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Uno menos

Siguiendo con mi investigación sobre los edificios Dojunkai, aproveché el tiempo de la comida de hoy para comprobar si todavía permanecia en pie uno de estos edificios, situado a dos paradas de metro de mi universidad.

Se trataba del edificio llamado Otsukajoshi Apartment 同潤会大塚女子アパートメント, terminado en 1930 como pisos de protección oficial para mujeres trabajadoras, se caracterizaba por su forma en U que albergaba un patio interior.

Sin embargo, llegué tarde. Ya estaba demolido, y tras las vallas blancas una lona azul cubría las ruinas del edificio. Una pena. Me enteré luego que por lo visto un grupo de gente, resignado ante la inminente demolición y viendo que se había precintado, intentó que fuese abierto al público para poder visitarlo antes del derribo, para lo que reunió firmas y escribió cartas al Gobernador de Tokio, el famoso Shintaro Ishihara. Hicieron hasta una página web que navega a la deriva desde el año pasado.

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Por lo que según mis cálculos, quedan sólo cuatro. Si, no me he equivocado respecto al post anterior. He descubierto uno nuevo. El llamado Toranomon Apartment 同潤会虎ノ門アパートメント que construido en 1929, tuvo una suerte diferente al resto de edificios de este grupo. Construido al igual que los demás como edificio de apartamentos, en 1950 se convirtió en las oficinas centrales de la Toyo Kohan Co. Ltd., empresa que lo remodeló en 1984. Poco queda del edificio original, ya que la fachada fue cubierta por planchas de acero. Sin embargo, el hall de entrada y una curiosa escalera central en espiral, además de muchos de los elementos de ornamentación interior, siguen siendo los originales. De hecho, creo que este será el edificio que sobreviva a los demás, ya que un reciente informe gubernamental apunta que gracias a la solidez del edificio, todavía le quedan un par de décadas.

Asi que además de este último, sólo me queda otro por visitar, el más grande de todos los edificios Dojunkai con 5729 metros cuadrados útiles, el llamado Kiyosunadori Apartment (同潤会清砂通アパートメント).

Ya veremos que me encuentro.

FOTO: "Zona cero" tras la demolición. Otro vacío en el espacio-tiempo de nuestra memoria histórica.

EPÍLOGO

Realmente, a ojos del europeo medio los edificios Dojunkai no son más que anodinos edificios encontrados por miles en el centro o en el extrarradio de cualquier ciudad. Y es cierto.

Sin embargo, estos edificios hay que apreciarlos en su contexto, que no es ni más ni menos que Tokio, una ciudad en continuo cambio donde la vida media de los edificios no suele sobrepasar los 20 años. Naoya Hatakeyama, fotógrafo del que ya he hablado aquí, hizo el experimento de fotografiar amplias perspectivas de Tokio en un intervalo de 12 años, para después mostrar la evolución. Y hay veces que cuesta reconocer la misma ciudad en la misma foto, una década después. Por lo tanto, los edificios Dojunkai son excepciones que han sobrevivido en el frenesí urbanístico de una ciudad que renació dos veces de sus cenizas: Tras el gran terremoto de Kanto, y tras los intensos bombardeos durante la II Guerra Mundial.

Pero los Dojunkai no son sólo monumentos del pasado, sino verdaderos ejemplos arquitectónicos cuyos diseños aún perduran. Un paseo por cualquier barrio de extrarradio de Japón, y en seguida localizaremos algún gran edifico de hormigón, con muchos de los detalles arquitéctonicos de los primigenios Dojunkai. Incluso muchos de los arquitectos japoneses, en su momento lucharon contra la uniformidad impuesta por este diseño a la hora de construir apartamentos. Sin embargo, los edificios Dojunkai no son moldes calcados, sino únicas piezas diseñadas para adaptarse a su entorno. Así, aunque diferentes unos de otros, todos guardan esa extraña y deseada cualidad, que no es otra que la de poder reconocer la mano del mismo diseñador.

