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organic cafe

Fue en el verano del 2001. Gracias a una beca de intercambio disfruté de mi segunda estancia en Tokio, y de un minúsculo apartamento en Meguro. Muchas veces, el depender del último tren te quitaba de tomar la penúltima, algo especialmente doloroso si era una excepcional refrescante noche de verano, y no había ánimo como para alternar hasta primeras horas de la mañana. Se hacía necesario el buscar un sitio cercano donde poder apurar una última copa sin la urgencia de no poder volver a casa.

La respuesta vino gracias a la revista "Metropolis". Una reseña de un café en Nakameguro nos dió la clave a unos quince minutos andando de casa.

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"Organic Cafe" es un local de moderna decrepitud al estilo de los cafés de Lavapiés. Con un toque afrancesado, quizás esta proximidad europea me haga sentirme como en casa en alguno de sus viejos sillones, o en sus psicodélicas sillas de plástico de otras épocas. Los grandes ventanales que dan al río Meguro no son un espectáculo suficiente como para pasar toda una tarde, ni siquiera los escasos transeúntes que pasan por enfrente del café. Sin embargo, algo te atrapa. Podría ser su expreso, alguna de las tartas, algún cocktail o incluso alguna de sus abundantes raciones de comida italo-francesa. O quizás una selección musical entre el chill-out y el jazz -según temporada-, siempre escogida con gran gusto. Aunque quizás no haya más explicación que la de ser uno de esos espacios que haces como tuyo. Lugares donde pasar deliciosas horas solo o en compañía, y que si no fuera por la lejanía, serías más que un ocasional visitante.

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Il messaggio dalla camera oscura

"Casa Brutus" nació con vocación de ser una revista de arquitectura con carácter divulgativo abierta a todos los públicos, aunque con el tiempo va pareciéndose más a la versión japonesa de "Wallpaper", donde los temas arquitectónico se pierden en una oleada de sugerencias fashion, viajes exóticos y gadgets imprescindibles para el urbanita más cool.

Sin embargo, de vez en cuando algún reportaje trasciende la frivolidad de las tendencias, como es el caso del número de julio de "Casa Brutus" que explora la íntima relación entre arte y arquitectura. Un tema que por otra parte me fascina. Y es que a fin de cuentas, ante la imposibilidad de viajar por todo el mundo visitando edificios singulares, son las fotografías la primera tarjeta de presentación de unos arquitectos que cada vez más se ven en la necesidad de mimar la presentación de sus proyectos. De esta necesidad comercial ha surgido la figura del fotógrafo especializado en arquitectura. Alguien que debe interpretar las líneas maestras del edificio, para captar la impronta que el arquitecto dejó en algún ángulo imposible de acero y hormigón.

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Arquitectura y fotografía es una especialdiad eminentemente eslava. Bernd y Hilla Becher fueron los pioneros en rescatar un tipo de fotografía que fue la crónica de las inmensas fábricas de principios del siglo XX. Desde su docencia en Düsseldorf, formaron a otros fotógrafos de igual gusto estético aunque diferente técnica: Thomas Ruff y Candida Höfer. Todos ellos perfectamente reseñados en este número, además de un repaso al famoso departamento de fotografía de lo que es hoy la "Die Kunstakademie Düsseldorf", de la mano de un estudiante japonés del centro.

En otra sección de la revista, fotógrafos especializados en arquitectura hablan sobre como fotografiar edificios. Obviando los discursos metáfisico-espirituales que se establencen entre almas y cementos por muchos de estos fotógrafos, me quedo con la parte más técnica. Todos los fotógrafos optan por el medio formato como la mejor opción, aunque me sorprende que tres de ellos utilicen una Mamiya 6, una cámara de visor que no ayuda mucho a captar con precisión los recovecos de muchos edificios. Sorprende también la forma de trabajo de Nakami Jun, fotógrafo japonés que utiliza desde cámaras de gran formato hasta la cámara del móvil. Un profesional siempre al servicio del cliente, que a través de las fotografías del móvil puede elegir en tiempo real el ángulo deseado. Pero de entre todos los fotógrafos entrevistados, Jean-Pierre Cousin con su vieja Canon F1 no duda en proclamar una verdad que hace tiempo yo también hice mía: los viejos objetivos canon FD son los mejores. Una manía como cualquier otra.

En el apartado bibliográfico, un repaso a los mejores libros de fotografía cuyo tema es la arquitectura, empezando por un libro de fotografías de 1927 de edificios de Le Corbusier -pionero en esto como en otras cosas-, llamado "L´architecture vivante" de la mano de P. Jeanneret. De entre los libros citados, me quedo con un viejo conocido, Naoya Hatakeyama, y con una notable ausencia: Ryuji Miyamoto, un fotógrafo recientemente galardonado con un premio de la Japan Arts Foundation, famoso por sus fotografías de decrépitos edificios en estado de demolición.

