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lugares comunes

1. Hojeando "Ginza", una famosa revista de moda con estilo, dirigida al segmento de mujeres de más de 25 años que hace poco estrenaba su equivalente para hombres, me topo con un curioso reportaje de moda en un blanco y negro sucio, algo totalmente inusual en este tipo de publicaciones. Cuando leí que el fotógrafo era Moriyama Daido no me sorprendí. A fin de cuentas era su estilo. Hacer intrascendentes reportajes de moda para comer dejando tu propio estilo es algo digno.

Moriyama Daido

2. "Commercial Photo" es una cara revista dirigida a profesionales que como su nombre indica va sobre fotografía comercial. El número de Junio presenta un extenso reportaje sobre los 100 mejores fotógrafos japoneses comerciales del año, incluyendo sus páginas web, portafolios, email de contacto e incluso números de teléfono. Curiosamente son los mejores porque sus fotos tienen un estilo personal. No se dedican a la típica fotografía limpia, de colores perfectos e impecables. Sino que apuestan por innovar, intentando que la foto sea el reclamo principal de la campaña, quitando protagonismo al diseñador gráfico. El problema reside en que estos 100 fotógrafos son 100 excepciones dentro del panorama de la fotografía comercial, donde habitualmente tienen que plegarse a las exigencias del publicista, estilista o cliente de turno.

jorge larrañaga

3. Sobre fotografía comercial también gira la exposición en "House of Shiseido", la galería de esta famosa marca de cosmética, que presenta una colección sobre Guido Mocafico, fotógrafo autor de la última campaña de cosmétcia para hombre. Y aprovechando el éxito de estas perturbadoras fotografías, una retrospectiva sobre la línea para hombre de Shiseido desde sus comienzos hasta la actualidad. Interesante la campaña "educativa" para mostrar que un hombre no pierde masculinidad por usar una crema facial, con eslóganes tipo "Que bien haber nacido hombre" (男に生まれて、よかった)

4. Volviendo al principio. Me sorprendió el descubrir que una de las fotos de Moriyama es en un cercano puente de donde vivo. Un lugar particular situado a bastante altura, sobre una encrucijada de vías de tren y carreteras a nivel, que crea un inusual espacio abierto en una densa ciudad como Tokio. Un lugar que me gusta frecuentar cáma al hombro, y que parece que no soy al único que le inspira para hacer fotografías. Se habla sobre los seis grados de separación de las relaciones humanas. Me pregunto si se podría establecer la misma homología de eslabones kármicos respecto a lugares comúnes...

jorge larrañaga

FOTO 1: De la serie "Hysteric Glamour" de Moriyama Daido para "Ginza".
FOTO 2: Misma pose, mismo puente, distinto ángulo.
FOTO 3: La encrucijada en cuestión, cerca de Ikebukuro.

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American Japan Graffiti

Pocas metróplis pueden enorgullecerse de mostrar una imagen tan limpia como Tokio, o en otras palabras, ¿cómo es posible que en una capital el arte urbano brille por su ausencia?. Se podría argumentar sobre la contribución de los graffiti y "takeos" a la suciedad visual de la ciudad, pero en una ciudad hipersaturada de publicidad, el ver alguna pieza de arte espontáneo por la calle es un alivio y un respiro en la selva mediática en la que nos movemos cada día.

graffiti2.jpg

Aunque el boom del hip-hop ha traído una explosión del graffiti, la explosión se limita a zonas limítrofes de clubes y tiendas de música, con una mayoría de piezas de ínfima calidad propias de wannabes con alma de Bronx. Explorar la ciudad en busca de una buena pieza es tarea difícil sino imposible. Puentes y vallas cercanas a las vías del tren son buenos emplazamientos, al igual que viejas casas abandonadas donde el graffiti tiene fecha de defunción por derribo. Ver un vagón pintado por dentro o por fuera es simplemente inimaginable. E inconcebible también sería ver alguna muesca de "vandalismo" en alguno de los pulcros trenes japoneses.

