penumbra.