En definitiva, un número imprescindible.

El título del post corresponde a otro clásico. Un libro de fotografías de Carlo Mollino publicado en 1949.

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ginzART

Para muchos, Ginza es el barrio del lujo. La famosa milla de oro de Tokio, se reparte entre este barrio y los alrededores del famoso cruce Omotesando-Aoyama. Sin embargo, Ginza es también el glamour y el recuerdo de un barrio que nació a imagen y semejanza de algunos barrios europeos. El mármol, la piedra y demás acabados elitistas han preservado alguno de los edificios más antiguos y emblemáticos de Japón, que aún se conservan. Un vistazo a algunas de las fotografías y películas antiguas de Japón, y sólo la fisonomía de Ginza es visible entre la neblina de tonos sepia y grueso blanco y negro.

Cuando los escaparates de Ginza echan el cierre, comienza el mercado de la carne. Un mercando de exquisiteces, donde una cara bonita poco tiene que hacer si es incapaz de mantener una conversación inteligente con alguno de los adinerados empresarios o políticos que frecuentan estos exclusivos clubes de alterne.

Arte y sexo nunca habían estado tan cerca. Y es que la otra cara de Ginza, es la de meca del arte en Tokio. En sus calles, 114 galerías de arte luchan por conquistar el corazón de algún filantrópico mecenas. Perder la tarde en Ginza armado de un mapa y direcciones es una opción barata (todas las galerías son gratis) y recomendable para pulsar el arte japonés. El arte no se encuentra en bohemios barrios ni en destartaladas galerías. El arte se envuelve, se promociona y se presenta convenientemente socializado en lugares donde pueda ser comercializado. No es algo nuevo. En Madrid, la mayor concentración de galerías de arte se sitúa en la prolongación Barrio de Salamanca - Retiro. Zapatos de tacón y perfumes franceses establencen vínculos imaginarios entre cafés y galerías, mostrando la frivolídad de un comercio, el del arte, que en Ginza parece compartir locales y algo más con el de la "carne"...

Para no perderse, TOKYO ART BEAT es la mejor herramienta para estar al día sobre galerías y eventos. Un increíble site cuyo formato debería ser exportado a otras ciudades.

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kobe 95/05

Un particular homenaje de Camper a la tragedia, o un guiño de afecto entre España y Japón en forma de zapatos.

El pie izquierdo pintado por un niño en el 2005 y el derecho en 1995, año del terremoto de Kobe. Una década para reconstruir.

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FOTO 1: Aparecido en la revista "Pen", No. 153, Junio 2005
FOTO 2: "Nagata-ku" de Ryuji Miyamoto, 1995

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shibuya

Hasta hace unos años, Shibuya era el barrio de Tokio paradigma de la juventud, la moda, y escaparate de numerosas brechas generacionales. En sus calles, tiendas de ropa, karaokes, bares, discotecas y un sinfín de ofertas de ocio tomadas por los más jóvenes japoneses y sus depredadores... Shibuya, con sus grandes pantallas de televisión, iluminación caótica y jóvenes "modernos", era el escenario favorito de los periodistas extranjeros, que tras un paseo por el barrio concluían categóricamente el cambio de la sociedad japonesa, la búsqueda de la individualidad, y más tópicos rotos por otro superficial tópico más.

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A día de hoy, Shibuya afronta un nuevo cambio pero no generacional. En sus calles, los restos de modas pasadas permanecen como una atracción más de una barrio tomado por los extranjeros. El cambio no es nuevo. Poco a poco, clubes de Roppongi se instalan en Shibuya, intentando crear un nuevo gueto en una zona frecuentada obligatoriamente por la comunidad internacional. En la inmensidad de Tokio, Shibuya es un pueblo donde puedes encontrarte a ese amigo de la infancia, o ir saludando a compatriotas como si de un tiovivo se tratase.

Shibuya es una encrucijada, que ocupa el centro del corazón más "fashion" de Tokio. Por un lado, Harajuku y Aoyama, escaparate de tendencias; al otro, Daikanyama y Naka-meguro, zonas refinadas donde la moda alternativa es consumida por gente con posibles; y Shimokitazawa, la opción barata y alternativa, verdadera cocina de tendencias donde se preparan los platos que se servirán en Harajuku primero, y que tras un barniz comercial se comercializarán en Daikanyama después. En medio, un barrio que no es más que un enorme kilómetro cero, en busca de una identidad por encima de vaivenes sociales.

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