Este tipo de expresión artística no encuentra hueco en las reglamentadas ciudades japonesas, a pesar del esfuerzo de algunos artistas que tienen que emigrar (a los Estados Unidos principalmente) o incorporarse al sistema como meros ilustradores bien retribuidos. En este desierto de acrilíco, dos excepciones: una moribunda y la otra fallecida.

graffiti1.jpg

El cadáver es el de "Drawamok", pionera revista japonesa sobre graffiti que dejo de existir hará un par de años. Cada número era una pequeña obra de arte : ediciones limitadas con número de serie y encuadernadas a mano. En sus páginas una mezcla de arte local y extranjero, junto con ilustraciones y fotografías de gente involucrada en alguna actividad urbana en sintonía, tipo skate, breakdance, etc...

Y moribunda es la revista "Kaze Magazine", diez números de irregular publicación desde 1999, y un contenido donde de nuevo la falta de piezas de calidad en Japón, lleva a meter relleno de otras ciudades, o a incluso editar números especiales fruto de un fecundo viaje a California.

Triste panorama para esta ignorada disciplina, en donde muchos de los stickers y stencils más interesantes con los que me he topado, han resultado pertenecer a artistas extranjeros de visita por Japón...

FOTO 1: El último sticker de moda que ha inundado Shibuya
FOTO 1: Redecora el capitalismo. Una máquina de Coca-cola convertida en lienzo

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festival de mayo

Otro año más este fin de semana es el festival de la Universidad, también llamado "Gogatsusai" (五月祭). Lo de los festivales es toda una tradición en los campus japoneses, y si bien hay universidades con hasta dos festivales por año, la Universidad de Tokio como en muchas otras cosas, es una excepción. Sólo un festival y a finales de mayo, cuando lo habitual es que este tipo de eventos se celebren al inicio o al final del curso escolar.

El festival es como una gran verbena en la que muchos estudiantes toman parte, ya sea a través de clubes o asociaciones, o bien simplemente como espectadores de alguno de los conciertos o actividades que se desarrollan durante estos dos días.

Si otros años siempre he vivido el festival "tras la barrera", contagiado por la apatía que demuestran mis compañeros de laboratorio por este tipo de ociosos eventos, esta vez ha sido diferente. El hacerme miembro del club de fotografía de la universidad fue todo un acierto, y no sólo por el hecho de tener acceso a una ampliadora en condiciones, sino por poder sentirme un poco más arropado e inmerso en el ambiente universitario. He conocido a otros estudiantes a través de este club, que me han demostrado que los insulsos estudiantes de mi laboratorio son sólo los prototípicos estudiantes "todai", pero que por supuesto también hay gente normal.

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Nuestra aportación al festival será una exposición fotográfica (como no podía ser menos), que hemos montado en el hall de la Facultad de Económicas. Ha sido una tarde de cargar con andamios, montar paneles y estructuras, para finalmente colocar las fotos preparadas y reveladas con mimo en el saturado cuarto oscuro de estas últimas semanas. El resultado: Una heterogéna colección de estilos y técnicas en unas fotos que sin ser excepcionales, son interesantes e incluso románticas por el hecho de que una panda de locos en plena era digital, sigamos agarrandonos a nuestras viejas réflex, ácidos olores, y horas perdidas en la rojiza oscuridad de un pequeño cuarto apenas ventilado, sólo por intentar plasmar en papel un momento de belleza robado a la realidad.

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haneda

Hay lugares de tránsito que aún haciendo uso de ellos, nunca nos paramos a observarlos. De entre estos funcionales lugares, los aeropuertos siempre me han fascinado. Ver los aviones despegar puede ser un pasatiempo de niños, y si en los primeros pasos de la aviación ir al aeropuerto era un divertimento familiar comparable al circo, hoy en día la normalidad de un vuelo en avión ha acabado con su glamour, conviertiéndolos en meras estaciones de carga y descarga de pasajeros. Aunque renombrados arquitectos se afanen en crear diáfanos y luminosos aeropuertos para hacer más llevadero el tránsito, lo cierto es que todos parecen seguir un mismo molde de acero, hormigón y pulidos cristales. Incluso todos parecen comportar la misma sonoridad: una mezcla de música de ascensor, algarabía de babel, y metálicos avisos en inglés.

