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de viaje (II): Yokote matsuri

El motivo principal de mi escapada fue el Festival de Yokote. Me esperaba el típico festival japonés, lleno de gente hasta arriba y sin apenas espacio para disfrutar. Sin embargo, mi sorpresa fue encontrarme con un festival bastante íntimo en este pequeño pueblo, que puede ser disfrutado sin aglomeraciones, lo que me permitió echar un vistazo a ese Japón tradicional que todavía pervive.

La particularidad de esta celebración es la construcción de una especie de iglúes llamados kamakura, dentro de los cuales hay niños que te invitan a pasar al interior para ofrecerte mochi tostado, y amazake, una bebida dulce no alcohólica hecha de arroz fermentado.

La historia de este festival, como la mayoría de este tipo de festivales en Japón tiene raices religiosas shintoistas. Aunque la zona de Akita se caracteriza por las nevadas intensas, antiguamente el verano era bastante seco y no disponían de agua suficiente para el cultivo de arroz. En invierno, sobre los campos de arroz cubiertos de nieve, se construían unos pequeños monolitos de nieve, en los que se escribía una plegaria para que hubiese agua en verano, al tiempo que se encendía una vela en su interior y se hacía una pequeña ofrenda consistente en fruta principalmente.

Multitud de mini kamakuras encendidos

Para que los niños no estuviesen a la intemperie mientras los padres hacían la ofrenda, se construía esa especie de iglú grande para que los hijos esperasen dentro sin pasar frío. Al tiempo que se les dejaba al cargo de preparar los refrigerios para combatir el frío.

El festival fue toda una experiencia, primero por el frío que hacía (no paró de nevar), pero principalmente por la hospitalidad de la gente de Yokote. A cada momento te ofrecían bebidas calientes y te invitaban a entrar dentro de los iglúes.

Interior de un kamakura

Yokote estaba a unos 50 kilómetros de nuestro ryokan (hotel tradicional japonés), por lo que decidimos alquilar un coche para desplazarnos hasta allí. La carretera era totalmente blanca, aunque para esta gente no había la suficiente nieve todavía como para usar cadenas. Como mis acompañantes se asustaron un poco con la nieve, me tocó a mi conducir. Japón es como Inglaterra, se conduce por el lado izquierdo, por lo que a la dificultad de la nieve se añadía la de no estar familiarizado con el sentido de conducción. Sin embargo, pronto me hice con el coche, gracias a que en Japón todos los coches son autómaticos. Si hubiese sido manual, creo que lo hubiese pasado mal. Al final, fue toda una experiencia y no tuvimos ningún percance.

FOTO 1: Los mini kamakura con sus luces encendidas son un bonito espectáculo.

FOTO 2: Tostando mochi (pasta de arroz) en el interior de un kamakura.

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de viaje

Conseguí tomarme tres días de vacaciones, y aproveché para hacer una pequeña escapada a la provincia de Akita, un lugar enterrado por un grueso manto blanco pero que esconde tesoros como el festival de Yokote, o sus maravillosas aguas termales.

akita.jpg


Son muchas las cosas que tengo que contar, por lo que espero ir escribiendo poco a poco mis aventuras acompañadas de fotos, que ya es hora de inagurar la sección de fotos. Me dejaron una cámara Canon AV-1, y aproveché para hacer algunas fotos artísticas en blanco y negro, que espero que se dejen ver.

Y a modo de folletín televisivo, en próximos capítulos descubriremos como hice un curso rápido de conducción sobre nieve de forma autodidacta; mi reencuentro con los esquies después de un largo tiempo; un baño en aguas termales al aire libre bajo una ventisca de nieve... y mucho más.

No cambien de canal

FOTO: Coches enterrados. Una imagen habitual cada mañana en Akita.

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