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sento
Ya casi llegó el invierno. Las hojas se tiñen de sangre en un último suspiro, como si ese rojo fuego fuese capaz de calentar algo más que las retinas. La bajada de temperaturas se siente en la calle, y en como los veraniegos puestos de yakitori comienzan a ser sustituidos por los primeros puestos callejeros de oden. Es tiempo también de ver como muchos yatai (restaurantes en la calle) comienzan a cerrar sus cortinas, intentando crear un ambiente un poco más cálido para el cliente en busca de un ramen o un sake caliente para combatir el frío.
Hoy el frío me ha llevado a dar por inagurada mi particular temporada en el sento (baño público). A menos de cinco minutos de mi casa hay dos sento de nueva planta encajados en edificios de apartamentos que dejan bastante que desear. No es que sean sucios, caros o incómodos. Simplemente les falta el encanto de los viejos establecimientos, como la onmipresente figura del monte Fuji. En el primero que fui, las paredes estaban ocupadas por un psicodélia de motivos espaciales y el agua estaba en torno a los cincuenta grados. Demasiado caliente para mi gusto. Además, que hubiese también una sauna (por la que es famoso este establecimiento) no me encajaba en mi idea de baño público. En el segundo, surrealistas mujeres bastante horteras intentaban dar algo de originalidad a las paredes, aunque simplemente contribuían a acrecentar la sórdida imagen de un sento vigilado además por un circuito cerrado de cámaras de televisión.

Fue en este último sento en donde un amable viejecillo me confeso medio susurrando que a él tampoco le gustaba este sento, pero que no le quedaba otro remedio porque es donde venían sus amigos. También a media voz me indicó donde estaba su sento favorito, y ya en la zona de baño me explicó que lo de enjabonarse antes de meterte en el agua caliente es un invento nuevo. Primero has de meterte hasta el cuello de una forma escalonada pero breve, después te enjabonas, para tras aclararte poder luego disfrutar todo el tiempo que quieras dentro del agua caliente.
Localizado dos nuevos sento a unos diez minutos de mi casa, hoy decidí probar la recomendación del simpático anciano: un sento de los de antes con su chimenea desafiante, bien conservado y regentado por una pareja de ancianas hermanas que cada dos por tres entraban a la zona de hombres a limpiar o quizás a vigilar... Aunque antiguo, esa pátina producida por el uso constante y cuidado, contribuye a dar solemnidad a un establecimiento presidido, esta vez sí, por una vista del Fuji "sostenido" por publicidad de los diferentes sento de la zona. El agua esta a unos soportables cuarenta y cinco grados, y el baño del día de lavanda me ha dejado un confortable olor en el cuerpo.

Después del baño mientras me relajaba tomando leche envasada en una botellita de cristal, frente a un enorme televisor de plasma totalmente fuera de lugar, pude comprobar como los cantantes de enka (canción tradicional japonesa) poco se diferencian de nuestras folclóricas. En un programa de variedades casposo muy al estilo de Jose Luis Moreno, los cantantes de enka embutidos en brillantes y horteras trajes con mucha purpurina, se emocionaban, envalentonaban, lloraban y hacían gallitos como una Rocío Jurado cualquiera, ante la emocionaba parroquia local que seguía con verdadero interés las canciones de tiempos pasados. Y es que, el que la entrada para mayores de sesenta años sea gratuita, contribuye sin duda a convertir este sento en un simpático "hogar del pensionista", en donde sólo se echa de menos una mesa de Mahjong, que de seguro daría mucho "juego"...
FOTO 1: Típica pared de sento con su Fuji pintado, y debajo los anuncios de establecimientos de la zona. Tomada del museo de arquitectura al aire libre
FOTO 2: Una foto tomada a hurtadillas del sento del que hablo. Se ve su banca de tatami, su báscula, su pulida y gastada madera, y desgraciadamente el Fuji esta tapado por las nubes de vapor...

¡Hay que ver qué bien te lo pasas! ;-)
Publicado por: Jesús | Noviembre 19, 2005 03:44 AM