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b&w arquitectura
El número de agosto de la revista inglesa "Black&White photography" aborda un tema tratado por "Casa Brutus" el mes pasado: Arquitectura y fotografía. Pero aún siendo el mismo tema, el enfoque es totalmente diferente por venir de una revista especializada en fotografía, a diferencia de "Casa Brutus" especializada en arquitectura.

El que todavía haya revistas monográficas sobre fotografía en blanco y negro es sintomático de que a este disciplina todavía le queda un prometedor futuro, y que es pronto para enterrarla viva como quieren algunos. A día de hoy, y pese a los avances tecnológicos, la conversión a blanco y negro de Photoshop es bastante deficiente a la hora de captar toda la gama de grises, y más importante aún: Pese a los esfuerzos de Epson, la gama y calidad de los papeles fotográficos está a años luz del papel usado para impresión a tinta.
Sin la pedantería de su homóloga norteamericana, "B&W magazine" ofrece información para el fotógrafo profesional, y consejos para el fotógrafo amateur, verdadero sostén comercial de esta industria. La sección "Monochrome Workshop", en donde un fotógrafo profesional acompaña a tres amateurs para fotografiar una misma localización, y posteriormente comentar las fotografías es impagable, y te das cuenta de la separación en cuanto a técnica y composición de algunos profesionales. Pero hay más. En la sección "Darkroom Technique" se confronta un negativo revelado por un fotógrafo profesional, con el mismo negativo pero revelado por un experto técnico de laboratorio, que muestra que todo el mundo siempre tiene algo que aprender y mejorar; y que la fotografía, como muchas disciplinas de base técnica, requiere de un proceso de formación continua.
Pero volviendo al tema central de la arquitectura, tras el correspondiente artículo-homenaje de rigor al matrimonio Becher, hay una interesante conversación con Hélène Binet, fotógrafa habitual de arquitectos como Daniel Libeskind, Peter Zumthor o Zaha Hadid entre otros. Binet en su aproximación al edificio, descarta la idea de presentarlo en su totalidad, ya que la experiencia de contemplación volumétrica y su impacto en el paisaje, es para ella sólo abarcable de forma presencial. Por tanto, lo que intenta es el más difícil todavía: captar la esencia del edificio por medio de los detalles o los juegos de contraoscuros hallados en los rincones, como si de una abstracta composición espacial se tratase. Pero sobretodo, fotografiar un edificio es una experiencia lenta. Al igual que un ciego al leer braille va captando las perforaciones y pequeños volúmenes de un papel, el fotógrafo tiene que ir palpando las formas del edificio y la luz que las moldea. Un proceso donde inusualmente el fotógrafo puede invertir tiempo en la composición de la imágen. De ahí que Binet siempre trabaje con una pesada cámara de gran formato, y por supuesto con blanco y negro, en un proceso que dura unos cuatro días y en donde tras la imprescindible charla con el arquitecto, afronta un periodo de actividad dividido entre el tiempo dedicado a la fotografía y al revelado.
El revelado es una parte esencial del proceso fotográfico. Si consideramos que en un fotgrafía el 50% corresponde a la imagen en si (composición, momento, fuerza de la imagen, etc) el otro 50% se reparte entre el revelado del negativo y el revelado en papel, aspecto bien considerado por esta revista, que siempre incluye en cada fotografía información sobre el proceso. Pero la otra cuestión es ¿por qué una cámara de gran formato? Descartando aspectos sentimentales y de definición, la respuesta tiene que ver con un aspecto técnico conocido como "converger verticales". Con una cámara normal, converger verticales y capturar al edificio entero es una ardua tarea, básicamente porque cuando tienes las verticales te das cuenta de que no cubres toda la área del edificio, por lo que tienes que mover la cámara hasta una posición más alejada perdiendo las verticales. Una cámara de gran formato no tiene ese problema, ya que puedes mover la lente y converger verticales, sin necesidad de mover la cámara. Pero hay una solución para los que prefieran el formato de 35mm: lentes TS. Estas lentes tienen dos diferencias principales respecto a las normales: cubren un area mayor que el negativo, y se puede mover el plano de la lente, por lo que los problemas de convergencia de verticales quedan resueltos, además de permitir efectos bastante interesantes. El problema es el prohibitivo precio de alguna de estas lentes, que en ocasiones incluso sale más barato comprar una vieja cámara de gran formato.

Pero la técnica no debe condicionar la experiencia sensible de tomar una fotografía. Y es que como dice Binet, no hay que racionalizar la fotografía pensando en la composición, sino que hay que dejar a la experiencia que se encargue de ese aspecto, experiencia por otro lado pulida por las limitaciones de la fotografía tradicional. Y es que al igual que ella, yo también soy de los que piensa que de poco vale producir y producir sin pensar ni planear como pasa con la fotografía digital, aspecto que ella resume con la siguiente frase:
"Tener una limitación estimula mucho más que tener infinitas posibilidades"
FOTO 1: Bicicleta en Shibuya, 2005 - Jorge Larrañaga. Kodak 100TMX revelado con microfine e impreso en Ilford Multigrade IV RC perla.
FOTO 2: Untitled, 1996 (interior II). [Peter Zumthor, Saint Benedict’s Chapel, Sumvitg, Switzerland] - Hélène Binet. Silver gelatin print.

Publicado por: live | Marzo 13, 2008 10:35 AM