No es por hacer ningún manifiesto, pero estos edificios son parte de nuestra memoria colectiva. Hablando de la mía, yo ya perdí un trocito cuando en su momento derribaron "La pagoda", el magnífico edificio de Miguel Fisac en Madrid, y cuando derribaron los apartamentos de Aoyama. Espero no quedarme desmemoriado.


+información
Para profundizar más, recomiendo un libro de fotos bilingue japonés-inglés sobre estos famosos edificios:

"Design of Doujunkai". Ed. United Design, Inc.

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Kinugawaonsen

Aprovechando que he actualizado la sección de fotos, contaré como fue el viaje que hice durante las vacaciones de la Golden Week a la provincia de Tochigi, al noroeste de Japón.

Entre varios amigos alquilamos un coche, y tras dos horas y media de tráfico denso pero fluido, llegamos a Kinugawaonsen. Es un pueblo bastante famoso en Japón, por la cantidad de onsen (baños termales) que hay. Aunque bueno, el nombre del pueblo ya lo dice. Es por tanto un destino bastante turístico, que aunque ha perdido parte de su encanto rural, todavía es posible ver algunos antiguos onsen y ryokan (hotel tradicional). Desde lejos la perspectiva del pueblo es preciosa, ya que se halla en un valle formado entre dos colinas, y a las riberas del río Kinugawa.

Nuestra primera parada fue una excursión precisamente por el río, en una especie de rafting a la japonesa. En unas grandes barcazas de madera hicimos un recorrido de unos 30 minutos, en el que la atracción principal aparte de los rápidos, fue ver rocas con formas de animales, caras, etc...

Tras un pequeño tentempie, en el que comimos unos pescaditos a la brasa, fuimos a una de las colinas que marcan los límites de Kinugawaonsen, en concreto a una llamada Maruyama, popularmente conocida como Sarunoyama, o montaña de los monos.

Tras llegar a la cima en un viejo teleférico, descubrimos que en una inmensa jaula había decenas de monos haciendo el... pues eso, un perfecto reclamo turístico, ya que incluso podías alimentarlos. En la cima había también un pequeño santurario shintoista envuelto en una suave neblina, de una belleza casi mágica... siempre que llevases taponados los oídos. Y es que altavoces situados por toda la cima escupían a todo volúmen los últimos éxitos J-POP para amenizar el ambiente. Poco recogimiento para los pobres fieles que frecuentasen este pequeño pero precioso santuario.

Tras la visita, hicimos nuestra particular merendola donde por supuesto no faltó tortilla española ni leche frita, a parte de otras ricas viandas locales. Hacía tiempo que no hacía una comida en plena naturaleza. Y es que de nuevo comprobé que la comida en la montaña es donde mejor sabe. ¡Cuanto eché de menos ese fuet!

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Tras la comida, fuimos al único onsen que encontramos en el que era permitido bañarse hombres y mujeres juntos. Al lado del río se situaba este onsen "de pueblo", que no tenía ningún tipo de comodidad, ni siquiera duchas. Había una zona de hombres y otra de mujeres, siendo la zona de hombres mixta. Nuestras acompañantes femeninas al principio le echaron valor, pero cuando vieron que el vestuario masculino estaba a la intemperie, cobijado en una pequeña gruta, y que la gente que paseaba al otro lado del río pdía verte, desistieron y se retiraron al más recogido onsen femenino.

Asi nos quedamos los hombres, desnudos y sin compañía femenina, salvo por las mujeres que paseando al otro lado del río, de vez en cuando nos miraban. Y bueno, en el tiempo que estuvimos, una mujer de unos 50 años también vino a bañarse con los hombres sin ningún tipo de complejo. Que nadie se escandalice, todo fue muy natural, que la gente de aquí está acostumbrada a bañarse desnuda.

FOTO: Fotografiando el santuario cual fotógrafo del National Geographic.

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DOJUNKAI

El que derribasen mi edificio favorito de Tokio fue un trauma del que todavía no me he repuesto. Pero una vez que me recuperé del del shock inicial, me puse a investigar sobre el tema.

La verdad es que la investigación me da para todo un artículo, asi que aquí sólo lo contaré por encima.

