blog logo

« leer+beber=280¥ | Inicio | DOJUNKAI »

Naoya Hatakeyama

Me encantan las fábricas. Son edificios puramente funcionales, que no entienden de diseño ni de criterios estéticos. Se construyeron para un fin concreto, y con eso basta. Son imponentes edificaciones de hierro y hormigón de formas extrañas, y a veces, incluso surcados por enormes tuberías a modo de arterias, que hacen más visibles unas entrañas que nadie se ocupo de cubrir. Edificios grises sólo adornados con una pátina de suciedad que les hace incluso más hermosos.

Y por supuesto, me encantan las fotos de fábricas. Quizás Charles Sheeler y Paul Strand, hayan sido los mejores fotógrafos de fábricas, allá a principios del siglo XX, en plena efervescencia industrial, supieron captar la belleza de unas construcciones que hasta entonces nadie se había molestado en fotografiar.

Mi última adquisición ha sido un libro del fotógrafo japonés Naoya Hatakeyama, que ha sabido fotografiar con gran belleza y a todo color, fábricas por todo Japón. Realmente, hasta que no ví las fotos de Hatakeyama, pensaba que sólo en blanco y negro podía mostrarse la belleza de estos edificios. Me equivoqué. Los suaves colores desteñidos por el tiempo contrastan a la perfección con los tonos ocres del metal oxidado.

Pero aparte de sus fotografías de fábricas y prospecciones mineras (serie Limeworks), o de sus inquietantes fotos nocturnas en blanco y negro de alguno de los edificios colmena de los suburbios japoneses (serie Maquettes/light), Hatakeyama es capaz de captar el aliento de una ciudad en continuo cambio como es Tokio (serie Untitled 1989-2001), iluminar las oscuras profundidades de los canales que se encuentran bajo el barrio de Shibuya (serie underground), o captar la disperisón de la luz producida por gotas condensadas en un cristal de un coche (serie Slow Glass).

glass.jpg 畠山直哉 Naoya Hatakeyama

Comentarios

Publicar un comentario