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madriz
De vuelta de la vorágine inmobiliaria en que se ha convertido Madrid, y con la convicción una vez más de que en cada vuelta otro recuerdo ha dejado de pertenecerme, reflexiono sobre esta ciudad canalla que peligrosamente va cerrándose sobre si misma. La proliferación de barrios dormitorios de calles solitarias faltas de comercios, zonas verdes o plazas vertebradoras; en donde sólo la imponente presencia de un enorme e impersonal centro comercial parece dar algo de color, amenaza con aislar aún más el carácter de unas gentes que siempre han tenido fama de abiertas. Los nuevos barrios, lejos de ser modernas construcciones fruto de algún estudioso urbanista, no son más que calcos de los masificados barrios franquistas de obreros, en donde casas de pisos baratos construidas con el mismo molde, ocupaban cuadras enteras en donde era difícil encontrar un comercio o un taller en alguna de sus calles. Con el tiempo los comercios se abrieron paso desde los oscuros sótanos a golpe de pico, aunque su paso ha sido fugaz ante el empuje de unas grandes superficies que han puesto en jaque a unos comercios que más allá de ser proveedores, ejercían la función junto a los bares de ágora del pueblo. Hoy los bares se convierten en franquicias, y desde los sótanos de las nuevas construcciones no salen más que coches.

El colorido social de un pueblo siempre habituado a vivir en la calle parece haberse perdido, siendo sustituido por la algarabía de unos inmigrantes que por suerte dan algo de calor humano a las vacías zonas comúnes de esta ciudad que se desmembra, ante la complaciente mirada desde la distancia de unos ciudadanos atrincherados en sus hipotecas con seguridad 24h y pista de paddle.

Soy de Madrid.... y vamos, como lo que nos cuentes de Tokio tenga el mismo parecido con la realidad que lo que escribes de Madrid mucho me temo que este blog se encuadre en la categoría de ficción.
Un saludo.
Publicado por: Ed | Enero 15, 2006 06:26 PM