Resulta que los arquitectos que diseñaron los apartamentos de Aoyama, formaban parte de un grupo conocido como Dojunkai, una división creada por el gobierno japonés en 1924, para que aplicase nuevas técnicas de construcción que pudiesen resistir los efectos producidos por el reciente gran terremoto de Kanto. El grupo estaba dirigido por el arquitecto Uchida Yoshikazu, rector de la Universidad de Tokio y diseñador del famoso edificio del reloj del campus de Hongo, y Sano Toshikata, sismólogo también perteneciente a la misma universidad. Entre los dos, diseñaron y construyeron por primera vez en Japón edificios de apartamentos resistentes a terremotos y a incendios, a parte de otra serie de innovaciones. Por ejemplo, por vez primera el espacio interior del edificio lo dividieron en viviendas familiares y estudios, además de crear un concepto de socialización añadiendo siempre zonas comunes como parques, baños públicos o sala de reuniones vecinal. Toda una revolución para la época, que además estuvo al alcance de la gente corriente, ya que sirvió para alojar a muchos de los más afectados por el terremoto de Kanto.

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Las nuevas técnicas de construcción que desarrollaron se extendieron para construir edificios por todo Japón, y no sólo en las devastadas areas de Tokio y Yokohama. Se calcula que en total se construyeron unos 12.000 edificios en todo Japón siguiendo las directrices marcadas por este grupo, hasta que se disolvio en 1934. Y lo triste es que a día de hoy, apenas queda ni rastro de estos ya edificios históricos.

Según mis investigaciones previas y en base a la documentación que encontré, logré estimar que el número de edificios en la zona de Kanto que quizás todavía siguen en pie son cuatro, y todos en Tokio.

Hoy que no tenía muchos trabajo me fui a media mañana del laboratorio para ir a la búsqueda de dos de estos edificios. Todo un éxito. Logré visitar dos edificios bastante cercanos situados en el area de Ueno, y terminados casi simultáneamente, entre 1928-29:


同潤会上野下アパートメント (Dojunkai Uenoshita Apartments)

同潤会三ノ輪アパートメント (Dojunkai Minowa Apartments)

Fue un momento mágico, doblar una esquina y encontrarme con una réplica de los demolidos Aoyama Apartments. Y es que sobretodo los de Uenoshita, se conservan perfectamente y mantienen todavía una imponente presencia frente a los feos y modernos edificios de oficinas de su alrededor. Todavía vive gente en estos edificios, abueletes que se resisten a abandonar su hogar de siempre. Aunque cuando estos últimos inquilinos se muden no habrá nada que hacer, y también serán convertidos en ruinas y sustituidos por modernos edificios prefabricados. Es la política de efectividad japonesa. Descubrí que hace unos años un grupo de entusiastas okuparon uno de estos viejos edificios, y por un tiempo lograron darle una nueva vida montando exposiciones, conciertos, charlas, videoforum, etc. Aunque al final fueron desalojados y el edificio demolido.

Hoy hice un más que notable trabajo fotográfico, y tiré más de dos carretes a los dos edificios, con el único fin de preservar al menos su recuerdo. Ya veremos que tal sale este reportaje fotográfico, aunque espero poder poner pronto en el diario las fotos que hice con la cámara digital.

Y próximamente, iré a la caza de los otros dos edificios que me faltan por comprobar. Aunque mi "sentido Indiana Jones" me dice que la próxima vez no voy a tener tanta suerte.

Seguiremos informando.

FOTO 1: Uchida Yoshikazu, uno de los cerebros.

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Naoya Hatakeyama

Me encantan las fábricas. Son edificios puramente funcionales, que no entienden de diseño ni de criterios estéticos. Se construyeron para un fin concreto, y con eso basta. Son imponentes edificaciones de hierro y hormigón de formas extrañas, y a veces, incluso surcados por enormes tuberías a modo de arterias, que hacen más visibles unas entrañas que nadie se ocupo de cubrir. Edificios grises sólo adornados con una pátina de suciedad que les hace incluso más hermosos.

Y por supuesto, me encantan las fotos de fábricas. Quizás Charles Sheeler y Paul Strand, hayan sido los mejores fotógrafos de fábricas, allá a principios del siglo XX, en plena efervescencia industrial, supieron captar la belleza de unas construcciones que hasta entonces nadie se había molestado en fotografiar.

