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darkroom

«Humedad y oscuridad son elementos muy importantes de la fotografía, que debemos preservarlos para que lo digital no acaben con ellos»

Araki Nobuyoshi

Vivimos en una sociedad acostumbrada a la inmediatez. De las comunicaciones, de las relaciones, de los intercambios. .. lo queremos todo YA, e incluso la paciencia de leer se reduce a la velocidad con la que bajamos el scroll de nuestro navegador. Ahora que es posible tomar una fotografía desde un teléfono móvil y recibirla en segundos en la otra punta del planeta, hablar sobre el tiempo que lleva la preparación de una fotografía es algo impensable para mucha gente. Los programas de procesamiento de imágenes tipo Aperture o el futuro lightroom, además de quitar ese misticismo de alquemista al tradicional revelado químico, quitan esa imprevisibilidad capaz de sorprendernos y tan necesaria en la composición final de la fotografía, por cuanto somos incapaces de decidir cuales son los colores "reales" a traves de tanto filtrado tecnológico.

Cuando revelamos en nuestro cuarto oscuro, en unos minutos obtenemos la copia final en todo su esplendor, lo que nos permitirá de manera inmediata corregir tiempos de exposición o elegir el toner que mejor va a nuestra composición. Sin embargo, la inmediatez de la fotografía digital a la hora de obtener una copia final en papel es engañosa. Pese a hacer caso a los fabricantes invirtiendo horas en el calibrado del monitor, la experiencia en la visualización de la fotografía varía de forma infinita. Cada usuario usa una calibración diferente, por lo que la misma fotografía nunca se verá igual en dos ordenadores, haciendo casi inservible el tiempo empleado por el fotográfo digital en la cuidadosa preparación de la imagen. Otro tanto sucede con la impresión. Pese a usar la última tecnología en impresión y papel de impresión, la copia final en papel diferirá de la fotografía que tenemos en pantalla, lo que nos llevará de nuevo a un tedioso método de ensayo y error, que en el caso de la fotografía en blanco y negro incluso terminará por encarecer el proceso.

En el número de Febrero de la revista "Black & White Photography", Mike Crawford propone un interesante ejercicio. Revelar en papel un negativo de la forma tradicional según sus preferencias y gustos estéticos, para después escanearlo e intentar reproducir los mismos gustos a través del famoso programa de edición de imágenes Photoshop. En al artículo, Crawford describe punto por punto todos los pasos del revelado y de la edición digital, para al final ofrecernos una comparación de resultados para tres fotografías diferentes. Pese a obtener buenos resultados en todos ellos, las fotografías obtenidas por el revelado tradicional tienen una riqueza de texturas y unas gradaciones de grises, imposibles de observar en las planas composiciones obtenidas por el ordenador. Y es que es en esa explosividad violenta que acontece en las reacciones químicas de nuestro cuarto oscuro, en donde el color se manifiesta como algo doloroso que ha sido "grabado" a fuego durante la fracción de exposición del negativo. Un momento que en ese otro cuarto oscuro diferente al de la cámara, intentaremos reproducir o reinterpretar con la paciencia del forense que examina las causas de la muerte de la reacción química del negativo.

Siguiendo el ejemplo del artículo de Crawford, pero sin entrar en su nivel de complejidad técnica, decidí hacer la misma prueba con uno de mis negativos. Dos versiones para una misma foto, en la que hay diferencias observables...

FOTO: Shinjuku go-chome, Tokio. 2006. Canon T-90. Film Kodak Professional T-MAX 100. Objetivo 28mm. Revelado con Microfine.

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Adobe Photoshop CS

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Papel Fujibromide Rembrant V F3, glossy


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