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Recuerdo haber fantaseado alguna madrugada madrileña después de una noche de marcha, con tomar un "glamuroso" desayuno en alguna marmólea cafetería de Barajas. Una fantasía realizable por la cercanía del aeropuerto, y sobretodo una ocasión de pasear tranquilamente por un lugar sin ningún tipo de estrés pre o post viaje. En cierta forma, captar la atención del visitante ocasional es algo que persiguen muchos aeropuertos. Entre ellos, el recién inagurado de CENTRAIR en la prefectura de Aichi, con motivo de la Exposición Universal. Aunque su inaguración trajo algunos quebraderos de cabeza políticos, por la decisión de cambiar el nombre de la zona (Tokoname, famosa por su cerámica) por el de Centrair, finalmente se inaguró sin problemas y con beneficios al costar su construcción menos de lo presupuestado inicialmente, gracias a que se aplicó el método de producción Toyota por primera vez fuera de una línea de montaje. A la habitual oferta comercial y hostelera de los aeropuertos y terminales de nueva planta, se añade el que es el primer baño público (sento) instalado en un aeropuerto japonés. Con vistas a la pista de aterrizaje, hace las delicias de pasajeros de paso y turistas que quieren disfrutar un baño caliente ante tal inusual paisaje.

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Aunque sin tantos alicientes, hacía tiempo que quería visitar el aeropuerto de Haneda en Tokio. Situado a escasos treinta minutos del centro urbano, Haneda es utilizado para vuelos domésticos salvo algunos vuelos para Corea. La excusa para visitar Haneda podría haber sido el ver la nueva terminal inagurada a primeros de año, aunque su cercanía al mar y el anhelo antes mencionado, me llevó a hacer un pequeño picnic por los alrededores.

Fue una agradable excursión donde pude disfrutar de amplias zonas verdes casi vacías, y del contacto con el cercano y a la vez tan lejano mar, que apenas se hace notar en la cotidianidad de Tokio. Cuando tras un largo paseo por fin llegué a la nueva terminal, comprobé como en realidad es un gran centro comercial adosado a una pista de aterrizaje, donde no sólo viajeros sino también domingueros, aprovechan su tiempo libre para pasear, comprar y ver como despegan los aviones en una pista paralela al horizonte, que en su contemplación invita a perderse en la lína del océano mientras se piensa en exóticos viajes...

FOTO 1: Aeropuero de Incheon en Corea. A veces merece la pena llevarse la cámara en el equipaje de mano.
FOTO 2: Atardecer en Haneda.

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gatos

En otras latitudes perros y gatos campan a sus anchas por calles y avenidas, adaptándose al espacio vital que los hombres les ceden en unos espacios urbanos, que poco tiene que ver con los lugares donde habitaron sus silvestres antepasados. Sin embargo, en Tokio los perros han desaparecido del paisaje urbano, y son los gatos y los cuervos los únicos carroñeros que se disputan los espacios públicos con los hombres. Los perros son todavía una rareza, y verdadera clase noble en la jerarquía de las mascotas. Un paraíso si pensamos que en algunos países vecinos, estos cánidos corren una suerte diferente.

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Los gatos están muy presentes en la imaginería popular japonesa. Son muchos los ejemplos de gatos convertidos en iconos, y muchos los libros que han seguido el deambular de estos felinos por ciudades que no tienen secretos para ellos. Un fotógrafo japonés, quizá identificado con la vida de estos solitarios animales, ha aprovechado sus paseos por Tokio y alrededores para documentar su vida, en un interesante estudio "etnográfico" ordenado por barrios.

Un excelente documento para saber a que se dedican tus vecinos...

FOTO: Mi particular contribución al "censo". Un gato en kabuki-cho, Shinjuku-ku.

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psionic distortion


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