Mi última adquisición ha sido un libro del fotógrafo japonés Naoya Hatakeyama, que ha sabido fotografiar con gran belleza y a todo color, fábricas por todo Japón. Realmente, hasta que no ví las fotos de Hatakeyama, pensaba que sólo en blanco y negro podía mostrarse la belleza de estos edificios. Me equivoqué. Los suaves colores desteñidos por el tiempo contrastan a la perfección con los tonos ocres del metal oxidado.

Pero aparte de sus fotografías de fábricas y prospecciones mineras (serie Limeworks), o de sus inquietantes fotos nocturnas en blanco y negro de alguno de los edificios colmena de los suburbios japoneses (serie Maquettes/light), Hatakeyama es capaz de captar el aliento de una ciudad en continuo cambio como es Tokio (serie Untitled 1989-2001), iluminar las oscuras profundidades de los canales que se encuentran bajo el barrio de Shibuya (serie underground), o captar la disperisón de la luz producida por gotas condensadas en un cristal de un coche (serie Slow Glass).

glass.jpg 畠山直哉 Naoya Hatakeyama
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leer+beber=280¥

Un nuevo descubrimiento. En pleno Roppongi Hills, rodeado de hoteles cinco estrellas y tiendas de lujo como Chanel, Versace y compañía, se encuentra un pequeño remanso de paz, de olor café y papel recién impreso.

Se trata de una acertada asociación entre los Starbucks y la gran cadena de tiendas multimedia japonesas "Tsutaya". El lema es, compra un café y mientras te lo bebes puedes leer cualquiera libro o revista de la librería, o usar gratuitamente internet wireless.

Un auténtico chollo. Por ejemplo, puedes tomarte tu capuchino comodamente sentado, mientras ojeas el último número de EIGHT, una revista de fotografía (perdón, photojournalism) de precio prohibitivo (2500yenes, unos 18 euros).

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Son iniciativas como estas las que te hacen darte cuenta de la "cara amable" del capitalismo. No se cuanto durará este invento, aunque ojalá que prospere. Eso si, me temo que en España no funcionaría. Si los españolos utilizamos los Burger King como improvisadas oficinas, bibliotecas o salas de estudio, en una librería-café habría que hacer cola de dos horas por lo menos para poder sentarse.

Rebuscando en la librería, descubrí un improvisado homenaje a Ernesto Che Guevara. Que en una zona (Roppongi Hills) donde posiblemente se de el récord de mayor número de millonarios por metro cuadrado, haya una estantería enteramente dedicada a el Che, muestra hasta que punto un hombre y sus ideales han sido convertidos en un icono, del mismo valor simbólico que el logo de la Coca-cola.

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Y es que la famosa foto de Alberto Díaz-Korda más todo el impacto mediático posterior, ha provocado que por ejemplo mis amigos japoneses sepan que el Che es ese personaje tan famoso de las fotos, pero no sepan ni de donde es, ni que hizo, ni nada de nada.

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MOMA

Durante las vacaciones me acerqué a Roppongi Hills, una megacomplejo en el barrio de extranjeros de Tokio, formado por un feo rascacielos, dos torres de pisos de lujo, un estudio de televisión, varios centros comerciales adosados y unos multicines. Todo construido por un tal Minoru Mori, dueño de una constructura y de varias empresas, ególatra autoerigido en una versión japonesa de Rockefeller.

Para lavar la cara de este proyecto capitalista, y demostrar la filantropía cultural de estos nuevos ricos en la línea de la saga Rockefeller, entre tantas tiendas de lujo han añadido también un museo y una sala de exposiciones.

En el llamado "Mori Art Museum", ví una exposición bastante interesante, llamada "MoMA. Modern Means: Continuity and Change in Art, 1880 to the Present". Gracias a los fondos del prestigioso "Museum of Modern Art" de Nueva York (MoMA para los amigos), se ha podido montar esta exposición que indaga en las tendencias y préstamos entre el arte moderno y contemporáneo.

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La colección estaba dividida en 4 espacios: Primal, Reductive, Commonplace y Mutable, que hacían referencia al tema de inspiración de las distintas obras de arte. Realmente, todos los grandes tenían su hueco: Gaugin, GUimard, Munch, Matisse, Picasso, Kooning, Bacon, Schiele, Mondrian, Kandinsky, Klein, Lichtenstein, Warhol, Man Ray, Tanguy, Magritte, Miró... Y muchísimos más que me dejo. En suma, una exposición excelente para ver las tendencias que se han seguido durante el siglo pasado, no sólo en pintura, sino también en escultura, fotografía, videoarte y diseño de objetos de consumo como las sillas Frank Lloyd Wright entre otras.

Por poner un ejemplo útil, en la exposición observé la evolución de un Miró que jugando con lo mismos colores básicos de Piet Mondrain, dió un giro a la geometría de este último para fundirlo todo en una curva continua.

Lo único que puede achacarse a esta exposición es que la mayoría de las obras, aún pertenecientes a grandes artistas, son obras menores o de sus primeras épocas, por lo que la evolución que pretende mostrar la exposición está un tanto sesgada. El otro gran pero fue el poner una pantalla de metacrilato protegiendo uno de los famosos "azules" de Yves Klein. ¿Como apreciar el azul intenso del lienzo con el reflejo molesto del plástico?.

Y una ausencia en mi opinión importantísima: Daaaalí (leáse con acento del Ampurdá estilo "Els Joglars"). Siendo como es el centenario "Dalí", esta ausencia se hace doblemente incomprensible.

FOTO: Un grato y sorprendente descubrimiento. Edward Munch en "The Kiss IV" mostrando su desconocido lado romántico.

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Muerte de un miliciano

Al final pude cogerme unos días de vacaciones, y aproveché para hacer un pequeño viaje a la provincia de Tochigi, y también para reencontrarme con la cultura.

Una de las ventajas de vivir en una gran ciudad cosmopolita como Tokio, es la gran oferta cultural disponible. En el campo se vive muy bien, pero creo que en 6 meses me aburriría del contacto con la naturaleza, y me moriría por visitar un museo o una galería de arte.

Una de las exposiciones que visité, fue la Robert Capa en el Tokyo Metropolitan Museum of Photography, titulada "Robert Capa´s Unknow World. 50 years after his tragic dead". La exposición giraba en torno a las famosas fotografías tomadas por Capa durante la Guerra Civil española, complementada con algunas fotos de la Guerra de Indochina, de su breve estancia en Japón y de otras tomadas cuando cubría unas elecciones en Francia antes de ir a España.

Sobre las fotos de la Guerra Civil, simplemente fue una breve muestra de las fotos más representativas, que además ya tuve ocasión de verlas incluidas en la gran exhibición "Robert Capa: Cara a cara" del MNCARS. No voy a decir nada que no se haya escrito ya sobre estás increíbles fotografías de la cruda realidad republicana.

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Respecto a las demás, me llamaron mucho la atención las tomadas en Japón. Capa hizo escala antes de desplazarse a Indochina, donde finalmente moriría en acto de servicio. Durante las dos semanas que pasó en Japón, las autoridades japonesas le llevaron por los sitios más representativos de Tokio, Osaka , Kioto, Nara, etc, además de a una boda tradicional japonesa y a un par de festivales tradicionales. Parecía que en pleno periodo de posguerra, los japoneses querían mostrar al mundo la cara más amable de Japón, de la mano de un reputado fotógrafo. Dede luego, una gran estrategia turística, aunque las fotos no son gran cosa: típicas de viaje de placer, que por supuesto ocupan un lugar anecdótico en la obra de Capa. Sin embargo, lo mejor de esta parte fue las fotos que le hicieron a Capa los fotógrafos japoneses del periódico Mainichi Shinbun. Muestran a un Capa tomando fotos perfectamente trajeado, y con una pequeña cámara guardada en un estuche de cuero. Parecía más un turista de clase alta, que el aguerrido hombre que retrató algunos de los más sangrientos conflictos de nuestra historia reciente.

Otro mito roto por la cotidianidad.

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